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¿Por qué decidimos escolarizar a nuestro hijo?




Tras recibir varios mensajes con la pregunta que titula este post en mi inbox, decidí escribir y compartir, abriendo el corazón, el por qué mi compañero de vida y yo decidimos escolarizar a nuestro hijo.

Desde que nuestro crío comenzó a darnos señal de sus primeros aprendizajes, esos que son guiados por el instinto, es decir, desde que llegó a casa, comencé a cuestionarme profundamente el tipo de educación que le podría dar. Muy pronto, descubrí que deseaba hacer escuela en casa, y así, dar a mi hijo la bella libertad de aprender lo que su corazón fuera pidiendo, a su ritmo y a su tiempo. Pues bien, ahora con la decisión de escolarizarlo, el fin sigue siendo el mismo: que sea el corazón de Aldebarán el que lo guíe hacia cada aprendizaje, no importando el lugar.

Durante tres años y medio Aldebarán y yo estuvimos muy juntos, con su padre, en distintas "aventuras", como llamábamos a cada situación de nuestros días. Convivimos mucho y en profunda empatía y simpatía, tras decidir dejar de trabajar durante sus primeros meses y acompañarlo en su crecimiento, me dediqué a danzar al ritmo que danzan los papás de los bebés nacidos prematuros. Durante año y medio nuestro itinerario semanal contempló visitas a hospitales varios y a especialistas. Viví intensamente la díada que formamos desde su llegada al mundo, y así, sanando el vínculo de nuestra separación primaria (su estancia en UCIN y en el hospital por más de 50 días tras su nacimiento), me di a la experiencia de una maternidad informada, intensa y amorosa.

Luego de superar el peligro de los primeros dos años de los niños nacidos prematuros, todos comenzamos una nueva etapa, que incluyó emprender, dar estabilidad al hogar propio, integrarnos desde otro punto como familia, es decir, dejar de traer al presente la prematuridad de Aldebarán, y sí... finalmente, ¡viajar y viajar! Gracias al mei tai, logramos llevar a nuestro pequeño a todas partes: bancos, citas con los clientes, oficina, edificios gubernamentales, el aeropuerto, a sitios cercanos y lejanos, siempre unido a nosotros, siempre siendo parte de la agenda de trabajo de papá y mamá. Por supuesto, muchos nos alentaban a dejarlo en una estancia, a no llevarlo con los clientes por aquello de dar "una mala apariencia", pero integrando esos espejos, siempre decidimos  -y lo digo con una gran sonrisa, como en broma- que nuestro hijo era parte del "negocio familiar", y desde el punto de vista educacional, siempre supimos que no había mejor manera de conocer el mundo y aprender, que al lado de quienes lo trajeron a él.  

Cuando Aldebarán nació tuvo un derrame cerebral importante, y tras el mismo le diagnosticaron leucomalacia periventricular, que podía desarrollar una parálisis cerebral. Para nosotros fue muy importante disminuir el riesgo: estimularlo, cantarle, llevarlo con la especialista en intervención temprana, y sobre todo, hacernos cargo por completo y a tiempo completo de su cuidado y su educación. Hoy en día, nuestro hijo es un guerrero sano, con mucha energía y una inteligencia admirable. 

Pronto cumplió tres años de vida, y fue entonces que decidimos realizar actividades guiadas y darle ciclos con estructuras más estables, compramos varios libros en el tema del Unschooling, Pedagogía Waldorf y Homeschooling. Me dediqué entonces, a apoyarlo, a instruirlo de manera más activa, y todo fue maravilloso hasta que descubrí dos cosas: que mamá no siempre era la mejor compañera de juegos y aprendizaje de Aldebarán, y que Aldebarán no siempre era el mejor compañero de trabajo de mamá. 

La segunda mitad del año pasado fue transformadora para los tres. Con el paso del otoño comenzamos a mirar que nacían de cada uno nuevas inquietudes: Aldebarán pronto comenzó a extrañar más y más convivir y jugar con sus amigos y primos de la misma edad que él. Y yo comencé a mirar que el corazón deseaba darse un descanso de maternidad intensa, para comenzar a abrazar una maternidad que lograra tejerse en armonía con un compromiso personal, profesional y de pareja. Con la próxima mudanza - en todos los sentidos- venía la decisión de escolarizar a nuestro hijo.

He aquí entonces, que la razón por la cual decidimos escolarizar a Aldebarán ha sido muy personal, amorosa y llena de confianza. En el proceso, mi compañero y yo, hemos decidido confiar en otras personas para apoyarnos en el cuidado y guía de nuestro hijo; hemos decidido también que en cuanto veamos que la creatividad o fuego de nuestro crío se vean menguados o lastimados , o simplemente la vida nos lleve a otra manera de estar, revaloraremos nuestras opciones, y sobre todo, hemos decidido escolarizar a Aldebarán: pero la educación darla en casa, así él sabrá decidir, cuestionar, aceptar e integrar a su vida lo que considere necesario integrar.

Hoy fue su primer día de escuela, y cuando salió, nos miró sonriente y nos dijo que le había gustado mucho, que había hecho dos nuevos amigos y que deseaba regresar al otro día. Este ingreso a la escuela ha sido un verdadero ritual y lo hemos tomado todos como una gran iniciación, decidimos hacer de esta experiencia algo sagrado, algo que cierra y abre otro ciclo familiar: Aldebarán está comenzando a tomar nuevas estructuras y amistades fuera de casa, y una sabia voz interior me dice que todo ha sido perfecto, que ahora podemos organizarnos los tres en una manera distinta, confiando en la vida, integrando los espejos externos mientras pertenecemos a este maravilloso clan que se reúne por la tarde, para cerrar el día y compartir experiencias del mundo. 
















El bebé que no sabía que había nacido.... o ceder el poder.



La fotografía de un bebé nacido dentro de su saco amniótico intacto ha logrado un gran impacto en redes sociales. El obstetra que tomó y colgó la foto en su muro de Facebook tiene ahora una fanpage con más de 22,000 seguidores... también posee una página web y un grupo donde se ostentan las fotografías de sus "logros": partos y cesáreas electivas atendidas. Basta una lectura semiótica de las fotografías para entender lo que la sociedad "moderna" ostenta como milagros y encomia como "un trabajo admirable".

No quiero que se mal entienda este texto, mi postura no es en contra de una persona o personalidad, no me interesa entrar en ese debate y crítica fácil. Si el doctor ahora ofrece sus servicios en Facebook o tiene personas detrás que han sabido manejar la fotografía como un detonador mercadotécnico, es un asunto en el cual no quiero ahondar, y que sin embargo, refiero porque me lleva a la pregunta verdaderamente importante:





¿Dónde están las madres de los bebés?


El parto nos ha sido robado a las mujeres. Ahora quienes portan el nacimiento como un gran milagro SUYO son los obstetras, no las madres. Al buscar más información acerca de la famosa fotografía del bebé "que no sabía que había nacido" en ningún momento encontré datos de la madre, ella pasó de largo, nadie la felicitó, nadie supo su nombre, al menos no públicamente. Es que resulta que en esta sociedad es fácil borrar el nombre y el cuerpo de una persona -y sobre todo una mujer- para apropiarse de su experiencia de vida. Y nos parece ¡tan normal! Sin embargo, en casi todas las notas aparece el nombre del médico y datos de la página web en donde pueden contratarse sus servicios o sus datos en redes sociales.

He visto más de una treintena de fotografías de bebés nacidos en su saco amniótico, de partos atendidos por parteras; y son fotografías en las cuales se mira a la mamá siendo sujeto activo de su parto, no un objeto del cual se extrae un bebé. He escuchado las historias de mamás cuyo parto ha finalizado en el nacimiento del su bebé "dentro del saco", y es una maravillosa experiencia escucharlas y mirar la belleza de su creación. Muchos las hemos escuchado, y seguramente también hemos visto fotografías de bebés nacidos de esta manera, sin embargo, la fotografía que causa revuelo es aquella que denota "el milagro" de un obstetra, de un hombre. 

Pero no nos equivoquemos, los partos no son de los obstetras o del personal que lo atiende, los partos son nuestros: de las mujeres, de las madres.  

En esta sociedad "evolucionada" y "moderna" se aplaude la tecnología y la intervención como caminos para lograr que los acontecimientos sucedan con mayor rapidez. Como si se tratara de comida rápida, se ha dado paso a la preferencia de la producción en serie y de calidad mediana o baja... sucede esto también en el sector salud, cuyas altas en México son del 40% por cuestiones obstétricas. Es decir, en nuestro país 4 de cada 10 personas que son dadas de alta en un hospital público lo hacen por haberse atendido en cuestiones relativas al embarazo, parto y puerperio: es decir, son mujeres-madres. Sin embargo, es en esta atención obstétrica donde más se encuentran denuncias de violencia, en pocas palabras: a las mujeres nos borran el nombre, nos expropian el cuerpo, nos roban el parto, y la sociedad lo aplaude.

Esta es la violencia normalizada: LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA,  la que se da adentro de los hospitales, en la atención de médicos, enfermeras y otros especialistas que creen que conocen mejor nuestras necesidades y nuestra fisiología. Esto es algo que ya no podemos permitir que suceda, porque es fácil para un sistema mayormente patriarcal sugerir que para prevenir o reparar situaciones en la salud de la mujer exista la posibilidad de mutilarnos, cortar nuestro vientre, nuestro periné y recientemente,  hasta ver como un acto loable el hecho de extirparnos los senos.

No nos equivoquemos, nuestro cuerpo es nuestro, y desde nuestra entera autonomía tomamos las decisiones pertinentes para nosotras. 

No permitamos el elogio a un sistema médico que se apodera de nuestra voluntad a través de nuestro cuerpo, que desde la desinformación toma decisiones sobre nosotras y nos hace culpables de todo lo que no sale bien. Ya no permitamos que nuestra única opción sea alcanzar la salud desde la mutilación; ya no más episiotomías, no más cesáreas innecesarias, no a la mastectomía como una forma de prevención normalizada (es decir, no como una moda, no cuando no es necesaria).



                       El bebé que ni se enteró que nació...

La frase que corona tantísimos titulares de diversos medios en todos los idiomas resuena en mí como una cesión de poder consentida.

Al parecer sí, el bebé de la fotografía no se enteró que había nacido... todos estaban ahí: el personal médico, el gran obstetra, la cámara, pero no la mamá y tampoco el bebé.  Todo indica que se trata de una cesárea electiva o una cesárea innecesaria. Es decir, el bebé ni siquiera pudo elegir el momento de su nacimiento.

En esta sociedad del control, es mejor que los niños ni siquiera elijan su día o momento de nacimiento, porque puede ser demasiada libertad. Tal vez, ahora parezca demasiado radical, pero es necesario que saquemos de un contexto de lo "normalizado", de lo "común", el hecho de que NO EXISTA LIBERTAD PARA NACER, ni libertad para parir.

Las mujeres ya no estamos pariendo, ya no estamos siendo sujetas activas de nuestro proceso de crear, ahora se nos están extirpando a los hijos, se nos está arrebatando la autonomía, la libre elección y ¡sobretodo, el gozo! Parir se ha vuelto algo que sufrimos y no algo que vivimos y llevamos a cabo con felicidad. 

Nuestros hijos están naciendo según la agenda del médico, según sus vacaciones, según su turno, según lo necesita su bolsillo. Nuestros hijos son los logros de los obstetras, no de nosotras. Es así de terrible. El sistema actual de salud nos está anulando a las mujeres. Es así de terrible.

Pero no nos equivoquemos, los partos no son de los obstetras o del personal que lo atiende, los partos son nuestros: de las mujeres, de las madres.  



Tomemos acción.

Es necesario que tomemos acción. Es necesario que nos informemos, que abramos nuestra consciencia en relación a nuestro cuerpo, a nuestras emociones y a lo que verdaderamente necesitamos. No alimentemos al sistema del miedo. No permitamos que el miedo se filtre por nuestras fibras más sensibles, confiemos en nosotras, vamos a estar seguras en nuestra autonomía y sólo permitamos un acompañamiento genuino, sobre todo en esta etapa tan trascendente de nuestra vida. 

México no sólo es el país número uno en cesáreas, es también el país con el más bajo índice de lactancia materna pero con un alto presupuesto destinado a la atención en temas de obstetricia. Los recursos que pagamos con nuestros impuestos no están siendo bien administrados, al contrario, están propiciando un mayor rezago en cuestión de salud, y sobre todo, salud materno-infantil. 

La población  en México se constituye en un 51.2% de mujeres, es decir, somos más mujeres que hombres; el 40% de las altas hospitalarias en la salud pública son por cuestiones obstétricas, y ésta es justo el área donde más violencia se ejerce. Las mujeres estamos siendo violentadas en un país donde somos mayoría. Tenemos que tomar acción.  Tenemos todo el derecho de exigir mejores condiciones para dar a luz, nosotras somos quienes recibimos la atención que pagamos. 

No nos permitamos normalizar la violencia, no permitamos parir con sufrimiento, vamos a parir con poder, con autonomía y exigiendo todas las condiciones para hacerlo con seguridad y de manera humanizada.  No nos equivoquemos, los partos no son de los obstetras o del personal que lo atiende, los partos son nuestros: de las mujeres, de las madres. 


He aquí la diferencia... 






   













¿Decirle "NO" puede ser positivo?


Mi crío ha encontrado la fascinación de la pequeñita palabra "NO"..."No, no, no", "¡No, mamá!", dice con orgullo, y a veces con desafío.

Sabía que pronto llegaría esta etapa. ¡Lo sabía, vamos hasta la esperaba! Mi hijo siempre había mostrado tener un temperamento fuerte, y ahora, pasados sus dos años de vida, esperaba yo ver cómo le sucedería abrazar su primera independencia. Esto es como tener un pequeño, pequeñito, adolescente: un chico rebelde que con vaso entrenador en mano osa pasear con su triciclo por toda la casa hasta que se cae, se lastima la mano, ¡y vuelve con mamá para que le de besos y lo abrace!

¡Y me fascina mirar cómo goza su libertad, las posibilidades de su cuerpo! Me encanta mirar cómo brinca de un lado a otro, cómo salta de la cama al suelo, cómo escala los sillones, cómo desea resguardar sus espacios y cómo trepa la mesa hasta conseguir una deliciosa banana. De pronto, por supuesto, sus "Nos" se cruzan con los míos, con los de papá y hasta los de las abuelas, sin embargo, he aprendido a respetar y entender su "primera adolescencia" y me siento mucho más asertiva al manejar sus enojos y su deseo por proteger sus espacios sagrados.

¿Qué me ha enseñado mi adolescente de dos años de edad? Que...


Está bien decir "NO"

Para él, decir "no" es una forma de mostrar límites, y justo el respeto a que pueda decirlo marcará que en un futuro pueda decir que no cuando no desea hacer algo que pueda no ir con sus valores o sus deseos. Y no sólo para él, para mí decir no de cuando en cuando me ha ayudado a resignificar la palabra y a evitar accidentes e incidentes. 

En un principio sólo deseaba decir "sí" o darle alternativas, en todo momento evitaba la pequeña palabra negativa pensando que podía hasta ocasionarle "alguna situación". Sin embargo, me he dado cuenta que decir no es sano cuando de verdad es necesario decirlo. ¡Y por supuesto se lo permito a él!

En nuestra sociedad los "no" y los "sí" nos los tomamos como algo personal, y de pronto, aún en nuestra completa adultez-madurez, en ocasiones, no logramos vislumbrar que decirlos tiene que ver más con   la justa petición de respeto a los espacios y tiempos sagrados de cada persona. Es un derecho divino decir lo uno o lo otro. Así también cuando se trata de nuestros increíbles toddlers.



Hay que poner el Sí y No sobre la balanza

Mi hijo mira con curiosidad la manera en que mamá mueve el cuchillo velozmente (¡bueno, bueno, ni tan veloz!) sobre los tomates... para él es algo nuevo, y por supuesto, ¡quiere probar! De pronto, se da el momento perfecto para que él intente hacer lo suyo, y claro, yo exclamo ¡No!... Él se asusta, se irrita y pone tremendo rostro. En una intuición fuerte comienzo a explicarle que puede cortarse, que mamá se asustó y que ahora, puede ayudarlo a cortar los tomates con ese extraño juguete. 

Mi crío sabe que puede hacer distintas cosas con ayuda de papá o mamá; sabe por ejemplo, que no debe salir corriendo y bajar la banqueta, sabe también que hay "coches grandes" que pueden lastimarlo si él no toma la mano de un adulto al cruzar la calle, sabe que puede bajar las escaleras él solo si se ayuda con el barandal o la pared. Sabe que en ocasiones no podrá seguir ayudándome con el cuchillo pero a cambio podrá jugar con un bowl y los limones. 



Hablar, hablar, hablar y de pronto, dar una señal respetuosa de "no".

En estos años juntos, mi crío y yo hemos tenido vasto espacio para conocernos, él sabe que cuando giro un poco la cabeza inclinándola hacia abajo y a la izquierda eso significa "eso no es correcto hacerlo", sabe que cuando alzo la mirada y digo "hey" expreso también, que no estoy de acuerdo. Y justo estas alternativas me han ayudado a comunicarme.

Hablar con él y "contarle el mundo" nos ha ayudado muchísimo a respetar nuestros espacios, de los tres, mío, de él y de su papá. Prácticamente yo le cuento todo lo que hago, todo lo que sucede en casa: mamá necesita sentarse a leer, tú también lo puedes hacer con tus libros... estas son las tarjetas de mamá y tú puedes jugar con ellas siempre y cuando me pidas permiso, ésta es tu habitación y aquí puedes jugar cuando desees, voy a salir y vendrás conmigo, otro día podrás quedarte cuando esté tu papá o tu abuela... ¡Y por supuesto, ellos saben, ellos entienden!

Hoy por la tarde, luego de comer con su abuela, nos subimos al automóvil, de pronto la abuela preguntó "¿Qué es esto?" y mi crío respondió con toda seguridad: "Es una cobijita que mima lleva a los bebés pematudos"... La abuela se sorprendió, y yo también porque esa explicación se la había dado yo tres meses atrás, cuando recién habían llegado los donativos que llevaríamos a los hospitales. Tres meses después recordaba muy bien lo que mamá le había explicado. Por supuesto, si les contamos el mundo, si respetuosamente los incluimos en nuestras actividades, ellos entienden y comienzan a integrarse.



Si hay demasiados "Nos" tengamos un día que propicie los "Sí"

Los días en que más "Nos" salen de mi boca, de la boca de papá y de la boca de nuestro hijo ¡es cuando vamos a la oficina! Por supuesto, mi hijo -como todos los críos de su edad- tiene un alma exploradora, deseosa de tocar esos botones tan extraños en el fax o en la computadora; por supuesto, ansioso está mi crío en llegar hasta la plantita en la esquina de la ventana que parece perfecto escalón para lograr una miradita a la calle. 

¡Estos días de oficina son detonantes! Con ellos he logrado reflexionar que una gran parte del tiempo en familia nuestros hijos están haciendo lo que papá o mamá desean. Y si estamos en casa todo el día o en un espacio cerrado, por supuesto, los "nos", las frustraciones -de ambas partes- llegarán. 

Por eso es que hemos inaugurado un día a la semana como el "Day off", el día en que TODO es SÍ. Y nos vamos a un parque de juegos, y es un sí al columpio, a correr, a rodarnos por la tierra, a subir por la resbaladilla, a meternos por los aros, a comer un par de dulces, a parar por un helado, y cansarnos hasta llegar exhaustos a casa, listos para el baño y para dormir... esto último no es negociable, y se lo explicamos desde que salimos a realizar las actividades. 


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Mi niño me ha enseñado que está bien decir "No" cuando es necesario, y que tanto de mi lado como de su lado hay que mostrar respeto por ese no. En México existe una sociedad que nos enseña a decir en todo momento, y decir no es algo que frustra -a ambas partes- y en ocasiones, es algo intolerable, que es mejor evitar. No es malo, ni personal, al contrario... creo que decirlo nos lleva a proteger nuestros espacios sagrados y a poner límites amorosos. 

Si confiamos y escuchamos con el corazón los "nos", no sólo de nuestros hijos, pero  de quienes están alrededor, estoy segura que comenzaríamos a respetar más a los demás y a nosotros mismos. 













La importancia de los siete primeros años de vida



Cada siete años el ser humano cambia y se transforma...

Esto lo sabía en teoría desde la mirada astrológica, antroposófica y metafísica, sin embargo, hoy pasa por mí esta información desde el tamiz de la reflexión, y por supuesto, la perspectiva cambia. He aquí que siento como todo este conocimiento se vuelve experiencia, y da una mayor comprensión.

Comparto la reflexión.

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Los primeros siete años de vida: el primer respiro.



Muchas disciplinas estructuran el estudio de la vida humana a través de septenios o ciclos de vida de siete años: la metafísica, la astrología, el estudio de la Biografía Humana, la Antroposofía y la Pedagogía Waldorf, por mencionar algunas. De arriba a abajo, de lo mayor a lo menor el Universo parece hablarnos en séptimas, siete respiros mayores y siete sonidos en melodía que nos anclan a la Tierra y a la vez nos indican el camino a la evolución, hacia la octava de perfección.

En este texto, empero, doy mayor rumbo a la importancia de los primeros siete años de vida en el ser humano, para que así recordemos y reflexionemos esa etapa en nuestra vida y aprovechemos la misma etapa en la vida de nuestr@s crí@s.

Se dice que el universo funciona con fractales, ritmos continuos que proporcionan una cadencia constante y pulsante a todo lo que ahí habita, incluyéndonos, por supuesto. Así, nuestros ritmos emulan la energía universal y marcan nuestra evolución, en espiral.

Una vez que hemos sido implantados en el vientre materno, comienza el primer gran ciclo relacionado a la vida y a la muerte, el ciclo donde tomamos aliento y nos plantamos también en el vientre de la Madre Tierra. Aquí, acontecen también nuestras primeras implantaciones mentales, se siembra nuestro potencial de inteligencia, de creatividad y por supuesto, de carácter y personalidad. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Cómo participaremos en la vida? Las respuestas se asientan inconscientemente en nuestra persona. 

En estos primeros años aprendemos también acerca de nuestra necesidad de amor, del hambre, de la protección y acerca de qué tanto podemos confiar del mundo alrededor. Aquí desarrollamos nuestras estructuras internas, nuestro inconsciente, eso que más adelante nos permitirá actuar, pensar, establecer conexiones y formarnos una consciencia con base en el ejercicio de prueba y error. 

Algo maravilloso acontece durante los primeros siete años de vida del ser humano, algo lleno de misterio, que aquellos que saben aprovechan para condicionar Por ejemplo, la iglesia católica hablaba desde sus inicios de adoctrinar a sus feligreses durante sus primeros siete años, para no tener que preocuparse por su fidelidad en el futuro. Los siete primeros años eran suficientes para tener devotos toda la vida. 

No es de extrañarse, entonces, que cada vez se establezcan más espacios tempranos para los niños (dispositivos o canales de televisión colmados de comerciales) a fin de convertirlos en futuros consumistas y cautivo-pensadores, pues el primer septenio de vida se nos va en aprender y grabar en nuestro ser lo aprendido. 



Instalando nuestras Creencias. 



Durante nuestros primeros siete años instalamos nuestra primera visión del mundo, nuestras creencias, donde lo que nos digan es así y no hay cuestionamientos. Nuestros padres, mentores y gente que nos acompaña son quienes nos habrán dejado huellas energéticas acerca de cómo manejarnos en el mundo y cuales serán nuestros grandes ideales. Nuestros primeros recuerdos comienzan a sellarse en nuestra psique.

En este momento son nuestros padres a quienes pertenecemos, son ellos quienes nos dan identidad y origen; también comenzamos a integrar en nuestro interior la manera personal de establecer límites o de no establecerlos. En este periodo aprendemos a ir de la dependencia sana y total hacia la independencia primera, si llevamos la noción de que podemos establecer relaciones de confianza con aquellos que amamos y nos aman, nuestra vida emocional futura portará ya muchas ventajas.

Así, antes de llegar a los ocho años de edad, habremos escuchado los "sí" y los "no" de la vida, para la vida. Habremos obtenido nuestras primeras nociones de lo "bueno" y lo "malo", y también nuestras primeras bases para abordar el mundo desde el prejuicio o desde la confianza. Todo depende de lo que nos hayan dicho, de lo que hayamos sembrado en el interior. 

Casi a finales del primer septenio habremos obtenido las nociones básicas de nuestra personalidad, y habremos escuchado quiénes nosotros somos: soy la niña buena, soy el niño malo, soy la niña tranquila, soy la niña tremenda, soy el niño estudioso, soy el niño problema, soy la ovejita negra de la familia, soy el más consentido de mis hermanos. Todo esto, por supuesto, repercutirá y resonará en nuestros años por venir.   

Nuestra alma primigenia obtiene las bases para el cómo se mostrará posteriormente.   



Apego seguro y libertad para el alma primigenia



Para la Antroposofía y la Pedagogía Waldorf, así también para algunas disciplinas más centradas en la evolución meramente espiritual, los primeros siete años de vida marcan la vida emocional de todo ser humano. Es decir, nuestros miedos más profundos y nuestras más grandes alegrías se imprimen en este período. 

He aquí la importancia de tener un apego seguro durante los dos o tres primeros años, pues a través de esta forma de vinculación comenzamos a confiar, comenzamos a tener nuestros primeros acercamientos con eso que llamamos abandono. ¿Cómo lo vivimos? ¿Cómo un paso amoroso y necesario? ¿Con traumatismo? ¿Nos causó tristeza o enojo? ¿No lo conocimos? En fin.

Es la sensación de arraigo emocional la que posteriormente nos dará libertad para sentir, decir y poner límites de cualquier tipo. Es a través de la necesidad de amor incondicional primario que estableceremos más tarde nuestros lazos de amor y afecto con una pareja, un amigo o nuestros hijos.  

No en vano grandes disciplinas de la psicología moderna afirman que está en la niñez primera la raíz de "todos los males" que nos aquejan de adultos. Y que es justo aquí donde guardamos todas las emociones que más tarde harán su intempestiva aparición en nuestras relaciones adultas, desatando en algunos sentimientos fuertes de abandono o de asertividad, dependiendo cómo hayamos vivido la etapa.

Iniciar la vida con un vínculo de apego total con nuestros cuidadores, relacionándonos desde el amor, el afecto, el entendimiento y el retozo, forjará fuertes conexiones neuronales que nos servirán como patrones para nuestro actuar, y por supuesto, tienen que ver con nuestro desarrollo y seguridad. Alguien que no ha tenido un vínculo de apego con sus progenitores o cuidadores primeros, tiende a conmover las estructuras afectivas y cognitivas relacionadas a la separación. Esto, tendrá que ver también con una futura imposibilidad para establecer relaciones interpersonales  amorosas y respetuosas.

Un pequeño que ha tenido mamá de tiempo completo (y con esto no sólo quiero decir mamá, sino papá y en sí maternaje) estará mejor enraizado en el mundo y mejor preparado para vivir su segundo septenio y en sí, su vida entera. Esto no quiere decir que no se enfrentará a otras situaciones difíciles, pues cada camino es un sendero de posibilidades; pero sí le dará más oportunidades de vivir desde una perspectiva más optimista y cordial, receptivo de sus emociones y pensamientos. 



Rumbo al segundo septenio



Hacia el segundo septenio el crecimiento continuará, y aquí, los conceptos y emociones descubiertos en el primer septenio formarán parte de una nueva madurez. Los signos físicos son por ejemplo, la pérdida de los "dientes de leche" y la disminución del tamaño del timo. El cuerpo mismo nos indica que en esta etapa se absorbe el primer aprendizaje, y como una espiral que va hacia adentro... también se va hacia afuera.

Los mundos personales comienzan a presentarse desde la imaginación, y el poder personal se hace manifiesto. Lo exterior se vuelve magia ante los ojos del alma infantil, dando paso a una nueva dinámica hacia lo colectivo. 

Ya no somos más de nuestros padres, pero comenzamos a ser parte del mundo... comenzamos a conocer los espejos externos. 




(Continuará...)






Cuestión de Ética y Mitos: ¿Doulas, terapeutas, consultoras de lactancia, expertas en porteo, educadoras o matriactivistas?



Ser madre y emprendedora desde casa es una realidad que se mira ya en diversos países del mundo, y México es uno de ellos. Hoy por hoy habemos más mamás interesadas a profundidad o bien informadas en temas como el parto, la lactancia, la crianza, el crecimiento personal, la nutrición consciente y la educación; temas que aunados a nuestra experiencia y formación devienen en gran provecho para las comunidades de madres, niñ@s y para la sociedad en general. Sin embargo, me parece interesante subrayar que en este mar de información y datos, también estamos corriendo el riesgo de caer en la desinformación, y peor aún, en la adopción de posturas o roles que podrían dar paso a la confusión, perjuicio y prejuicio de conceptos, personas y profesiones.


Esa cuestión de los títulos y los conceptos en lo personal y en lo profesional. 



Es una realidad maravillosa que a diario nuevas pequeñas empresas se estén creando y dando a conocer en internet. Es admirable que muchas mujeres, pero sobretodo madres, estén encontrando nichos para satisfacer en el emprendimiento online, conjuntando así su experiencia de maternidad con su participación activa en la economía familiar.

No obstante, a la par de esto me asusta ver también, la falta de ética con que fácilmente pueden llegar a manejarse muchas otras personas y mamás en cuanto a la conducción de su emprendimiento. Pues considero, que es un acto de gran irresponsabilidad adoptar en hondo desconocimiento una postura, un rol o una filosofía, simplemente porque "vende bien" o porque "está de moda".

Así, he observado que en muchos de estos negocios u ofrecimiento de servicios "profesionales" se utilizan como estandarte "la crianza con apego", "la terapia de contención", "el parto humanizado","el parto vertical", y hasta la palabra "doula", desde el error, la falsa idea o el juicio personal.  

Esto me parece grave porque considero que es una manera de lucrar desde la ignorancia, y a costa de otros prestador@s o empresari@s que en verdad están preparad@s y ofrecen servicios o productos con pleno conocimiento, experiencia y preparación. Ya que es necesario decirlo: un par de libros de Laura Gutman en el bolso no nos hacen terapeutas, un par de libros de Laura Rincón Gallardo no nos hacen expertas en contención y acompañar el parto de nuestra hermana no nos da el título de doulas. Es necesario decirlo así, pues cada vez se hacen más públicas las prácticas deshonestas que se dan en México en cuestiones perinatales, de maternidad y de crianza, poniendo en severo riesgo la vida o la calidad de vida de mamás y bebés.

Parece que no es tan grave, sin embargo, si lo reflexionamos cada vez más se difunde información errónea que impregna decisiones y aprisiona en un prejuicio la posibilidad de acceder a la verdad y al bienestar integral. 

Por un lado, como personas, madres e incluso matriactivistas, podemos compartir nuestras posturas, opiniones y pensamientos con plena libertad, validando o no prácticas de crianza, formas de nacimiento, terapias y hasta movimientos sociales. No obstante, si decidimos hacerlo de forma profesional, es necesario que actuemos así, profesionalmente, desde lo ético y evitando en todo momento la parcialidad o tergiversación de información.




Esa cuestión de la Ética al ofrecer un producto o servicio en nichos emergentes para la familia.



Crianza con Apego, Nacimiento humanizado, Parto vertical, Lactivismo, Doula, Terapia de contención, Porteo, Contención, Crianza en brazos y Psicoprofilaxis son términos y palabras que se han vuelto de reciente manejo público, no así, todavía, su significado e historia.

En este sentido, es trascendental que nos informemos, que leamos, que nos involucremos en grupos de discusión, que conozcamos la fuente origen y de ser posible, comencemos el diálogo con personas afines en nuestras comunidades, estados o en diversos lugares del país.

Como madres (y padres) cuyos clientes potenciales son otros padres, madres, niñ@s y bebés, es necesario que actuemos con plena honestidad y ética, anteponiendo el criterio profesional a todo juicio subjetivo y personal.

La preparación es crucial siempre, sin embargo, al tratarse de la promesa de calidad en servicios y productos  relacionados con el nacimiento, la crianza, la lactancia y la vinculación madre-hij@, me parece IMPERANTE el aprendizaje, la preparación, el conocimiento, la experiencia y la disposición que podamos ofrecer a nuestros clientes.

Cualquier persona llamaría irresponsable e incluso, denunciaría, a otra persona que monta un consultorio, se pone bata blanca y osa realizar diagnósticos médicos, sin tener una cédula que lo avale o una preparación previa. Me parece que es la misma situación cuando hablamos sin profundo conocimiento de temas como la terapia de contención, el porteo, la lactancia, los modos de nacimiento o el trabajo de una doula o de la educadora perinatal. 

No es posible que en la red todavía aparezcan imágenes de proveedores de artículos de porteo con bebés mirando de cara al mundo o refiriendo que el rebozo es terapia de contención pura; no es digno que haya mujeres que instiguen a otras mujeres a parir solas en casa con tal de no pisar un hospital, o que den una consulta de lactancia y la cobren sin estar debidamente preparadas para ello.




Existen muchos mitos y creencias falsas que me decido abordar, con la finalidad de abrir camino al servicio con información y la promesa de calidad desde la honestidad.


FALSOS MITOS



UNO: La Doula




Mucho se dice en torno a este mágico personaje que acompaña a la mujer en su parto y/o post-parto. Sobretodo en los últimos años en los cuales su labor se ha vuelto más conocida en México. Algunos falsos mitos que se dicen son los siguientes:

* La doula es el remplazo del papá en el parto.
Esto no es verdad. La doula acompaña principalmente a la madre en el nacimiento de su hij@, sin embargo, apoya también al padre para que esté seguro en su rol y atienda el nacimiento.

* La doula sólo está a favor de los partos en casa.
La doula apoya a la madre en cualquier decisión informada que ella tome en cuanto a cómo, dónde y con quién desea dar a luz. La doula no enjuicia a la mujer que decide tener una cesárea, no intenta cambiar su opinión, no aconseja. La doula solamente acompaña.

* La doula puede adoptar el rol de educadora perinatal.
La doula no educa a la madre, la informa y le proporciona información que puede ser decisiva en la elección de la mamá en cómo, cuándo y con quién dar a luz, sin embargo, es doula no educadora perinatal.

* La doula es como una enfermera.
La doula no hace tareas clínicas o médicas, aún cuando puede tener una preparación clínica, mientras está en su rol de doula, el único soporte que debe proporcionar es el de apoyo emocional.

* La doula no necesita prepararse, la vocación la lleva en el corazón.
La doula necesita prepararse, obtener conocimientos y actualizarse en fisiología del embarazo y parto, en crianza, en lactancia, en educación perinatal y otros conocimientos de su competencia. Aún cuando no existe una licenciatura, existen muchos seminarios, talleres y cursos que completan su vocación y que deben ser parte de su experiencia.

* La teoría me convierte en doula.
Es la teoría y la práctica, pero sobretodo la segunda, la que da el mote de doula. Es la experiencia, el acompañamiento y el trabajo continuo, la dedicación, la vocación y el conocimiento aplicado, lo que hará que una mujer se convierta en doula.

* El trabajo de doula es informal.
El trabajo de doula es tan formal como se desee. Hay normas internacionales y códigos de ética que la apoyan en la formalidad de su ejercicio. La informalidad es algo que depende de cada doula.

Fuentes consultadas:


"Myths debunked", Savanna Doula Services. 
http://savannahdoula.com/Doula_Myths.html


"¿Qué es una doula, monitriz o asistente de parto?, Parto Suave
http://partosuave.galeon.com/enlaces1969543.html


"Code of Ethics for Birth Doulas", DONA International
http://www.dona.org/aboutus/code_of_ethics_birth.php


"Code of Practice", Find a Doula
http://www.findadoula.com/Professionals/practice.htm







DOS: La Terapia de Contención





En el mundo de habla hispana ha sido introducida por Laura Rincón Gallardo, psicoterapeuta
mexicana que se formó con Jirina Prekop en Alemania. Estos son tres mitos alrededor de esta terapia.




* Usar el rebozo es hacer terapia de contención.
Nada más erróneo que esto. La terapia de contención ayuda en la sanación de los problemas de vinculación. La terapia de contención NO es un método educativo, tampoco es similar a estar cargando todo el día al bebé en rebozo. El rebozo NO es un sustituto de la terapia de contención. Si bien es un medio, una herramienta y no una solución.

* Cualquiera puede hacer contención.
La terapia de contención solamente la puede realizar "un terapeuta que previamente ha sido entrenado y orientado a la madre o al padre para que tome consciencia de los conflictos personales que interfieren en la relación con sus hij@s".


* Terapia de contención y Crianza con apego son lo mismo.
Es posible que la confusión provenga de los nombres (Attachment Parenting y Attachment/Holding Therapy), y de las tempranas contribuciones que a la terapia hicieron personas importantes en la Crianza con apego y el concepto de Continuum como Bowlby y Klaus, sin embargo, uno y otro son distintos. La Crianza con apego es una concepción creada por el Doctor William Sears para referir a un estilo de crianza, mientras la terapia de contención es una propuesta de la Doctora Martha Welch, retomada por Jirina Prekop y acunada con algunos cambios por Laura Rincón Gallardo, aquí en México.


Fuentes consultadas:
"Terapia de contención", Medicina Alternativa y Naturopatía   
http://www.medicina-alternativa-naturopatia.com/terapia-de-contencion-jirina-prekop.html

El abrazo que lleva al amor, Laura Rincón Gallardo, Prekop Editorial, México.


El abrazo con sentido, Laura Rincón Gallardo, Prekop Editorial, México.








TRES: La Crianza con Apego




Esta forma de criar y educar cuyos ocho principios fueron concebidos por William Sears, ha sido motivo de mitos y creencias falsas. Incluso se ha llegado a tomar como una especie de Biblia o receta de cocina para "hacer niños bien portados". Estos son algunos de estos mitos y creencias falsas:


* La Crianza con Apego es un nuevo estilo de criar.
La Crianza con Apego está basada en la satisfacción de las necesidades biológicas básicas del bebé. Sus herramientas proporcionan lo que el bebé necesita para crecer sano, no sólo en lo físico, pero también en lo emocional. Es un modelo de crianza natural, instintiva y ancestral. 


* Si deseas que tu hijo sea bueno debes aplicar las 8B's de la Crianza con Apego (Birthbonding, Breasfeeding, Beding close to baby, Beliefe in your baby's cry, Beware of baby trainers, Balance, Both)
Si bien estas ocho herramientas son maravillosas, no sirven para hacer "niños buenos", pero sí para como padre o madre crear una conexión única y fuerte vinculación con tu hij@. La finalidad de la Crianza con Apego es la CONEXIÓN y no la obediencia. 


* Si no amamanto o llevo a mi hijo en un cargador ya no estoy criando con apego o respeto.
Las ocho B's son herramientas, medios para ayudar a la conexión padres-hijos, sin embargo, si no es posible llevar a cabo alguna de éstas, la crianza respetuosa continúa. Hay padres, por ejemplo, que deciden no colechar, sin embargo, activamente trabajan en la conexión con sus hijos a través de las otras herramientas.


* Crianza con apego significa cero límites.
Los límites son entendidos de forma distinta en la Crianza con apego, los límites no son regaños, reprimendas o palabras restrictivas en voz alta que se le dicen a l@s hij@s para que se porten bien y sean "educados". Los límites son entendidos desde la empatía y a manera de protección de la salud e integridad de l@s hij@s.


* Crianza con apego significa padres permisivos.
La Criana con Apego no cree en los golpes como medios para disciplinar, tampoco en las palabras altisonantes y mucho menos en el autoritarismo. No cree en la creencia de "los hijos de tomarán la medida", pues se considera que l@s niñ@s NO PIDEN LO QUE NO NECESITAN. Por tanto, es importante estar pendientes de su llanto y sus necesidades en todo momento, sin pensar que su único fin es manipular. 





Fuentes consultadas:


"Principles", Attachment Parenting.org. 
http://www.attachmentparenting.org/principles/principles.php


"Las ocho B de la Crianza con Apego,  Bebés y Más
http://www.bebesymas.com/ser-padres/las-ocho-b-de-la-crianza-con-apego


The Attachment Parenting Book, William Sears and Martha Sears, Little Brown and Company, Nueva York 










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Mi necesidad en este post no es la de enjuiciar prácticas o personas, si no de inspirar prácticas éticas y personas más éticas en cuanto al ofrecimiento de productos y servicios. 

Considero que siempre es posible prepararnos en mayor o menor medida para esa actividad que nos dará la oportunidad de apoyar la manutención familiar o incluso, sostenernos y sostener a nuestra familia. 

Recordemos que la información es poderosa, sí, pero hasta que comenzamos a usarla con sabiduría.















  

Escribo este post a las 3:12am tras ser despertada por mi crío...




"Escribo este post a las 3:12am tras ser despertada por mi crío..."

Y fui despertada por sus palabras, su pie y su manita. "Mamá" decía, mientras tocaba con su mano y pie mi cuerpo. Tiene mucho calor, pensé. Lo acaricié y  le dí palmaditas en  la espalda. En seguida su papá se levantó y fue a prepararnos un par de bebidas. Regresó a la habitación, bebimos, nos dimos besos, nos acariciamos y volvimos a dormir... bueno yo no, pero ellos continúan dormidos en la cama. Sí los tres dormimos no sólo en la misma habitación, sino en la misma cama. Y para mi éste, es un instante en la vida, de esos encantadores, que prevalecen en el corazón.

Ahora, tengo insomnio. Sin embargo, no es que me hubiera causado insomnio el que me hijo me haya necesitado a las 2:30am para que lo reconfortara un poco. No. Eso de levantarme por las noches ha sido pan de cada día desde que  mi hijo llegó a casa. Más bien, reflexiono la situación, miro el rostro plácido de mi hijo que duerme "a sus anchas" en mi cama, adueñándose de almohadas y sábanas. Pienso no, ésta no es mi cama, ésta es Su cama. Y no concibo verlo, en toda su fragilidad, dormido en la habitación contigua, tras las rejas de su cuna, tolerando él solo sus necesidades porque haya hecho consciente ya, que papá o mamá no están disponibles durante la noche.

El punto es, que me sensibiliza hondamente pensar que todavía somos/o reflejamos una cultura occidental "modernizada" que se cobija en métodos obsoletos para justificar la imposición de necesidades del más fuerte. Que "abrigados" por la lógica y  la razón y lo que debe ser, y uno que otro autor patriarcal, imponemos nuestras creencias, nuestras exigencias y nuestras imposibilidades a los que nos acompañan y siguen: a nuestros hijos.  

Pienso qué tan a merced están los niños de una sociedad que si bien no se basa ya en el porque lo digo yo, si se basa aún en el porque lo necesito yo -que soy tu padre/madre... Y me estremezco.

Cuando pienso en todas las mujeres que me dicen y me cuentan que se desapegan de sus hijos   porque necesitan llevar una rutina de sueño, porque la maternidad les está viniendo mal, porque es terrible despertarse de madrugada, porque los niños se les enferman en muy mal momento, porque los niños no se comportan, porque son demasiado demandantes, porque necesitan límites (¿bebés de ocho meses?), porque necesitan una rutina específica, porque necesitan al niño en su cuarto para dormir bien y no despertarse de mal humor, et cétera, pienso dos cosas: 

una, que como adultos somos niños muy heridos en busca aún de satisfacer nuestras necesidades infantiles 

y dos, que la salida más fácil siempre es erradicar el problema reflejado en nuestros hijos y no desde su raíz en nosotros. 

Reflexiono la sociedad que somos, aún basada en violencia y abuso emocional. Es decir, como padres y madres podemos hacer lo que queramos con nuestros hijos, y en ocasiones este gran poder sólo se aprovecha para imponer nuestros deseos y poner a los hijos a nuestro servicio y no al revés, lo cual, visto detenidamente, resulta muy triste.

Así, no concibo cómo nuestras relaciones interpersonales, que deberían estar basadas en el amor, estén basadas en la funcionalidad. El decir "yo hago contigo esto porque me funciona muy bien" no significa que al otro le esté funcionando también. Aquí no hay empatía alguna, y que no exista ese ingrediente en una relación padre-madre-hijo, honestamente, me cimbra. Me provoca, todavía, porque justo el exceso de esta sociedad moderna, industrializada y de posguerra ha sido establecer relaciones personales a partir de la funcionalidad y la imposición de necesidades del más fuerte, pero no de amor, ni cordialidad.

Y no, no creo que la cordialidad o el amor o el apego en las relaciones que tendemos con nuestros hijos devengan de una mera cuestión de estilos de crianza. No. No creo que el amor y el apego sean un estilo de amar, y la indiferencia sea otro estilo, y la violencia otro estilo, o el maltrato, o   la dureza sean estilos distintos y todos sean "estilos respetables". No. Aquí no se trata de estar a favor o en contra de uno u otro "modo" de crecer a los hijos. Sino, de darnos cuenta que la naturaleza humana es frágil, y que toda relación primera siempre NECESITA CONEXIÓN. 

La creencia que nos aniquila es la que arremete desde la primera conexión, la conexión con los padres, con el origen... Desde la violencia sutil pero punzante que se ejerce cuando se piensa la maternidad/paternidad como un campo de batalla donde uno de los involucrados tiene que salir avante, y siempre debe ser papá o mamá, por que los hijos no nos deberían tomar la medida.  

Ojalá podamos salir de la discusión fácil en la que nos limitamos a pedir respeto por lo que pensamos y ya. Porque no es cuestión de respeto nada más. Eso está más que sentado. La madre que aquí en México le sacó los ojos a su pequeño en días recientes, bien podría pedir que se respete lo que hizo, pero está claro que va más allá de eso. Y estoy, por supuesto, hablando de un caso extremo. 

Es decir, ojalá como madres y padres nos aventuremos a ser más críticos, y sobretodo autocríticos, no con respecto a nuestros "estilos de crianza", más bien con respecto a nuestras formas de estar para nuestros hijos, de nuestra disponibilidad y empatía para con ellos, pues considero que es ahí donde está la reflexión y el corazón de nuestra manera de criar.      









La Crianza con Apego como un equilibro a los tipos de crianza de la sociedad industrializada.



Últimamente me he encontrado con distintos blogs, webs y publicaciones en redes sociales en donde prevalece un debate entre madres anti-apego y madres en favor de la crianza con apego. Los argumentos de ambos lados son muchísimos, sin embargo, llega un punto en la discusión en que parte del debate se vuelve "pobrecita seguramente fuiste educada así, pobres de tus hijos", "qué horror estar pegada todo el día a tu hijo", "que horror, que feo dejarlo llorar y sentir que no tiene mamá", et cétera.

Me parece que La Crianza con Apego es una hacer que va más allá de una simple opción para educar o amar y muchísimo más allá que una simple moda, como se le ha querido des-calificar.

La crianza con apego es un parteaguas para nuestra cultura occidental que mayormente ha sido criada en la cuna del desapego; además de resultar para una sociedad moderna y capitalista una especie de retroceso, en el hecho de que la mujer permanezca disponible gran parte de su tiempo productivo "cubriendo las necesidades de un bebé o niñ@", casi a manera de esclavitud.

¿Por qué elegir estar disponibles todo el tiempo para nuestros hijos, si existen cantidad de guarderías, comunidades de niñ@s, niñeras especiales y más preparadas, cunas, aditamentos y situaciones que nos facilitarían más la crianza a distancia?

¿Por qué elegir colecho cuando "lo sano" es que cada quien duerma en su cama y en su habitación?

¿Por qué elegir babywearing, si se venden ya tan preciosas carreolas para todas las edades, con diferentes compartimentos super prácticos?

¿Por qué elegir amamantar de forma prolongada, si en el mercado existen tantísimas leches que ayudan a los bebés a tener una mejor digestión, un mejor sueño y una alimentación "más balanceada"?

¿Por qué elegir atender en todo momento el llanto del bebé y cargarlo en brazos a riesgo de convertirlo en un pequeño tirano, que nos manipule, nos chantajee y nos tome la medida?


...Para crear un perfecto equilibrio.

Esta sociedad basada en el miedo, desea obligarnos a no creer en nosotras y mucho menos en nuestro instinto, pues si lo hacemos, ¿Cómo vamos a tener la necesidad de adquirir, de comprar?

Sin embargo, lejos del problema del consumismo, de los mercados y de la industria, lo que me concierne ahora, es opinar del equilibro que se obtiene a través de crianza con apego, en relación a las formas de abordar nuestras emociones, nuestra salud mental y espiritual.



EL APEGO ES LA BASE DE LA CONFIANZA Y LA SEGURIDAD.

Aportaciones de estudiosos como John Bowlby, Harry Harlow, el Dr.Sears o el Continuum de Liedloff, apuntan que existe un ciclo de apego en todo bebé, que en balance, es decir, sin cesura alguna lleva a los bebés a convertirse en niños más seguros y confiados. 

El gran problema surge cuando el ciclo del apego se ROMPE. Esto es, cuando la necesidad de un bebé no se ve cubierta, se origina un gran enojo y por ende, una gran desconfianza.


Cuando se deja a un bebé en llanto por más de quince minutos, el bebé comienza a aprender que contrario a su vida in útero, aquí afuera no puede confiar en el mundo. Y si se le deja llorar por más de treinta minutos, el cuerpo comienza a hacer reacción y a volver las hormonas de estrés una entidad tóxica para el propio bebé. Es decir, literalmente el bebé comienza a auto-intoxicarse.   

A mayor negligencia (ignorar es un acto negligente), mayor enojo y desconfianza se va creando en el bebé.  Y de manera proporcional e increíble, en él se va creando una mayor necesidad de apego. Es una vez más, un círculo vicioso, en el cual se va substituyendo el objeto de apego.

En mayor o menor grado, los que hemos crecido en una sociedad occidental industrializada, hemos aprendido a crecer en desapego, desconfianza e inseguridad, de todo tipo... no por nada, las empresas de seguros son las que mejor cotizan en el mundo. 

Muchos de nosotros hemos sido hijos crecidos desde un ciclo de vinculación y apego quebrantados.

Y tal como el monito de Harlow, fuimos creciendo de bebés a niños y a adultos, utilizando sustitutos para colmar nuestra necesidad de apego. ¿Y quién ha sido esa madre sustituta? ...Los objetos materiales, la televisión, juguetes, dinero, un trabajo mal remunerado, un automóvil, una relación destructiva, el alcohol, la droga, el cigarrillo, en fin. Tantas cosas por las cuales hemos sentido un terrible apego, justo por que refuerzan la desconfianza e inseguridad que sentimos de pequeños, cuando salimos del vientre de nuestra madre y nuestras necesidades dejaron de ser colmadas. 



LA CRIANZA CON APEGO EN VERDAD ES NUESTRA FORMA DE CAMBIAR AL MUNDO.

¡Qué diferente puede ser ahora! 

Al mirarnos como adultos en plena responsabilidad y descubrir que podemos ofrecer una educación y crianza distinta, nos enfrentamos ante una nueva manera de priorizar la vida.

Cada día más y más mujeres-madre nos damos cuenta que deseamos estar disponibles para nuestros hijos en todo momento, y que esto es lo que nos da plenitud, a pesar de la decisión de abandonar un trabajo bien remunerado pero cuyas jornadas son de 10 horas/día o de poner en stand by la carrera profesional.

Nuestra prioridad es contribuir a la sociedad desde nuestro espacio íntimo, desde el emprendimiento en casa, en la disminución de nuestra participación laboral allá afuera y sí, desde la crianza de nuevos seres humanos, cargados de una forma distinta de entregarse al mundo. 

Así lo hemos decidido, en plena libertad. Ser esa figura de apego para nuestros críos. Ser esa figura de la cual partirá todo respeto, amor y seguridad. Por supuesto, que no es pequeña la contribución. Es monumental.

Lo que estamos haciendo es proporcionarle a nuestr@s hij@s una integración trascendental al ciclo de la vida, en la cual su principal apego será a su libertad y felicidad. Y sí, esto va más allá de una simple opción de crianza o decisión para educar, es más que una filosofía de vida... es una manera de equilibrar el mundo. 



(PARTE 2, de las bases del apego...)

   

Nuestro continuum o de como me volví una mamá emprendedora.




Cuando Aldebarán nació prematuramente, debí tomar la decisión de salir a trabajar (pues cuando él salía del hospital, llegaba mi momento oficial de regresar al trabajo) o renunciar y quedarme en casa con él, disponible para él todo el tiempo. Con todo el corazón opté por lo segundo.

Y debo confesar que lo hice, porque sentí una gran necesidad en mi de estar cerca de mi hijo, como una especie de necesidad de "completarlo". Sin saberlo, poco a poco fui dando paso a nuestro continuum, y digo nuestro porque yo también necesitaba "completarme" como mamá.

En un principio resultó un poco difícil, pues mi madre y mis tías me decían que lo dejara llorar en su cuna, que no lo cargara tanto, que no lo trajera todo el día conmigo. Sin embargo, yo lo veía tan pequeño (pesaba solo 2kg), que no hacía más que enojarme con ellas y hacer lo que mi corazón me dictaba. Y así andaba yo, todo el día en la casa, pendiente de sus necesidades, llevándolo conmigo siempre en mi rol de madre-cangura. 

En algunos momentos me preguntaba ¿Cuándo volverá todo a la normalidad?... Es decir, esperaba que en algún momento las necesidades de mi hijo fueran menos y pudiera yo tener más tiempo para mí, para la lectura, para la escritura y para salir con mi esposo como antes. ¡Plop! Esa "normalidad" nunca más llegaría. 

Me sentía partida en dos. Una parte de mi deseaba volver a la vida pasada, y otra parte de mi, se daba cuenta que esto no era posible, pues mi corazón había tomado la forma y cuerpo de mi hijo. Sin embargo, a pesar de mis luchas internas, que fueron muchas, nunca me separé de mi crío. 

A sus ocho meses, decidí comenzar a trabajar para una consultora, y decidí hacerlo porque mi jefe me permitía llevarlo conmigo a la oficina. Así comenzamos otra aventura juntos. Diariamente nos levantábamos temprano, nos bañábamos y nos íbamos a trabajar. Todo iba bien, siempre y cuando estuviéramos en la oficina; pues pronto me dí cuenta que en conferencias, reuniones ejecutivas o comidas de negocios, mi hijo no era bienvenido... y por tanto, tampoco lo era yo.

"Es que, ¿cuando has visto que los bebés se pueden llevar al trabajo?, eso no es ejecutivo" -Me decían.

En efecto, me di cuenta que faltaba muy poco -mi hijo comenzaba a gatear, para que esa utopía de llevarlo conmigo al trabajo terminara. 

Fue entonces cuando decidí ya no salir a trabajar. 

Y así, durante seis meses, mi esposo se quedó con toda la carga de manutención, trabajando ocho horas diarias, descansando sólo fines de semana. Yo le dije que tenía muchas ideas en mente, que me esperara, y que me permitiera dejarlas madurar. Entretanto me permitía reflexionar en torno a mi maternidad y a esa normalidad que nunca regresaría. 

Agradezco mucho la oportunidad que me brindó, pues sin ese tiempo y su ausencia no me hubiera dado cuenta de tantas cosas, ni hubiera abrazado mi maternidad de esta manera tan maravillosa. 

Luego de ese tiempo a solas con mi hijo y conmigo, me di cuenta que no podría volver a trabajar como lo hacía y en los lugares que solía hacerlo, pues no podía llevar conmigo a mi hijo que ya caminaba y corría por todos lados,  y tampoco estábamos listos para una guardería o comunidad de niños. 

Esa necesidad, de no separarnos nunca, nos llevó a mi esposo y a mi a considerar el riesgo de sostener la vida desde una forma distinta. Ambos deseábamos con todo el corazón estar cerca de nuestro hijo las 24 horas, que nos sintiera cerca y disponibles para él. Y aunque para todo mundo fue una locura, para nosotros resultó la gran posibilidad.

Decidimos entonces comenzar a trabajar desde casa, y montar una pequeña empresa. 

Con una honda alegría puedo decir que llevo un año nueve meses sin apartar la mirada de mi hijo, y que luego de esa terrible separación de un mes, en la que mi pequeño estuvo en el hospital, no nos hemos vuelto a separar nunca. 

Somos una familia de tres a todos lados que vamos. Dormimos juntos, comemos juntos, caminamos juntos, vamos juntos al supermercado, al parque, al banco, a la oficina, a las instancias gubernamentales, al aeropuerto, a la casa de bolsa y a la firma de documentos importantes.

Somos un papá y una mamá, a quienes el continuum, ha cambiado la vida.

Soy una mamá que lleva su corazón a la espalda.

¿Y qué puedo decir de mi hijo? ¡Es maravilloso! Alegre, seguro, con muchas habilidades e inteligencia desarrolladas. Hoy sé que escuchar a mi instinto y dejarme sentir todo este apego, ha sido la mejor forma de sostener nuestras vidas. 










Un parto prematuro tuvo antes una ruptura prematura.



Cuando platico esto con algunas mujeres y madres, de bebés prematuros o no, me resulta una situación difícil porque intento en mis palabras no herir susceptibilidades, y sin embargo, pocas veces lo logro. 

Pero el punto es éste, que entendí que para desencadenarse un parto prematuro, la madre debió desvincularse antes de su cuerpo o de su bebé o de ella misma o de todo. Y esto me sucedió a mí.

Cuando yo me embaracé lo hice desde un amor muy profundo, arrebatada en la presencia de mi esposo, con felicidad. Y conforme pasaron las semanas, los cambios en todas mis facetas, mis emociones y mis supuestas necesidades me fueron abrumando. Hoy me doy cuenta que no estaba preparada para concebir a un ser humano. Esta es una responsabilidad enorme que debería tomarse con mayor consciencia. 

Así, concedí toda importancia al hecho de tener cosas materiales para mi hijo. Antes de cualquier cosa, me parecía imprescindible tener una cuna, una carriola, ropa de muchos colores, una habitación especial, un asiento especial para el automóvil, un columpio que lo arrullara, y me interesaba reunir suficiente dinero para pagar la mensualidad de la mejor guardería de la zona... en fin, ahora que lo veo a distancia, todos estos aditamentos hacían constar mi gran desvinculación con la maternidad misma.

Cabe decir que también me alimentaba de lecturas, videos, audios; me interesaba saber del crecimiento de mi pequeño semana a semana y seguía las guías en internet que tratan del desarrollo fetal. Es decir, dentro de mí sabía que debía prepararme, sin embargo, no tenía las herramientas para hacerlo.

Tenía 29 semanas de embarazo cuando una mañana mi esposo me levantó de la cama, asustado, pues había yo manchado la sábana. Inmediatamente me levanté y me revisé. Decidimos ir rumbo al hospital y bueno... todo un episodio lo que vino después. El punto es que, mientras estaba en el hospital, me recordaba de mi mala suerte y de lo "difícil" que era mi destino... Tocaba mi vientre y le pedía a mi pequeño que fuera fuerte y se quedara conmigo. Sólo en un pozo tan profundo y oscuro me daba cuenta de la importancia de la luz.

Esos días de hospital, de UCIN, de tráfico, de manos impecables, de gorro y cubrebocas, de elevadores, de banco de leche, de tardes en la cafetería del hospital y de besos a través del cristal de la incubadora, fueron eternos. A cada día correspondía un duelo distinto, una desgarre que se volvía enorme hendidura en el dolor de verme separada de mi hijo, y saberlo entre la vida y la muerte. 

Todo terminó cuando decidí hacerme cargo de mí y aceptarme responsable por todo lo que estaba sucediendo (y aquí digo responsable, no culpable). Así que comencé a trabajar con mis dolores personales, con mis pérdidas, con mis miedos. Comencé a entender que "algo" había sucedido y que me tocaba trabajar en ello. Y me tocaba por ser la madre, y porque sólo yo podía sanar la situación de mi hijo. Así de poderosa es una madre. Esto es algo que entendí muy bien, que ni médicos, ni especialistas, ni enfermeras, ni trabajadoras sociales iban a lograr hacer lo que yo, con amor y trabajo personal.

Hoy, que veo los días de UCIN muy distantes, y que mi trabajo personal, emocional y espiritual constante ha rebasado los 365 días, admito desde el corazón que yo fui responsable de la desvinculación que tuve con mi maternidad y que me llevó a tener un parto prematuro. Sin embargo, las cosas sucedieron así y hoy las veo como perfectas, pues me han llevado a una bella consciencia de lo que es el amor maternal y del gran poder que la vida de una madre tiene sobre la vida de su hijo.

Por supuesto, sigo trabajando conmigo y en mi relación con mi hijo. Entiendo que hay mucho por reparar aún, y me siento feliz por la consciencia y voluntad que ahora tengo para saber que así será. Como nota final, debo contar que sí compré la carriola, la cuna, decoré el cuarto exclusivamente para él, pero fueron gastos innecesarios y absurdos. Hoy sé que lo único que él necesita en esta primera infancia lo tiene disponible 24/7: nuestros brazos, nuestro cariño y nuestra cama.