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La dignidad de los hombres


Con mi segunda maternidad se parió nuevamente la oportunidad de mirar algo que el corazón ya miraba pero que resultaba necesario hacerlo de manera más profunda y consciente: honrar la dignidad de los hombres en mi familia.

Puedo decir que aún no sé cómo funciona exactamente la memoria del árbol genealógico, hay algo de magia que va más allá de la teoría o de lo que pueda saberse por bibliografía y consulta. Sin embargo, hoy sé que existe, como una fuerza fuerte y terrible -cuando no es tomada en cuenta. Y justo, en la orilla que inicia el posparto, arremete, como si hubiera esperado hacerse manifiesta en el cuerpo abierto de una mujer, de una rama que da frutos, que se abre a la vida y que con ella abre el linaje.

Y así, a días de haber nacido mi hijo Gibrán ha surgido en mí la necesidad de volver a mirar mi historia (esa historia que ya había tocado), de volver la vista hacia los nombres no dichos, hacia las historias de los hombres que se han ido y de los que se han quedado, de los que han nacido y han vivido una gran batalla para poder estar en la vida.  Pero esta vez, esa mirada ha querido tornarse también hacia las mujeres... ¿Cómo lo vivieron las mujeres de mi familia?

Con miedos irracionales, con el temor de pasar del "Baby blues" a una verdadera y honda depresión posparto he tenido la gran gran necesidad de navegar las aguas de mi memoria. Y he dado con las cicatrices que llevan las mujeres en mi linaje... cicatrices físicas y psíquicas. Y ahí, he encontrado más que preciso mirar a los hombres... mirarlos, y con cada mirada sanar la imposibilidad del fluir del amor entre unos y otras, entre ellos y ellas. 

Esta vez la experiencia ha surgido en menor opacidad, con belleza, con dolor, pero con esperanza dulce, porque en esta ocasión los ojos de mi hijo me han permitido conectarme con él desde un lugar donde sólo existe la belleza, donde más consciente de mí me he permitido verbalizar el dolor sin resistencia o miedo a lo que podré encontrar. Hoy sé que a menor resistencia mayor sanación. 

Y así, en esta exploración de mis raíces, en este permitirme tocar el dolor y la incomodidad del posparto inmediato, he encontrado bienestar para poder ser más presente para mí, para mi hijo, para esto  nuevo que va naciendo con nuestra familia -ahora- de cuatro. 

Si algo está sucediendo ahora, es el florecimiento de un profundo agradecimiento a la vida, al misterio que existe detrás de ella; que nace, que me sostiene y milagrosamente se manifiesta desde la mirada de cada uno de los hombres que amo: mi compañero y mis hijos, que a su vez me conectan con la vida de cada uno de los hombres que han sido, con su dignidad y luz, sin la cual, nada hubiera podido ser posible.




La aventura láctea con nuestro hijo prematuro





Cuando mi hijo nació a las 29 semanas de gestación fuimos separados porque él debía ir a la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales. El día de su nacimiento, mientras tomaba un baño al atardecer, la leche comenzó a bajar... Por un instante me sentí feliz, y en seguida, vino la nostalgia y dolor profundo de sentir los "brazos vacíos". Si bien, mi hijo estaba vivo, también sabía que su estado no era el mejor, de hecho, era bastante desalentador ante los ojos médicos. 


Yo sabía que en ese momento, y tal vez durante los próximos días no podría amamantarlo. Sin embargo, en cuanto me fue posible pregunté a la doctora en turno qué podía hacer con respecto a la lactancia (deseaba hacerlo en cuanto mi hijo saliera del hospital). Ella me respondió "le recetaré unas pastillas para que deje de producir leche, estos bebés no sobreviven"... Por supuesto, mi estado emocional empeoró, pero escuchando mi voz interior decidí buscar información científica que apoyara mi lactancia. Diariamente me extraía leche con la finalidad de amamantar a mi hijo a su alta. Y luego de 60 días, 60 días que no pude cargarlo, besarlo, tocarlo, ¡por fin vino a casa, y comenzó la gran aventura láctea! Establecer una lactancia cómoda con mi bebé prematuro fue muy difícil. Había quienes me incentivaban a ya no hacerlo, yo misma me sentía muy cansada, sobre todo por las madrugadas; y fue entonces, que mi compañero y yo decidimos alternar. Por las tardes yo me extraía leche y entonces él se la proporcionaba en un vasito especial por las madrugadas. Desvelado, sin saber muy bien lo que hacía, proveía de alimento y leche materna a nuestro pequeño. Esto me permitía dormir, y él comenzó a tener una parte más activa en la crianza.

Luego de tres meses comencé a estar un poco más cómoda alimentándolo, sin embargo, es verdad que me sentía insuficiente para saciarlo. Aunque él era muy pequeño, yo sentía que no comía lo que debía comer, sentía que mi leche "no era suficiente". En todo momento veía "signos" de deshidratación. Era un bebé que había recibido tres transfusiones sanguíneas, así que me ocupaba también de sobremanera su peso o una posible anemia. "Compleméntalo con fórmula", me decían. Pero él comenzaba a tener cólicos y problemas estomacales.
Tuvimos nueve meses de lactancia materna, cosa que me fue posible hacer porque había decidido dejar de trabajar y dedicarme enteramente a su cuidado. Su pediatra me felicitaba, porque no era común que las madres de prematuros lograran si quiera, en ocasiones, amamantar. Durante todo este proceso me di cuenta que la maternidad en este país se celebra pero no se favorece. Me di cuenta de la gran falta de políticas que pueden hacer posible una maternidad saludable. Por ejemplo, las mamás de prematuros, por ley debemos regresar a laborar justo antes de que nuestra hija o hijo sea dad@ de alta, alrededor de los 40 días posteriores al nacimiento. Sí, debemos regresar a laborar justo cuando nuestr@s pequeñ@s nos van a necesitar más, no sólo por cuestiones de vinculación afectiva, si no de seguimiento médico, que es lo que hace posible disminuir las posibilidades de un retraso o discapacidad, otorgándoles una mejor calidad de vida.

Por otro lado, tampoco existen programas de apoyo a la lactancia en bebés que nacieron antes de tiempo, o programas de apoyo a las madres o padres durante los primeros años de vida de l@s pequeñ@s prematur@s. En México no se tiene, aun, implementado el método madre canguro en muchos de los grandes hospitales o centros de alta especialidad. Tampoco existen las condiciones de trabajo en empresas o instituciones gubernamentales. El panorama es bastante terrible, en este sentido.


Hoy, estos temas recién se están abriendo y mirando, gracias al trabajo de asociaciones civiles, y de colectivos de madres.

Lo menos que necesitamos son campañas que desinformen, que perpetúen estereotipos de lo que debe ser "una buena madre" o una "mala madre", que cosifique el cuerpo de la mujer, esta vez con motivo de la lactancia, que generalice la maternidad, que ignorantemente reproduzca patrones que urgen ser erradicados. 

Como usuaria de los servicios de salud es mi derecho exigir campañas de calidad, que me apoyen a decidir y a empoderarme, que desmitifiquen la maternidad tan mitificada y estereotipada. Como usuaria, deseo recibir información con sustento científico, para que yo elija con libertad, sin moralina ni coacción. Como usuarias, estamos en todo nuestro derecho de pedir y colaborar hacia la construcción de mejores condiciones para nosotras y para nuestras familias. No conformarnos, no quedarnos en las frases "al menos ya se habla de la lactancia", "al menos ya se está penalizando la violencia obstétrica". Vayamos colaborando caminos de educación, información, formación y consciencia, vayamos intuyendo que el poder es nuestro, que nunca nos lo han quitado, y que sólo nos resta ir recordando que ahí está.



***


Te invito a unirte a esta campaña en pro de la lactancia materna, participativa e incluyente, cuyo objetivo es: hacer real los diferentes matices de la lactancia de una manera propositiva, esto no sólo es para las que sufrieron al principio y lograron una buena lactancia después, esto es para todas, las que crían en tribu, las que se informaron, las que fueron atacadas, las que enfermaron y no pudieron continuar aunque lo deseaban con el corazón, para las que no querían hacerlo y ahora dos años después continúan, para nuestras parejas y para las personas que nos ven mientras amamantando y no entienden por que seguir si el niño ya esta "grande", la mejor forma de romper los mitos es con información y sin juicios, es mostrar el rostro de alguien que también tuvo dudas y reconocer que no hay nada malo en pedir ayuda.

Mas información CLÍCK AQUÍ



Enlaces sugeridos:

www.maternidadempoderada.org
www.nacertemprano.org
http://www.llli.org/mexico.html






¿Por qué decidimos escolarizar a nuestro hijo?




Tras recibir varios mensajes con la pregunta que titula este post en mi inbox, decidí escribir y compartir, abriendo el corazón, el por qué mi compañero de vida y yo decidimos escolarizar a nuestro hijo.

Desde que nuestro crío comenzó a darnos señal de sus primeros aprendizajes, esos que son guiados por el instinto, es decir, desde que llegó a casa, comencé a cuestionarme profundamente el tipo de educación que le podría dar. Muy pronto, descubrí que deseaba hacer escuela en casa, y así, dar a mi hijo la bella libertad de aprender lo que su corazón fuera pidiendo, a su ritmo y a su tiempo. Pues bien, ahora con la decisión de escolarizarlo, el fin sigue siendo el mismo: que sea el corazón de Aldebarán el que lo guíe hacia cada aprendizaje, no importando el lugar.

Durante tres años y medio Aldebarán y yo estuvimos muy juntos, con su padre, en distintas "aventuras", como llamábamos a cada situación de nuestros días. Convivimos mucho y en profunda empatía y simpatía, tras decidir dejar de trabajar durante sus primeros meses y acompañarlo en su crecimiento, me dediqué a danzar al ritmo que danzan los papás de los bebés nacidos prematuros. Durante año y medio nuestro itinerario semanal contempló visitas a hospitales varios y a especialistas. Viví intensamente la díada que formamos desde su llegada al mundo, y así, sanando el vínculo de nuestra separación primaria (su estancia en UCIN y en el hospital por más de 50 días tras su nacimiento), me di a la experiencia de una maternidad informada, intensa y amorosa.

Luego de superar el peligro de los primeros dos años de los niños nacidos prematuros, todos comenzamos una nueva etapa, que incluyó emprender, dar estabilidad al hogar propio, integrarnos desde otro punto como familia, es decir, dejar de traer al presente la prematuridad de Aldebarán, y sí... finalmente, ¡viajar y viajar! Gracias al mei tai, logramos llevar a nuestro pequeño a todas partes: bancos, citas con los clientes, oficina, edificios gubernamentales, el aeropuerto, a sitios cercanos y lejanos, siempre unido a nosotros, siempre siendo parte de la agenda de trabajo de papá y mamá. Por supuesto, muchos nos alentaban a dejarlo en una estancia, a no llevarlo con los clientes por aquello de dar "una mala apariencia", pero integrando esos espejos, siempre decidimos  -y lo digo con una gran sonrisa, como en broma- que nuestro hijo era parte del "negocio familiar", y desde el punto de vista educacional, siempre supimos que no había mejor manera de conocer el mundo y aprender, que al lado de quienes lo trajeron a él.  

Cuando Aldebarán nació tuvo un derrame cerebral importante, y tras el mismo le diagnosticaron leucomalacia periventricular, que podía desarrollar una parálisis cerebral. Para nosotros fue muy importante disminuir el riesgo: estimularlo, cantarle, llevarlo con la especialista en intervención temprana, y sobre todo, hacernos cargo por completo y a tiempo completo de su cuidado y su educación. Hoy en día, nuestro hijo es un guerrero sano, con mucha energía y una inteligencia admirable. 

Pronto cumplió tres años de vida, y fue entonces que decidimos realizar actividades guiadas y darle ciclos con estructuras más estables, compramos varios libros en el tema del Unschooling, Pedagogía Waldorf y Homeschooling. Me dediqué entonces, a apoyarlo, a instruirlo de manera más activa, y todo fue maravilloso hasta que descubrí dos cosas: que mamá no siempre era la mejor compañera de juegos y aprendizaje de Aldebarán, y que Aldebarán no siempre era el mejor compañero de trabajo de mamá. 

La segunda mitad del año pasado fue transformadora para los tres. Con el paso del otoño comenzamos a mirar que nacían de cada uno nuevas inquietudes: Aldebarán pronto comenzó a extrañar más y más convivir y jugar con sus amigos y primos de la misma edad que él. Y yo comencé a mirar que el corazón deseaba darse un descanso de maternidad intensa, para comenzar a abrazar una maternidad que lograra tejerse en armonía con un compromiso personal, profesional y de pareja. Con la próxima mudanza - en todos los sentidos- venía la decisión de escolarizar a nuestro hijo.

He aquí entonces, que la razón por la cual decidimos escolarizar a Aldebarán ha sido muy personal, amorosa y llena de confianza. En el proceso, mi compañero y yo, hemos decidido confiar en otras personas para apoyarnos en el cuidado y guía de nuestro hijo; hemos decidido también que en cuanto veamos que la creatividad o fuego de nuestro crío se vean menguados o lastimados , o simplemente la vida nos lleve a otra manera de estar, revaloraremos nuestras opciones, y sobre todo, hemos decidido escolarizar a Aldebarán: pero la educación darla en casa, así él sabrá decidir, cuestionar, aceptar e integrar a su vida lo que considere necesario integrar.

Hoy fue su primer día de escuela, y cuando salió, nos miró sonriente y nos dijo que le había gustado mucho, que había hecho dos nuevos amigos y que deseaba regresar al otro día. Este ingreso a la escuela ha sido un verdadero ritual y lo hemos tomado todos como una gran iniciación, decidimos hacer de esta experiencia algo sagrado, algo que cierra y abre otro ciclo familiar: Aldebarán está comenzando a tomar nuevas estructuras y amistades fuera de casa, y una sabia voz interior me dice que todo ha sido perfecto, que ahora podemos organizarnos los tres en una manera distinta, confiando en la vida, integrando los espejos externos mientras pertenecemos a este maravilloso clan que se reúne por la tarde, para cerrar el día y compartir experiencias del mundo. 
















La Maternidad: Servir al Universo




Soy muy honesta: yo aprendí muy bien a funcionar en el mundo patriarcal. Siempre que exploraba los arquetipos femeninos caía en cuenta que me identificaba muy bien con la diosa griega Atenea, hija del padre, poderosa desde lo masculino. Y en la vida cotidiana aprendí muy bien a ser esa hija del padre, del patriarcado, a funcionar a través de no escucharme, a ser estratega, a obtener un puesto patriarcal entre los patriarcas, a luchar desde la separación; lo hice acaso como una forma de supervivencia, y tal vez para vivir esa polaridad divina de estar bien implantada en lo masculino para después encontrarme en colisión con lo femenino, y mirar amorosamente más allá del escudo (de ese escudo que porta Atenea)… hacia esa imagen de la Gorgona, de la mujer sabia, que vuelve piedra al patriarcado, que lo deja sin armas ante su intuitivo ojo.

Para mí el tiempo de ir más allá del escudo me llegó con la maternidad (...) 



¿Decirle "NO" puede ser positivo?


Mi crío ha encontrado la fascinación de la pequeñita palabra "NO"..."No, no, no", "¡No, mamá!", dice con orgullo, y a veces con desafío.

Sabía que pronto llegaría esta etapa. ¡Lo sabía, vamos hasta la esperaba! Mi hijo siempre había mostrado tener un temperamento fuerte, y ahora, pasados sus dos años de vida, esperaba yo ver cómo le sucedería abrazar su primera independencia. Esto es como tener un pequeño, pequeñito, adolescente: un chico rebelde que con vaso entrenador en mano osa pasear con su triciclo por toda la casa hasta que se cae, se lastima la mano, ¡y vuelve con mamá para que le de besos y lo abrace!

¡Y me fascina mirar cómo goza su libertad, las posibilidades de su cuerpo! Me encanta mirar cómo brinca de un lado a otro, cómo salta de la cama al suelo, cómo escala los sillones, cómo desea resguardar sus espacios y cómo trepa la mesa hasta conseguir una deliciosa banana. De pronto, por supuesto, sus "Nos" se cruzan con los míos, con los de papá y hasta los de las abuelas, sin embargo, he aprendido a respetar y entender su "primera adolescencia" y me siento mucho más asertiva al manejar sus enojos y su deseo por proteger sus espacios sagrados.

¿Qué me ha enseñado mi adolescente de dos años de edad? Que...


Está bien decir "NO"

Para él, decir "no" es una forma de mostrar límites, y justo el respeto a que pueda decirlo marcará que en un futuro pueda decir que no cuando no desea hacer algo que pueda no ir con sus valores o sus deseos. Y no sólo para él, para mí decir no de cuando en cuando me ha ayudado a resignificar la palabra y a evitar accidentes e incidentes. 

En un principio sólo deseaba decir "sí" o darle alternativas, en todo momento evitaba la pequeña palabra negativa pensando que podía hasta ocasionarle "alguna situación". Sin embargo, me he dado cuenta que decir no es sano cuando de verdad es necesario decirlo. ¡Y por supuesto se lo permito a él!

En nuestra sociedad los "no" y los "sí" nos los tomamos como algo personal, y de pronto, aún en nuestra completa adultez-madurez, en ocasiones, no logramos vislumbrar que decirlos tiene que ver más con   la justa petición de respeto a los espacios y tiempos sagrados de cada persona. Es un derecho divino decir lo uno o lo otro. Así también cuando se trata de nuestros increíbles toddlers.



Hay que poner el Sí y No sobre la balanza

Mi hijo mira con curiosidad la manera en que mamá mueve el cuchillo velozmente (¡bueno, bueno, ni tan veloz!) sobre los tomates... para él es algo nuevo, y por supuesto, ¡quiere probar! De pronto, se da el momento perfecto para que él intente hacer lo suyo, y claro, yo exclamo ¡No!... Él se asusta, se irrita y pone tremendo rostro. En una intuición fuerte comienzo a explicarle que puede cortarse, que mamá se asustó y que ahora, puede ayudarlo a cortar los tomates con ese extraño juguete. 

Mi crío sabe que puede hacer distintas cosas con ayuda de papá o mamá; sabe por ejemplo, que no debe salir corriendo y bajar la banqueta, sabe también que hay "coches grandes" que pueden lastimarlo si él no toma la mano de un adulto al cruzar la calle, sabe que puede bajar las escaleras él solo si se ayuda con el barandal o la pared. Sabe que en ocasiones no podrá seguir ayudándome con el cuchillo pero a cambio podrá jugar con un bowl y los limones. 



Hablar, hablar, hablar y de pronto, dar una señal respetuosa de "no".

En estos años juntos, mi crío y yo hemos tenido vasto espacio para conocernos, él sabe que cuando giro un poco la cabeza inclinándola hacia abajo y a la izquierda eso significa "eso no es correcto hacerlo", sabe que cuando alzo la mirada y digo "hey" expreso también, que no estoy de acuerdo. Y justo estas alternativas me han ayudado a comunicarme.

Hablar con él y "contarle el mundo" nos ha ayudado muchísimo a respetar nuestros espacios, de los tres, mío, de él y de su papá. Prácticamente yo le cuento todo lo que hago, todo lo que sucede en casa: mamá necesita sentarse a leer, tú también lo puedes hacer con tus libros... estas son las tarjetas de mamá y tú puedes jugar con ellas siempre y cuando me pidas permiso, ésta es tu habitación y aquí puedes jugar cuando desees, voy a salir y vendrás conmigo, otro día podrás quedarte cuando esté tu papá o tu abuela... ¡Y por supuesto, ellos saben, ellos entienden!

Hoy por la tarde, luego de comer con su abuela, nos subimos al automóvil, de pronto la abuela preguntó "¿Qué es esto?" y mi crío respondió con toda seguridad: "Es una cobijita que mima lleva a los bebés pematudos"... La abuela se sorprendió, y yo también porque esa explicación se la había dado yo tres meses atrás, cuando recién habían llegado los donativos que llevaríamos a los hospitales. Tres meses después recordaba muy bien lo que mamá le había explicado. Por supuesto, si les contamos el mundo, si respetuosamente los incluimos en nuestras actividades, ellos entienden y comienzan a integrarse.



Si hay demasiados "Nos" tengamos un día que propicie los "Sí"

Los días en que más "Nos" salen de mi boca, de la boca de papá y de la boca de nuestro hijo ¡es cuando vamos a la oficina! Por supuesto, mi hijo -como todos los críos de su edad- tiene un alma exploradora, deseosa de tocar esos botones tan extraños en el fax o en la computadora; por supuesto, ansioso está mi crío en llegar hasta la plantita en la esquina de la ventana que parece perfecto escalón para lograr una miradita a la calle. 

¡Estos días de oficina son detonantes! Con ellos he logrado reflexionar que una gran parte del tiempo en familia nuestros hijos están haciendo lo que papá o mamá desean. Y si estamos en casa todo el día o en un espacio cerrado, por supuesto, los "nos", las frustraciones -de ambas partes- llegarán. 

Por eso es que hemos inaugurado un día a la semana como el "Day off", el día en que TODO es SÍ. Y nos vamos a un parque de juegos, y es un sí al columpio, a correr, a rodarnos por la tierra, a subir por la resbaladilla, a meternos por los aros, a comer un par de dulces, a parar por un helado, y cansarnos hasta llegar exhaustos a casa, listos para el baño y para dormir... esto último no es negociable, y se lo explicamos desde que salimos a realizar las actividades. 


...........


Mi niño me ha enseñado que está bien decir "No" cuando es necesario, y que tanto de mi lado como de su lado hay que mostrar respeto por ese no. En México existe una sociedad que nos enseña a decir en todo momento, y decir no es algo que frustra -a ambas partes- y en ocasiones, es algo intolerable, que es mejor evitar. No es malo, ni personal, al contrario... creo que decirlo nos lleva a proteger nuestros espacios sagrados y a poner límites amorosos. 

Si confiamos y escuchamos con el corazón los "nos", no sólo de nuestros hijos, pero  de quienes están alrededor, estoy segura que comenzaríamos a respetar más a los demás y a nosotros mismos. 













Reflexiones en torno a la Maternidad...



TRADUCCIÓN

Preguntamos a diferentes mamás: si pudieran regresar al momento justo antes de tener a su primer hijo, ¿qué se hubieran dicho a sí mismas?

...Éstas fueron sus respuestas:

ERES HERMOSA
CONOCE A OTRAS MAMÁS
ESTÁ BIEN SENTIRSE ASUSTADA
¡MILLONES DE PAPÁS HAN SOBREVIVIDO AL INSOMNIO!
ESTÁ BIEN DARTE UN RESPIRO
TU MADRE TENÍA RAZÓN
EXTRAÑARÁS A MAMÁ
¡TENDRÁ EL COLOR DE TUS OJOS!
VAS A COMETER ERRORES
PERDÓNATE A TI MISMA
ESTO, TAMBIÉN PASARÁ
NADIE SABE REALMENTE LO QUE HACE
GOOGLE NO TIENE HIJOS
TÚ ERES LA EXPERTA
LOS HOMBRES REALES SABEN CAMBIAR PAÑALES
ESTÁS A PUNTO DE CONOCER EL VERDADERO AMOR
DATE EL TIEMPO PARA ENAMORARTE DE TU BEBÉ
DATE TIEMPO PARA TI MISMA
TÓMATE UN TIEMPO PARA VOLVER A ENTRAR EN ESOS VIEJOS JEANS
DEJA QUE LA ABUELA LO CONSIENTA
SE ENFERMARÁ Y TE QUEDARAS TODA LA NOCHE EN VELA MIRANDO QUE SU RESPIRACIÓN ESTÉ BIEN
SÉ VALIENTE
¡DUERME!



¿Y TÚ QUÉ TE HUBIERAS DICHO?

Cuestión de Ética y Mitos: ¿Doulas, terapeutas, consultoras de lactancia, expertas en porteo, educadoras o matriactivistas?



Ser madre y emprendedora desde casa es una realidad que se mira ya en diversos países del mundo, y México es uno de ellos. Hoy por hoy habemos más mamás interesadas a profundidad o bien informadas en temas como el parto, la lactancia, la crianza, el crecimiento personal, la nutrición consciente y la educación; temas que aunados a nuestra experiencia y formación devienen en gran provecho para las comunidades de madres, niñ@s y para la sociedad en general. Sin embargo, me parece interesante subrayar que en este mar de información y datos, también estamos corriendo el riesgo de caer en la desinformación, y peor aún, en la adopción de posturas o roles que podrían dar paso a la confusión, perjuicio y prejuicio de conceptos, personas y profesiones.


Esa cuestión de los títulos y los conceptos en lo personal y en lo profesional. 



Es una realidad maravillosa que a diario nuevas pequeñas empresas se estén creando y dando a conocer en internet. Es admirable que muchas mujeres, pero sobretodo madres, estén encontrando nichos para satisfacer en el emprendimiento online, conjuntando así su experiencia de maternidad con su participación activa en la economía familiar.

No obstante, a la par de esto me asusta ver también, la falta de ética con que fácilmente pueden llegar a manejarse muchas otras personas y mamás en cuanto a la conducción de su emprendimiento. Pues considero, que es un acto de gran irresponsabilidad adoptar en hondo desconocimiento una postura, un rol o una filosofía, simplemente porque "vende bien" o porque "está de moda".

Así, he observado que en muchos de estos negocios u ofrecimiento de servicios "profesionales" se utilizan como estandarte "la crianza con apego", "la terapia de contención", "el parto humanizado","el parto vertical", y hasta la palabra "doula", desde el error, la falsa idea o el juicio personal.  

Esto me parece grave porque considero que es una manera de lucrar desde la ignorancia, y a costa de otros prestador@s o empresari@s que en verdad están preparad@s y ofrecen servicios o productos con pleno conocimiento, experiencia y preparación. Ya que es necesario decirlo: un par de libros de Laura Gutman en el bolso no nos hacen terapeutas, un par de libros de Laura Rincón Gallardo no nos hacen expertas en contención y acompañar el parto de nuestra hermana no nos da el título de doulas. Es necesario decirlo así, pues cada vez se hacen más públicas las prácticas deshonestas que se dan en México en cuestiones perinatales, de maternidad y de crianza, poniendo en severo riesgo la vida o la calidad de vida de mamás y bebés.

Parece que no es tan grave, sin embargo, si lo reflexionamos cada vez más se difunde información errónea que impregna decisiones y aprisiona en un prejuicio la posibilidad de acceder a la verdad y al bienestar integral. 

Por un lado, como personas, madres e incluso matriactivistas, podemos compartir nuestras posturas, opiniones y pensamientos con plena libertad, validando o no prácticas de crianza, formas de nacimiento, terapias y hasta movimientos sociales. No obstante, si decidimos hacerlo de forma profesional, es necesario que actuemos así, profesionalmente, desde lo ético y evitando en todo momento la parcialidad o tergiversación de información.




Esa cuestión de la Ética al ofrecer un producto o servicio en nichos emergentes para la familia.



Crianza con Apego, Nacimiento humanizado, Parto vertical, Lactivismo, Doula, Terapia de contención, Porteo, Contención, Crianza en brazos y Psicoprofilaxis son términos y palabras que se han vuelto de reciente manejo público, no así, todavía, su significado e historia.

En este sentido, es trascendental que nos informemos, que leamos, que nos involucremos en grupos de discusión, que conozcamos la fuente origen y de ser posible, comencemos el diálogo con personas afines en nuestras comunidades, estados o en diversos lugares del país.

Como madres (y padres) cuyos clientes potenciales son otros padres, madres, niñ@s y bebés, es necesario que actuemos con plena honestidad y ética, anteponiendo el criterio profesional a todo juicio subjetivo y personal.

La preparación es crucial siempre, sin embargo, al tratarse de la promesa de calidad en servicios y productos  relacionados con el nacimiento, la crianza, la lactancia y la vinculación madre-hij@, me parece IMPERANTE el aprendizaje, la preparación, el conocimiento, la experiencia y la disposición que podamos ofrecer a nuestros clientes.

Cualquier persona llamaría irresponsable e incluso, denunciaría, a otra persona que monta un consultorio, se pone bata blanca y osa realizar diagnósticos médicos, sin tener una cédula que lo avale o una preparación previa. Me parece que es la misma situación cuando hablamos sin profundo conocimiento de temas como la terapia de contención, el porteo, la lactancia, los modos de nacimiento o el trabajo de una doula o de la educadora perinatal. 

No es posible que en la red todavía aparezcan imágenes de proveedores de artículos de porteo con bebés mirando de cara al mundo o refiriendo que el rebozo es terapia de contención pura; no es digno que haya mujeres que instiguen a otras mujeres a parir solas en casa con tal de no pisar un hospital, o que den una consulta de lactancia y la cobren sin estar debidamente preparadas para ello.




Existen muchos mitos y creencias falsas que me decido abordar, con la finalidad de abrir camino al servicio con información y la promesa de calidad desde la honestidad.


FALSOS MITOS



UNO: La Doula




Mucho se dice en torno a este mágico personaje que acompaña a la mujer en su parto y/o post-parto. Sobretodo en los últimos años en los cuales su labor se ha vuelto más conocida en México. Algunos falsos mitos que se dicen son los siguientes:

* La doula es el remplazo del papá en el parto.
Esto no es verdad. La doula acompaña principalmente a la madre en el nacimiento de su hij@, sin embargo, apoya también al padre para que esté seguro en su rol y atienda el nacimiento.

* La doula sólo está a favor de los partos en casa.
La doula apoya a la madre en cualquier decisión informada que ella tome en cuanto a cómo, dónde y con quién desea dar a luz. La doula no enjuicia a la mujer que decide tener una cesárea, no intenta cambiar su opinión, no aconseja. La doula solamente acompaña.

* La doula puede adoptar el rol de educadora perinatal.
La doula no educa a la madre, la informa y le proporciona información que puede ser decisiva en la elección de la mamá en cómo, cuándo y con quién dar a luz, sin embargo, es doula no educadora perinatal.

* La doula es como una enfermera.
La doula no hace tareas clínicas o médicas, aún cuando puede tener una preparación clínica, mientras está en su rol de doula, el único soporte que debe proporcionar es el de apoyo emocional.

* La doula no necesita prepararse, la vocación la lleva en el corazón.
La doula necesita prepararse, obtener conocimientos y actualizarse en fisiología del embarazo y parto, en crianza, en lactancia, en educación perinatal y otros conocimientos de su competencia. Aún cuando no existe una licenciatura, existen muchos seminarios, talleres y cursos que completan su vocación y que deben ser parte de su experiencia.

* La teoría me convierte en doula.
Es la teoría y la práctica, pero sobretodo la segunda, la que da el mote de doula. Es la experiencia, el acompañamiento y el trabajo continuo, la dedicación, la vocación y el conocimiento aplicado, lo que hará que una mujer se convierta en doula.

* El trabajo de doula es informal.
El trabajo de doula es tan formal como se desee. Hay normas internacionales y códigos de ética que la apoyan en la formalidad de su ejercicio. La informalidad es algo que depende de cada doula.

Fuentes consultadas:


"Myths debunked", Savanna Doula Services. 
http://savannahdoula.com/Doula_Myths.html


"¿Qué es una doula, monitriz o asistente de parto?, Parto Suave
http://partosuave.galeon.com/enlaces1969543.html


"Code of Ethics for Birth Doulas", DONA International
http://www.dona.org/aboutus/code_of_ethics_birth.php


"Code of Practice", Find a Doula
http://www.findadoula.com/Professionals/practice.htm







DOS: La Terapia de Contención





En el mundo de habla hispana ha sido introducida por Laura Rincón Gallardo, psicoterapeuta
mexicana que se formó con Jirina Prekop en Alemania. Estos son tres mitos alrededor de esta terapia.




* Usar el rebozo es hacer terapia de contención.
Nada más erróneo que esto. La terapia de contención ayuda en la sanación de los problemas de vinculación. La terapia de contención NO es un método educativo, tampoco es similar a estar cargando todo el día al bebé en rebozo. El rebozo NO es un sustituto de la terapia de contención. Si bien es un medio, una herramienta y no una solución.

* Cualquiera puede hacer contención.
La terapia de contención solamente la puede realizar "un terapeuta que previamente ha sido entrenado y orientado a la madre o al padre para que tome consciencia de los conflictos personales que interfieren en la relación con sus hij@s".


* Terapia de contención y Crianza con apego son lo mismo.
Es posible que la confusión provenga de los nombres (Attachment Parenting y Attachment/Holding Therapy), y de las tempranas contribuciones que a la terapia hicieron personas importantes en la Crianza con apego y el concepto de Continuum como Bowlby y Klaus, sin embargo, uno y otro son distintos. La Crianza con apego es una concepción creada por el Doctor William Sears para referir a un estilo de crianza, mientras la terapia de contención es una propuesta de la Doctora Martha Welch, retomada por Jirina Prekop y acunada con algunos cambios por Laura Rincón Gallardo, aquí en México.


Fuentes consultadas:
"Terapia de contención", Medicina Alternativa y Naturopatía   
http://www.medicina-alternativa-naturopatia.com/terapia-de-contencion-jirina-prekop.html

El abrazo que lleva al amor, Laura Rincón Gallardo, Prekop Editorial, México.


El abrazo con sentido, Laura Rincón Gallardo, Prekop Editorial, México.








TRES: La Crianza con Apego




Esta forma de criar y educar cuyos ocho principios fueron concebidos por William Sears, ha sido motivo de mitos y creencias falsas. Incluso se ha llegado a tomar como una especie de Biblia o receta de cocina para "hacer niños bien portados". Estos son algunos de estos mitos y creencias falsas:


* La Crianza con Apego es un nuevo estilo de criar.
La Crianza con Apego está basada en la satisfacción de las necesidades biológicas básicas del bebé. Sus herramientas proporcionan lo que el bebé necesita para crecer sano, no sólo en lo físico, pero también en lo emocional. Es un modelo de crianza natural, instintiva y ancestral. 


* Si deseas que tu hijo sea bueno debes aplicar las 8B's de la Crianza con Apego (Birthbonding, Breasfeeding, Beding close to baby, Beliefe in your baby's cry, Beware of baby trainers, Balance, Both)
Si bien estas ocho herramientas son maravillosas, no sirven para hacer "niños buenos", pero sí para como padre o madre crear una conexión única y fuerte vinculación con tu hij@. La finalidad de la Crianza con Apego es la CONEXIÓN y no la obediencia. 


* Si no amamanto o llevo a mi hijo en un cargador ya no estoy criando con apego o respeto.
Las ocho B's son herramientas, medios para ayudar a la conexión padres-hijos, sin embargo, si no es posible llevar a cabo alguna de éstas, la crianza respetuosa continúa. Hay padres, por ejemplo, que deciden no colechar, sin embargo, activamente trabajan en la conexión con sus hijos a través de las otras herramientas.


* Crianza con apego significa cero límites.
Los límites son entendidos de forma distinta en la Crianza con apego, los límites no son regaños, reprimendas o palabras restrictivas en voz alta que se le dicen a l@s hij@s para que se porten bien y sean "educados". Los límites son entendidos desde la empatía y a manera de protección de la salud e integridad de l@s hij@s.


* Crianza con apego significa padres permisivos.
La Criana con Apego no cree en los golpes como medios para disciplinar, tampoco en las palabras altisonantes y mucho menos en el autoritarismo. No cree en la creencia de "los hijos de tomarán la medida", pues se considera que l@s niñ@s NO PIDEN LO QUE NO NECESITAN. Por tanto, es importante estar pendientes de su llanto y sus necesidades en todo momento, sin pensar que su único fin es manipular. 





Fuentes consultadas:


"Principles", Attachment Parenting.org. 
http://www.attachmentparenting.org/principles/principles.php


"Las ocho B de la Crianza con Apego,  Bebés y Más
http://www.bebesymas.com/ser-padres/las-ocho-b-de-la-crianza-con-apego


The Attachment Parenting Book, William Sears and Martha Sears, Little Brown and Company, Nueva York 










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Mi necesidad en este post no es la de enjuiciar prácticas o personas, si no de inspirar prácticas éticas y personas más éticas en cuanto al ofrecimiento de productos y servicios. 

Considero que siempre es posible prepararnos en mayor o menor medida para esa actividad que nos dará la oportunidad de apoyar la manutención familiar o incluso, sostenernos y sostener a nuestra familia. 

Recordemos que la información es poderosa, sí, pero hasta que comenzamos a usarla con sabiduría.















  

Escribo este post a las 3:12am tras ser despertada por mi crío...




"Escribo este post a las 3:12am tras ser despertada por mi crío..."

Y fui despertada por sus palabras, su pie y su manita. "Mamá" decía, mientras tocaba con su mano y pie mi cuerpo. Tiene mucho calor, pensé. Lo acaricié y  le dí palmaditas en  la espalda. En seguida su papá se levantó y fue a prepararnos un par de bebidas. Regresó a la habitación, bebimos, nos dimos besos, nos acariciamos y volvimos a dormir... bueno yo no, pero ellos continúan dormidos en la cama. Sí los tres dormimos no sólo en la misma habitación, sino en la misma cama. Y para mi éste, es un instante en la vida, de esos encantadores, que prevalecen en el corazón.

Ahora, tengo insomnio. Sin embargo, no es que me hubiera causado insomnio el que me hijo me haya necesitado a las 2:30am para que lo reconfortara un poco. No. Eso de levantarme por las noches ha sido pan de cada día desde que  mi hijo llegó a casa. Más bien, reflexiono la situación, miro el rostro plácido de mi hijo que duerme "a sus anchas" en mi cama, adueñándose de almohadas y sábanas. Pienso no, ésta no es mi cama, ésta es Su cama. Y no concibo verlo, en toda su fragilidad, dormido en la habitación contigua, tras las rejas de su cuna, tolerando él solo sus necesidades porque haya hecho consciente ya, que papá o mamá no están disponibles durante la noche.

El punto es, que me sensibiliza hondamente pensar que todavía somos/o reflejamos una cultura occidental "modernizada" que se cobija en métodos obsoletos para justificar la imposición de necesidades del más fuerte. Que "abrigados" por la lógica y  la razón y lo que debe ser, y uno que otro autor patriarcal, imponemos nuestras creencias, nuestras exigencias y nuestras imposibilidades a los que nos acompañan y siguen: a nuestros hijos.  

Pienso qué tan a merced están los niños de una sociedad que si bien no se basa ya en el porque lo digo yo, si se basa aún en el porque lo necesito yo -que soy tu padre/madre... Y me estremezco.

Cuando pienso en todas las mujeres que me dicen y me cuentan que se desapegan de sus hijos   porque necesitan llevar una rutina de sueño, porque la maternidad les está viniendo mal, porque es terrible despertarse de madrugada, porque los niños se les enferman en muy mal momento, porque los niños no se comportan, porque son demasiado demandantes, porque necesitan límites (¿bebés de ocho meses?), porque necesitan una rutina específica, porque necesitan al niño en su cuarto para dormir bien y no despertarse de mal humor, et cétera, pienso dos cosas: 

una, que como adultos somos niños muy heridos en busca aún de satisfacer nuestras necesidades infantiles 

y dos, que la salida más fácil siempre es erradicar el problema reflejado en nuestros hijos y no desde su raíz en nosotros. 

Reflexiono la sociedad que somos, aún basada en violencia y abuso emocional. Es decir, como padres y madres podemos hacer lo que queramos con nuestros hijos, y en ocasiones este gran poder sólo se aprovecha para imponer nuestros deseos y poner a los hijos a nuestro servicio y no al revés, lo cual, visto detenidamente, resulta muy triste.

Así, no concibo cómo nuestras relaciones interpersonales, que deberían estar basadas en el amor, estén basadas en la funcionalidad. El decir "yo hago contigo esto porque me funciona muy bien" no significa que al otro le esté funcionando también. Aquí no hay empatía alguna, y que no exista ese ingrediente en una relación padre-madre-hijo, honestamente, me cimbra. Me provoca, todavía, porque justo el exceso de esta sociedad moderna, industrializada y de posguerra ha sido establecer relaciones personales a partir de la funcionalidad y la imposición de necesidades del más fuerte, pero no de amor, ni cordialidad.

Y no, no creo que la cordialidad o el amor o el apego en las relaciones que tendemos con nuestros hijos devengan de una mera cuestión de estilos de crianza. No. No creo que el amor y el apego sean un estilo de amar, y la indiferencia sea otro estilo, y la violencia otro estilo, o el maltrato, o   la dureza sean estilos distintos y todos sean "estilos respetables". No. Aquí no se trata de estar a favor o en contra de uno u otro "modo" de crecer a los hijos. Sino, de darnos cuenta que la naturaleza humana es frágil, y que toda relación primera siempre NECESITA CONEXIÓN. 

La creencia que nos aniquila es la que arremete desde la primera conexión, la conexión con los padres, con el origen... Desde la violencia sutil pero punzante que se ejerce cuando se piensa la maternidad/paternidad como un campo de batalla donde uno de los involucrados tiene que salir avante, y siempre debe ser papá o mamá, por que los hijos no nos deberían tomar la medida.  

Ojalá podamos salir de la discusión fácil en la que nos limitamos a pedir respeto por lo que pensamos y ya. Porque no es cuestión de respeto nada más. Eso está más que sentado. La madre que aquí en México le sacó los ojos a su pequeño en días recientes, bien podría pedir que se respete lo que hizo, pero está claro que va más allá de eso. Y estoy, por supuesto, hablando de un caso extremo. 

Es decir, ojalá como madres y padres nos aventuremos a ser más críticos, y sobretodo autocríticos, no con respecto a nuestros "estilos de crianza", más bien con respecto a nuestras formas de estar para nuestros hijos, de nuestra disponibilidad y empatía para con ellos, pues considero que es ahí donde está la reflexión y el corazón de nuestra manera de criar.      









Nuestro continuum o de como me volví una mamá emprendedora.




Cuando Aldebarán nació prematuramente, debí tomar la decisión de salir a trabajar (pues cuando él salía del hospital, llegaba mi momento oficial de regresar al trabajo) o renunciar y quedarme en casa con él, disponible para él todo el tiempo. Con todo el corazón opté por lo segundo.

Y debo confesar que lo hice, porque sentí una gran necesidad en mi de estar cerca de mi hijo, como una especie de necesidad de "completarlo". Sin saberlo, poco a poco fui dando paso a nuestro continuum, y digo nuestro porque yo también necesitaba "completarme" como mamá.

En un principio resultó un poco difícil, pues mi madre y mis tías me decían que lo dejara llorar en su cuna, que no lo cargara tanto, que no lo trajera todo el día conmigo. Sin embargo, yo lo veía tan pequeño (pesaba solo 2kg), que no hacía más que enojarme con ellas y hacer lo que mi corazón me dictaba. Y así andaba yo, todo el día en la casa, pendiente de sus necesidades, llevándolo conmigo siempre en mi rol de madre-cangura. 

En algunos momentos me preguntaba ¿Cuándo volverá todo a la normalidad?... Es decir, esperaba que en algún momento las necesidades de mi hijo fueran menos y pudiera yo tener más tiempo para mí, para la lectura, para la escritura y para salir con mi esposo como antes. ¡Plop! Esa "normalidad" nunca más llegaría. 

Me sentía partida en dos. Una parte de mi deseaba volver a la vida pasada, y otra parte de mi, se daba cuenta que esto no era posible, pues mi corazón había tomado la forma y cuerpo de mi hijo. Sin embargo, a pesar de mis luchas internas, que fueron muchas, nunca me separé de mi crío. 

A sus ocho meses, decidí comenzar a trabajar para una consultora, y decidí hacerlo porque mi jefe me permitía llevarlo conmigo a la oficina. Así comenzamos otra aventura juntos. Diariamente nos levantábamos temprano, nos bañábamos y nos íbamos a trabajar. Todo iba bien, siempre y cuando estuviéramos en la oficina; pues pronto me dí cuenta que en conferencias, reuniones ejecutivas o comidas de negocios, mi hijo no era bienvenido... y por tanto, tampoco lo era yo.

"Es que, ¿cuando has visto que los bebés se pueden llevar al trabajo?, eso no es ejecutivo" -Me decían.

En efecto, me di cuenta que faltaba muy poco -mi hijo comenzaba a gatear, para que esa utopía de llevarlo conmigo al trabajo terminara. 

Fue entonces cuando decidí ya no salir a trabajar. 

Y así, durante seis meses, mi esposo se quedó con toda la carga de manutención, trabajando ocho horas diarias, descansando sólo fines de semana. Yo le dije que tenía muchas ideas en mente, que me esperara, y que me permitiera dejarlas madurar. Entretanto me permitía reflexionar en torno a mi maternidad y a esa normalidad que nunca regresaría. 

Agradezco mucho la oportunidad que me brindó, pues sin ese tiempo y su ausencia no me hubiera dado cuenta de tantas cosas, ni hubiera abrazado mi maternidad de esta manera tan maravillosa. 

Luego de ese tiempo a solas con mi hijo y conmigo, me di cuenta que no podría volver a trabajar como lo hacía y en los lugares que solía hacerlo, pues no podía llevar conmigo a mi hijo que ya caminaba y corría por todos lados,  y tampoco estábamos listos para una guardería o comunidad de niños. 

Esa necesidad, de no separarnos nunca, nos llevó a mi esposo y a mi a considerar el riesgo de sostener la vida desde una forma distinta. Ambos deseábamos con todo el corazón estar cerca de nuestro hijo las 24 horas, que nos sintiera cerca y disponibles para él. Y aunque para todo mundo fue una locura, para nosotros resultó la gran posibilidad.

Decidimos entonces comenzar a trabajar desde casa, y montar una pequeña empresa. 

Con una honda alegría puedo decir que llevo un año nueve meses sin apartar la mirada de mi hijo, y que luego de esa terrible separación de un mes, en la que mi pequeño estuvo en el hospital, no nos hemos vuelto a separar nunca. 

Somos una familia de tres a todos lados que vamos. Dormimos juntos, comemos juntos, caminamos juntos, vamos juntos al supermercado, al parque, al banco, a la oficina, a las instancias gubernamentales, al aeropuerto, a la casa de bolsa y a la firma de documentos importantes.

Somos un papá y una mamá, a quienes el continuum, ha cambiado la vida.

Soy una mamá que lleva su corazón a la espalda.

¿Y qué puedo decir de mi hijo? ¡Es maravilloso! Alegre, seguro, con muchas habilidades e inteligencia desarrolladas. Hoy sé que escuchar a mi instinto y dejarme sentir todo este apego, ha sido la mejor forma de sostener nuestras vidas. 










Un parto prematuro tuvo antes una ruptura prematura.



Cuando platico esto con algunas mujeres y madres, de bebés prematuros o no, me resulta una situación difícil porque intento en mis palabras no herir susceptibilidades, y sin embargo, pocas veces lo logro. 

Pero el punto es éste, que entendí que para desencadenarse un parto prematuro, la madre debió desvincularse antes de su cuerpo o de su bebé o de ella misma o de todo. Y esto me sucedió a mí.

Cuando yo me embaracé lo hice desde un amor muy profundo, arrebatada en la presencia de mi esposo, con felicidad. Y conforme pasaron las semanas, los cambios en todas mis facetas, mis emociones y mis supuestas necesidades me fueron abrumando. Hoy me doy cuenta que no estaba preparada para concebir a un ser humano. Esta es una responsabilidad enorme que debería tomarse con mayor consciencia. 

Así, concedí toda importancia al hecho de tener cosas materiales para mi hijo. Antes de cualquier cosa, me parecía imprescindible tener una cuna, una carriola, ropa de muchos colores, una habitación especial, un asiento especial para el automóvil, un columpio que lo arrullara, y me interesaba reunir suficiente dinero para pagar la mensualidad de la mejor guardería de la zona... en fin, ahora que lo veo a distancia, todos estos aditamentos hacían constar mi gran desvinculación con la maternidad misma.

Cabe decir que también me alimentaba de lecturas, videos, audios; me interesaba saber del crecimiento de mi pequeño semana a semana y seguía las guías en internet que tratan del desarrollo fetal. Es decir, dentro de mí sabía que debía prepararme, sin embargo, no tenía las herramientas para hacerlo.

Tenía 29 semanas de embarazo cuando una mañana mi esposo me levantó de la cama, asustado, pues había yo manchado la sábana. Inmediatamente me levanté y me revisé. Decidimos ir rumbo al hospital y bueno... todo un episodio lo que vino después. El punto es que, mientras estaba en el hospital, me recordaba de mi mala suerte y de lo "difícil" que era mi destino... Tocaba mi vientre y le pedía a mi pequeño que fuera fuerte y se quedara conmigo. Sólo en un pozo tan profundo y oscuro me daba cuenta de la importancia de la luz.

Esos días de hospital, de UCIN, de tráfico, de manos impecables, de gorro y cubrebocas, de elevadores, de banco de leche, de tardes en la cafetería del hospital y de besos a través del cristal de la incubadora, fueron eternos. A cada día correspondía un duelo distinto, una desgarre que se volvía enorme hendidura en el dolor de verme separada de mi hijo, y saberlo entre la vida y la muerte. 

Todo terminó cuando decidí hacerme cargo de mí y aceptarme responsable por todo lo que estaba sucediendo (y aquí digo responsable, no culpable). Así que comencé a trabajar con mis dolores personales, con mis pérdidas, con mis miedos. Comencé a entender que "algo" había sucedido y que me tocaba trabajar en ello. Y me tocaba por ser la madre, y porque sólo yo podía sanar la situación de mi hijo. Así de poderosa es una madre. Esto es algo que entendí muy bien, que ni médicos, ni especialistas, ni enfermeras, ni trabajadoras sociales iban a lograr hacer lo que yo, con amor y trabajo personal.

Hoy, que veo los días de UCIN muy distantes, y que mi trabajo personal, emocional y espiritual constante ha rebasado los 365 días, admito desde el corazón que yo fui responsable de la desvinculación que tuve con mi maternidad y que me llevó a tener un parto prematuro. Sin embargo, las cosas sucedieron así y hoy las veo como perfectas, pues me han llevado a una bella consciencia de lo que es el amor maternal y del gran poder que la vida de una madre tiene sobre la vida de su hijo.

Por supuesto, sigo trabajando conmigo y en mi relación con mi hijo. Entiendo que hay mucho por reparar aún, y me siento feliz por la consciencia y voluntad que ahora tengo para saber que así será. Como nota final, debo contar que sí compré la carriola, la cuna, decoré el cuarto exclusivamente para él, pero fueron gastos innecesarios y absurdos. Hoy sé que lo único que él necesita en esta primera infancia lo tiene disponible 24/7: nuestros brazos, nuestro cariño y nuestra cama.










  

¡Qué niño tan berrinchudo! Lo que necesita es... Empatía



Últimamente, me ha tocado leer y escuchar en diversos lugares virtuales y no virtuales, conversaciones en torno a esa famosa y "terrible" etapa de los berrinches en nuestros pequeños. Y es increíble ver como siempre es considerado un problema, un gran problema.

Yo creo que una vez más nos toca reflexionar en torno a la educación que ofrecemos.

* Les decimos "No", cuando intentan algo nuevo.
* Gritamos "deja ahí", cuando encuentran algo que les parece fascinante para ver y para tocar.
* Les ponemos el biberón, chupón o mordedera en su boca para evitar más llanto, para callarlos.
* Los sentamos aparte cuando estamos en la mesa para compartir los alimentos e incluso, cuando estamos a punto de dormir; o sucede también que los enviamos a otra habitación mientras charlamos acerca de "cosas de adultos", o evitamos comunicarnos con ellos porque "no nos van a entender".

Y luego de todo esto, esperamos que sepan manejar con diplomacia -por favor- su carácter y frustraciones. ¡No, no! ¡Cómo va a ser posible!

Hay que entender primero, que nuestros pequeños a su corta edad están en pleno desarrollo, absorbiendo rápido los estímulos que llegan de su exterior y tratando de adaptarlos a su experiencia diaria. Es descabellado entonces, esperar que actúen con plena "madurez" y "prudencia".  ¡Vamos, si ni siquiera como adultos logramos hacerlo!

¿Y qué sucede entonces?

Que nuestros hijos en su camino hacia el conocimiento de sí mismos, en la definición de su carácter y en el aprendizaje de su independencia, se encuentran con situaciones que los rebasan

Nos sucede como adultos, sin embargo nosotros, se supone, contamos con más herramientas. Ellos no.

Ellos, por ejemplo, no pueden controlarse así mismos, contenerse o entender las emociones por las cuales pasan. Tampoco saben discernir sus sentimientos o ponerles un nombre. ¡Vamos, a esa edad apenas cuentan con un vocabulario -por mucho- de 20 palabras para nombrar cosas básicas! Y pueden sentirse frustrados al ver sus limitaciones, o ver que otros -los adultos- tienen el colosal poder de limitarlos.  

Es necesario que como papás y mamás entendamos que el "berrinche" es parte del desarrollo normal de nuestros hijos, que es muy sano que puedan a su edad expresar su enojo y frustración. Y por favor, no los subestimemos, nos enojemos o peor aún, ¡los  ignoremos! 

¡Es importante, entender y asimilar que no hay nada más bello que el valor de la EMPATÍA! Que las cosas cambiarían mucho, si por unos segundos nos ponemos en los pequeños zapatos de nuestros hijos y les ayudamos con amor, a comunicar lo que desean. 

Es parte crucial de una crianza respetuosa ponernos a su nivel, a su estatura incluso, y darle opciones de elección. Por ejemplo, no es lo mismo decir "Ese juguete no es tuyo, déjalo ya", que decir "Ese juguete es de ella, ¿tú qué deseas tu carro o tu pelota?". Y por supuesto, no es lo mismo hablarle golpeado y enojado, que en calma y serenidad (que es justo lo que deseamos que cultive). Esto último puede costarnos más tiempo, pero al final, bien habrá valido la pena.

Por último quiero compartir algo que a mi esposo y a mi nos ha resultado mucho, lo aprendí de mi madre. Y es que ella me dice que cuando mi hijo esté haciendo un berrinche, me acerque yo a él y despacito le hable a su alma, la calme con la mía... Cuando lo hago, mi hijo, simplemente sonríe de forma pícara -como quien sabe su secreto descubierto- y al poco tiempo deja de hacer berrinche. Es eso. Le hago saber que tiene mi atención, que siempre tiene mi atención y que siempre estoy para él y a su servicio. Y entonces, nuestras almas y corazones se sintonizan en tranquilidad.








"Cuando las madres entregamos a nuestros hijos" texto de Laura Gutman



Transcribo estos fragmentos del texto de la terapeuta y escritora argentina Laura Gutman por que considero que se relaciona íntimamente con la realidad que vivimos en México.

Estos fragmentos fueron tomados de ésta página.

"Cuando nos horrorizamos por las noticias de actualidad en las que hay niños víctimas de asesinatos, solemos buscar con espanto al adulto que ha sido capaz de tamaña atrocidad. Por supuesto que es un hecho inadmisible. En eso estamos todos de acuerdo. Pero más espeluznante aún es reconocer que para que a un niño le suceda algo así en el seno de su hogar, es indispensable la entrega de la madre. ¿Qué significa? Para comprender cómo funciona la entrega, tendremos que “rebobinar” la película de la vida de ese niño, la de su madre y la de su padre, la de sus abuelos, la de toda la trama familiar… y reconocer un encadenamiento de violencias visibles e invisibles, mentiras, abandono emocional, rechazo, distancia y experiencias traumáticas, que desde el punto de vista del alma infantil, son difíciles de superar." 

"¿Qué hacemos las madres? Desoímos aquello que intentan decir los niños, minimizamos sus relatos, miramos para otro lado, negamos ciertas evidencias del padecimiento físico o emocional en los niños, descuidamos sus síntomas, justificamos ciertos hechos cuando alguien nos hace notar que las cosas no están bien, aprobamos los castigos que otras personas les infligen, nos aliamos a las versiones de otros adultos quienes incluso nos lastiman a nosotras…es decir, sostenemos, permitimos y avalamos diversos tipos de violencia sobre nuestros hijos." 

Hablar de Prematuridad...



"Un bebé prematuro es aquel que nace antes de las 37 semanas de gestación, es un bebé que nace inmaduro. Hay prematuros que nacen entre las 35 y 37 semanas se consideran moderadamente prematuros, si nacen entre las 30 y 34 semanas se consideran muy prematuros, si nacen entre las 26 y 29 semanas y tienen un peso alrededor de 750 a 1600 gramos se les llama prematuros extremos, y si nace antes de la semana 26 y pesa menos de 750 gramos, se les llama microprematuros" ...Palabras más, palabras menos, esta fue la explicación que nos dio la pediatra que atendería a mi hijo, ya fuera de la UCIN.

Mi hijo nació a las 29 semanas de gestación, pesó 1410 gramos y midió poco más de 30cm: un prematuro extremo o un gran prematuro; además, al nacer tuvo un derrame cerebral grado 3 (hay hasta 4 grados) que terminó en leucomalacia periventricular, ictericia, infección de pulmón y poco antes de darlo de alta le tuvieron que hacer una segunda transfusión, además de detenerlo una semana más en el hospital ante la probabilidad de haber desarrollado enterocolitis necrotizante. El panorama para él era muy desolador de acuerdo a los neonatólogos y especialistas, todos me decían que mi hijo necesitaría cuidados extremos, y que no me asustara ante la idea de tener un bebé con parálisis cerebral, entre otros padecimientos.

Al saber yo esto, como mamá, comencé a sentirme muy culpable. De inmediato me di cuenta de que "algo" estaba roto y necesitaba urgentemente dar con la sustancia que lo uniría de nuevo. Sin embargo, estaba muy perdida y confundida en el bullicio, entre las voces de las enfermeras, de los doctores, de las trabajadoras sociales, de mi madre, de mi familia, de mis amistades, de mi pareja, incluso de aquellos que sólo juzgaban. Muy mal hecho, ahora lo sé. Sin embargo, hubo una mujer muy en intimidad con la maternidad que me dijo y no se cansó de repetirme: escúchate solamente a ti y a tu hijo, a nadie más. Y así comencé a hacerlo.

En la segunda hospitalización que tuvimos, decidí darme el tiempo para escuchar en silencio lo que él quería decir, con cada llanto, con cada recaída, con cada ausencia de sueño, con cada nueva transfusión... Además, tuve la buena estrella de que mi madre me regalara el libro de Laura Rincón Gallardo "El abrazo que lleva al amor", y entre espacios de comida y cuidados lo leía, con minuciosa  inteligencia, con un cariño muy decidido. También me daba tiempo para escribir, y mientras me bañaba me permitía llorar, incansablemente. Todo el tiempo lucía yo triste y con los ojos hinchados. En verdad me dolía en lo profundo saber a mi hijo entre la vida y la muerte, sobretodo cuando todo debería ser llegada a la vida.

Así, cuando nos vimos en casa de nuevo, decidí ya no alarmarme ante cualquier situación extraña, decidí confiar en nuestro amor, vincularme con él y llevarlo conmigo todo el tiempo. Compré un fular, y resolví no escuchar a las que me decían "lo vas a embracilar, lo vas a hacer chillón, también ponle límites", etc. En mi corazón sabía que mi hijo necesitaba de mi tanto como yo de él, que necesitábamos fundirnos y reconocernos... y reponer todo el tiempo que no habíamos tenido juntos. Así que no me importó nada de lo que oía en el exterior, y continué escuchándonos, solamente a él y a mi. 

Y así, mes con mes fuera de la UCIN y al cuidado de mamá (porque papá debió ir a trabajar todo el día para pagar las enormes cuentas que necesita para disiparse la prematuridad), mi hijo empezó a dar señales de mejoría: su peso comenzó a incrementar, sus pruebas daban resultados alentadores, no se presentaban problemas de estómago o pulmones y su desarrollo psicomotor parecía ir bien. Nos estábamos reponiendo. Así, hasta llegar a los 13 meses, edad en que decidimos dejar de ver a la pediatra especialista para optar por métodos homeopáticos y naturales.

El cuidado físico ha ido siempre de la mano del cuidado emocional, y no sólo para mi hijo, si no para con nosotros dos como pareja y padres de él. Creo firmemente que toda enfermedad o padecimiento responde siempre a una crisis emocional o a un momento personal difícil. El cuerpo es tan sabio que habla lo que el corazón no dice. Y metafísicamente somos un todo que responde al todo. No hay más. El cuerpo físico sano es un gran trabajo del cuerpo emocional.  

Contrario a lo que he visto en muchas mamás, mi crisis y duelo fueron extremos ante la prematuridad de mi hijo, todo lo viví en honda sensibilidad y dolor. Para mi significó bajar al inframundo como la Demeter que va en busca de su cría. Lloré todos los días, sufrí, padecí y no había poder que me tranquilizara, sin embargo, esto no me enorgullece, y no lo cuento a modo de acto de constricción. Más bien, lo hago visible porque caigo en cuenta que la maternidad es un tema difícil en mi vida y en la historia de las mujeres de mis familias.

Y hablo de la prematuridad, le agradezco y la honro, porque sé que fue ella la que me permitió volverme una mujer más consciente y más abierta al amor, en su belleza y en su fragilidad. Por que hoy sé que gracias a la prematuridad de mi hijo, pude saber de qué está hecha la fortaleza, y que gracias a ella en nnuestras vidas aprendí que aún la huella más pequeña cuenta ya una GRAN HISTORIA.