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La aventura láctea con nuestro hijo prematuro





Cuando mi hijo nació a las 29 semanas de gestación fuimos separados porque él debía ir a la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales. El día de su nacimiento, mientras tomaba un baño al atardecer, la leche comenzó a bajar... Por un instante me sentí feliz, y en seguida, vino la nostalgia y dolor profundo de sentir los "brazos vacíos". Si bien, mi hijo estaba vivo, también sabía que su estado no era el mejor, de hecho, era bastante desalentador ante los ojos médicos. 


Yo sabía que en ese momento, y tal vez durante los próximos días no podría amamantarlo. Sin embargo, en cuanto me fue posible pregunté a la doctora en turno qué podía hacer con respecto a la lactancia (deseaba hacerlo en cuanto mi hijo saliera del hospital). Ella me respondió "le recetaré unas pastillas para que deje de producir leche, estos bebés no sobreviven"... Por supuesto, mi estado emocional empeoró, pero escuchando mi voz interior decidí buscar información científica que apoyara mi lactancia. Diariamente me extraía leche con la finalidad de amamantar a mi hijo a su alta. Y luego de 60 días, 60 días que no pude cargarlo, besarlo, tocarlo, ¡por fin vino a casa, y comenzó la gran aventura láctea! Establecer una lactancia cómoda con mi bebé prematuro fue muy difícil. Había quienes me incentivaban a ya no hacerlo, yo misma me sentía muy cansada, sobre todo por las madrugadas; y fue entonces, que mi compañero y yo decidimos alternar. Por las tardes yo me extraía leche y entonces él se la proporcionaba en un vasito especial por las madrugadas. Desvelado, sin saber muy bien lo que hacía, proveía de alimento y leche materna a nuestro pequeño. Esto me permitía dormir, y él comenzó a tener una parte más activa en la crianza.

Luego de tres meses comencé a estar un poco más cómoda alimentándolo, sin embargo, es verdad que me sentía insuficiente para saciarlo. Aunque él era muy pequeño, yo sentía que no comía lo que debía comer, sentía que mi leche "no era suficiente". En todo momento veía "signos" de deshidratación. Era un bebé que había recibido tres transfusiones sanguíneas, así que me ocupaba también de sobremanera su peso o una posible anemia. "Compleméntalo con fórmula", me decían. Pero él comenzaba a tener cólicos y problemas estomacales.
Tuvimos nueve meses de lactancia materna, cosa que me fue posible hacer porque había decidido dejar de trabajar y dedicarme enteramente a su cuidado. Su pediatra me felicitaba, porque no era común que las madres de prematuros lograran si quiera, en ocasiones, amamantar. Durante todo este proceso me di cuenta que la maternidad en este país se celebra pero no se favorece. Me di cuenta de la gran falta de políticas que pueden hacer posible una maternidad saludable. Por ejemplo, las mamás de prematuros, por ley debemos regresar a laborar justo antes de que nuestra hija o hijo sea dad@ de alta, alrededor de los 40 días posteriores al nacimiento. Sí, debemos regresar a laborar justo cuando nuestr@s pequeñ@s nos van a necesitar más, no sólo por cuestiones de vinculación afectiva, si no de seguimiento médico, que es lo que hace posible disminuir las posibilidades de un retraso o discapacidad, otorgándoles una mejor calidad de vida.

Por otro lado, tampoco existen programas de apoyo a la lactancia en bebés que nacieron antes de tiempo, o programas de apoyo a las madres o padres durante los primeros años de vida de l@s pequeñ@s prematur@s. En México no se tiene, aun, implementado el método madre canguro en muchos de los grandes hospitales o centros de alta especialidad. Tampoco existen las condiciones de trabajo en empresas o instituciones gubernamentales. El panorama es bastante terrible, en este sentido.


Hoy, estos temas recién se están abriendo y mirando, gracias al trabajo de asociaciones civiles, y de colectivos de madres.

Lo menos que necesitamos son campañas que desinformen, que perpetúen estereotipos de lo que debe ser "una buena madre" o una "mala madre", que cosifique el cuerpo de la mujer, esta vez con motivo de la lactancia, que generalice la maternidad, que ignorantemente reproduzca patrones que urgen ser erradicados. 

Como usuaria de los servicios de salud es mi derecho exigir campañas de calidad, que me apoyen a decidir y a empoderarme, que desmitifiquen la maternidad tan mitificada y estereotipada. Como usuaria, deseo recibir información con sustento científico, para que yo elija con libertad, sin moralina ni coacción. Como usuarias, estamos en todo nuestro derecho de pedir y colaborar hacia la construcción de mejores condiciones para nosotras y para nuestras familias. No conformarnos, no quedarnos en las frases "al menos ya se habla de la lactancia", "al menos ya se está penalizando la violencia obstétrica". Vayamos colaborando caminos de educación, información, formación y consciencia, vayamos intuyendo que el poder es nuestro, que nunca nos lo han quitado, y que sólo nos resta ir recordando que ahí está.



***


Te invito a unirte a esta campaña en pro de la lactancia materna, participativa e incluyente, cuyo objetivo es: hacer real los diferentes matices de la lactancia de una manera propositiva, esto no sólo es para las que sufrieron al principio y lograron una buena lactancia después, esto es para todas, las que crían en tribu, las que se informaron, las que fueron atacadas, las que enfermaron y no pudieron continuar aunque lo deseaban con el corazón, para las que no querían hacerlo y ahora dos años después continúan, para nuestras parejas y para las personas que nos ven mientras amamantando y no entienden por que seguir si el niño ya esta "grande", la mejor forma de romper los mitos es con información y sin juicios, es mostrar el rostro de alguien que también tuvo dudas y reconocer que no hay nada malo en pedir ayuda.

Mas información CLÍCK AQUÍ



Enlaces sugeridos:

www.maternidadempoderada.org
www.nacertemprano.org
http://www.llli.org/mexico.html






Sanar el vínculo con Mamá...



Distante estrella es este amor, 
que a nuestro hogar es buen conductor.

Cuando la maternidad llegó a mi vida, como una Caja de Pandora, se abrió para dar paso a esos aparentes "males" que llegan con las bendiciones de un nuevo estado físico, emocional y espiritual. Poco a poco, a partir de distintas situaciones y palabras, mi maternidad se abrió en mí para dar paso a las maternidades de las mujeres en mis linajes. Con mi ser madre, devino la reflexión del tipo de maternaje que había recibido por parte de mi madre, y a su vez,  el que ella había recibido de mi abuela; comencé entonces a mirar y a sentir las ausencias y las heridas en nuestros vínculos: en mi vínculo. 

Es así para muchas mujeres: la maternidad nos abre a las maternidades de nuestros linajes, y nos permite ver la relación que hemos tenido con nuestra propia madre. Es aquí cuando muchas de nosotras comenzamos a mirar alguna herida, algún vínculo roto, alguna ausencia. Y me atrevo a decir que otras tantas, llegamos a sentir una terrible orfandad. 

Muchas de nosotras hemos crecido con madres ausentes o enfermas, en lo físico, en lo emocional o en lo espiritual; muchas nos hemos sentido abandonadas, retadas, insuficientes ante los ojos de mamá. Algunas, recordamos haber recibido de ella unos cuantos abrazos y muchos regaños o desaprobaciones; o recordamos palabras dolorosas con las que ella nos describía, por "no ser" lo que se esperaba de nosotras

Incluso, ahora, en nuestra adultez, es posible que sigamos buscando diariamente con nuestros actos y "logros" la aprobación de mamá, una aprobación que tarda en llegar, que parece llegar, pero que nunca llega y sólo nos hace enfurecernos más con nosotras mismas, y frustrarnos por no bastar los muchos roles que intentamos cumplir para sacar siquiera una leve sonrisa del rostro de mamá. 



Pues bien, este llamado que parece individual, que parece sucedernos sólo a nosotras y a nadie más, en realidad es una oportunidad colectiva para sanar el vínculo con la madre: con lo femenino. Esto que nos sucede en la intimidad a muchas mujeres es una gran coincidencia de tiempo y espacio para reparar aquello que parecía haberse roto, y comenzar a percibirlo desde otro lado, con una mirada más nítida, más amorosa. Porque resulta que hemos crecido en sociedades huérfanas, en sistemas patriarcales donde la mujer ha tenido un lugar secundario, de subordinación,  donde no se la ha permitido vivir en plenitud y desde sus dones. De esas sociedades también vienen nuestras madres, nuestras abuelas y bisabuelas, sí, la vida no la han tenido fácil. 

Mirar amorosamente la historia de nuestras madres puede ser el primer paso para resonar con ellas en empatía e integrar un poco de nuestra historia individual y colectiva. Mirar su infancia, saber del lugar donde vivió, con quiénes y cómo lo habitó, saber de sus padres, de sus hermanos, de sus anhelos de niña, de los sueños que creyó rotos en su adultez, nos puede regalar una percepción diferente de esa persona a quien nos enganchamos y a quien nombramos con insistencia como para darle total identidad con la palabra "mamá"

Permitir -con el corazón- que nuestra madre se quite el título de "madre" y se conceda el vivirse solamente como mujer, no sólo la libera a ella, si no a nosotras, pues así podemos permitirnos ser nuestra propia mamá, para nutrirnos, abrazarnos y guiarnos en completa libertad. Cuando limpiamos el espejo que somos nosotras se limpia también el espejo de la madre enjuiciadora, castrante y dañina, que muchas hemos visto en nuestra mamá, y que incluso, hemos perpetrado. 



Cuando mi hijo cumplió dos años soñé con un bosque en el que mi madre y yo bailábamos en un círculo de mujeres. El totem al centro era una Gran Osa. La celebración era única y todas nos mirábamos iguales. En el sueño mi madre tenía mi edad. Cuando el fuego se acrecentaba, ella se acercaba a mí y me decía "permíteme ser una mujer más". Fue entonces que entendí que poco a poco me había construido una cárcel y le había puesto el nombre de "mamá", y la había hecho responsable de mis necesidades no satisfechas y de mi falta de valentía. Por el bien de ambas, decidí trabajar conmigo misma para dejarla libre. Y así fue.

Debo confesar que hasta hace unos meses y después de un año de proceso -con ayuda de mi guía- solté de corazón mi historia con mi madre, tal y como yo la conocía y la había creído. ¡Y fue tan liberador! Sólo entonces me permití ser mi propia madre y tomar una madre mayor: la Madre Tierra. 

Desde entonces, agradezco más y profundamente a mi madre el haberme dado la vida, hermoso regalo que me ha permitido andar el mundo, recoger experiencias, tener un compañero y disfrutar la sonrisa de mi hijo, y más, y más, y más. Soltar nuestra historia me ha permitido comenzar a escribir la historia de mi maternidad desde ningún referente y en plena libertad, eligiendo lo que mi corazón me dice, sin buscar la aprobación de nadie, sin ceder mi poder, sin poner pesadas lozas sobre mi madre. 

Por supuesto, este camino sigue, y sanar nuestro vínculo es aún una tarea que me permito hacer cada vez que nos miramos, cada vez que hablamos, cada vez que tomamos decisiones para las dos. 

Hoy sé que sanar el vínculo con nuestra madre es un camino intenso, tan intenso como la maternidad misma. También sé que el proceso  puede tomar días, meses y años; integrar pieza por pieza hasta integrarlo todo no es tarea fácil, pero es un camino repleto de aprendizaje, lleno de amor, tolerancia y comprensión. Sanarlo individualmente enriquece la sanación colectiva, la integración de todos los vínculos que nos llevan a la experiencia de ser nutrido y nutrir. 

Si hoy éste es tu llamado, bienvenida al camino, al camino del corazón que desea recordar su doble latido (que conocimos en el vientre materno), sin expectativa, libre de condicionamiento, del corazón al corazón, donde mamá es el hogar y el hogar somos nosotras...





















¿Por qué decidimos escolarizar a nuestro hijo?




Tras recibir varios mensajes con la pregunta que titula este post en mi inbox, decidí escribir y compartir, abriendo el corazón, el por qué mi compañero de vida y yo decidimos escolarizar a nuestro hijo.

Desde que nuestro crío comenzó a darnos señal de sus primeros aprendizajes, esos que son guiados por el instinto, es decir, desde que llegó a casa, comencé a cuestionarme profundamente el tipo de educación que le podría dar. Muy pronto, descubrí que deseaba hacer escuela en casa, y así, dar a mi hijo la bella libertad de aprender lo que su corazón fuera pidiendo, a su ritmo y a su tiempo. Pues bien, ahora con la decisión de escolarizarlo, el fin sigue siendo el mismo: que sea el corazón de Aldebarán el que lo guíe hacia cada aprendizaje, no importando el lugar.

Durante tres años y medio Aldebarán y yo estuvimos muy juntos, con su padre, en distintas "aventuras", como llamábamos a cada situación de nuestros días. Convivimos mucho y en profunda empatía y simpatía, tras decidir dejar de trabajar durante sus primeros meses y acompañarlo en su crecimiento, me dediqué a danzar al ritmo que danzan los papás de los bebés nacidos prematuros. Durante año y medio nuestro itinerario semanal contempló visitas a hospitales varios y a especialistas. Viví intensamente la díada que formamos desde su llegada al mundo, y así, sanando el vínculo de nuestra separación primaria (su estancia en UCIN y en el hospital por más de 50 días tras su nacimiento), me di a la experiencia de una maternidad informada, intensa y amorosa.

Luego de superar el peligro de los primeros dos años de los niños nacidos prematuros, todos comenzamos una nueva etapa, que incluyó emprender, dar estabilidad al hogar propio, integrarnos desde otro punto como familia, es decir, dejar de traer al presente la prematuridad de Aldebarán, y sí... finalmente, ¡viajar y viajar! Gracias al mei tai, logramos llevar a nuestro pequeño a todas partes: bancos, citas con los clientes, oficina, edificios gubernamentales, el aeropuerto, a sitios cercanos y lejanos, siempre unido a nosotros, siempre siendo parte de la agenda de trabajo de papá y mamá. Por supuesto, muchos nos alentaban a dejarlo en una estancia, a no llevarlo con los clientes por aquello de dar "una mala apariencia", pero integrando esos espejos, siempre decidimos  -y lo digo con una gran sonrisa, como en broma- que nuestro hijo era parte del "negocio familiar", y desde el punto de vista educacional, siempre supimos que no había mejor manera de conocer el mundo y aprender, que al lado de quienes lo trajeron a él.  

Cuando Aldebarán nació tuvo un derrame cerebral importante, y tras el mismo le diagnosticaron leucomalacia periventricular, que podía desarrollar una parálisis cerebral. Para nosotros fue muy importante disminuir el riesgo: estimularlo, cantarle, llevarlo con la especialista en intervención temprana, y sobre todo, hacernos cargo por completo y a tiempo completo de su cuidado y su educación. Hoy en día, nuestro hijo es un guerrero sano, con mucha energía y una inteligencia admirable. 

Pronto cumplió tres años de vida, y fue entonces que decidimos realizar actividades guiadas y darle ciclos con estructuras más estables, compramos varios libros en el tema del Unschooling, Pedagogía Waldorf y Homeschooling. Me dediqué entonces, a apoyarlo, a instruirlo de manera más activa, y todo fue maravilloso hasta que descubrí dos cosas: que mamá no siempre era la mejor compañera de juegos y aprendizaje de Aldebarán, y que Aldebarán no siempre era el mejor compañero de trabajo de mamá. 

La segunda mitad del año pasado fue transformadora para los tres. Con el paso del otoño comenzamos a mirar que nacían de cada uno nuevas inquietudes: Aldebarán pronto comenzó a extrañar más y más convivir y jugar con sus amigos y primos de la misma edad que él. Y yo comencé a mirar que el corazón deseaba darse un descanso de maternidad intensa, para comenzar a abrazar una maternidad que lograra tejerse en armonía con un compromiso personal, profesional y de pareja. Con la próxima mudanza - en todos los sentidos- venía la decisión de escolarizar a nuestro hijo.

He aquí entonces, que la razón por la cual decidimos escolarizar a Aldebarán ha sido muy personal, amorosa y llena de confianza. En el proceso, mi compañero y yo, hemos decidido confiar en otras personas para apoyarnos en el cuidado y guía de nuestro hijo; hemos decidido también que en cuanto veamos que la creatividad o fuego de nuestro crío se vean menguados o lastimados , o simplemente la vida nos lleve a otra manera de estar, revaloraremos nuestras opciones, y sobre todo, hemos decidido escolarizar a Aldebarán: pero la educación darla en casa, así él sabrá decidir, cuestionar, aceptar e integrar a su vida lo que considere necesario integrar.

Hoy fue su primer día de escuela, y cuando salió, nos miró sonriente y nos dijo que le había gustado mucho, que había hecho dos nuevos amigos y que deseaba regresar al otro día. Este ingreso a la escuela ha sido un verdadero ritual y lo hemos tomado todos como una gran iniciación, decidimos hacer de esta experiencia algo sagrado, algo que cierra y abre otro ciclo familiar: Aldebarán está comenzando a tomar nuevas estructuras y amistades fuera de casa, y una sabia voz interior me dice que todo ha sido perfecto, que ahora podemos organizarnos los tres en una manera distinta, confiando en la vida, integrando los espejos externos mientras pertenecemos a este maravilloso clan que se reúne por la tarde, para cerrar el día y compartir experiencias del mundo. 
















El bebé que no sabía que había nacido.... o ceder el poder.



La fotografía de un bebé nacido dentro de su saco amniótico intacto ha logrado un gran impacto en redes sociales. El obstetra que tomó y colgó la foto en su muro de Facebook tiene ahora una fanpage con más de 22,000 seguidores... también posee una página web y un grupo donde se ostentan las fotografías de sus "logros": partos y cesáreas electivas atendidas. Basta una lectura semiótica de las fotografías para entender lo que la sociedad "moderna" ostenta como milagros y encomia como "un trabajo admirable".

No quiero que se mal entienda este texto, mi postura no es en contra de una persona o personalidad, no me interesa entrar en ese debate y crítica fácil. Si el doctor ahora ofrece sus servicios en Facebook o tiene personas detrás que han sabido manejar la fotografía como un detonador mercadotécnico, es un asunto en el cual no quiero ahondar, y que sin embargo, refiero porque me lleva a la pregunta verdaderamente importante:





¿Dónde están las madres de los bebés?


El parto nos ha sido robado a las mujeres. Ahora quienes portan el nacimiento como un gran milagro SUYO son los obstetras, no las madres. Al buscar más información acerca de la famosa fotografía del bebé "que no sabía que había nacido" en ningún momento encontré datos de la madre, ella pasó de largo, nadie la felicitó, nadie supo su nombre, al menos no públicamente. Es que resulta que en esta sociedad es fácil borrar el nombre y el cuerpo de una persona -y sobre todo una mujer- para apropiarse de su experiencia de vida. Y nos parece ¡tan normal! Sin embargo, en casi todas las notas aparece el nombre del médico y datos de la página web en donde pueden contratarse sus servicios o sus datos en redes sociales.

He visto más de una treintena de fotografías de bebés nacidos en su saco amniótico, de partos atendidos por parteras; y son fotografías en las cuales se mira a la mamá siendo sujeto activo de su parto, no un objeto del cual se extrae un bebé. He escuchado las historias de mamás cuyo parto ha finalizado en el nacimiento del su bebé "dentro del saco", y es una maravillosa experiencia escucharlas y mirar la belleza de su creación. Muchos las hemos escuchado, y seguramente también hemos visto fotografías de bebés nacidos de esta manera, sin embargo, la fotografía que causa revuelo es aquella que denota "el milagro" de un obstetra, de un hombre. 

Pero no nos equivoquemos, los partos no son de los obstetras o del personal que lo atiende, los partos son nuestros: de las mujeres, de las madres.  

En esta sociedad "evolucionada" y "moderna" se aplaude la tecnología y la intervención como caminos para lograr que los acontecimientos sucedan con mayor rapidez. Como si se tratara de comida rápida, se ha dado paso a la preferencia de la producción en serie y de calidad mediana o baja... sucede esto también en el sector salud, cuyas altas en México son del 40% por cuestiones obstétricas. Es decir, en nuestro país 4 de cada 10 personas que son dadas de alta en un hospital público lo hacen por haberse atendido en cuestiones relativas al embarazo, parto y puerperio: es decir, son mujeres-madres. Sin embargo, es en esta atención obstétrica donde más se encuentran denuncias de violencia, en pocas palabras: a las mujeres nos borran el nombre, nos expropian el cuerpo, nos roban el parto, y la sociedad lo aplaude.

Esta es la violencia normalizada: LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA,  la que se da adentro de los hospitales, en la atención de médicos, enfermeras y otros especialistas que creen que conocen mejor nuestras necesidades y nuestra fisiología. Esto es algo que ya no podemos permitir que suceda, porque es fácil para un sistema mayormente patriarcal sugerir que para prevenir o reparar situaciones en la salud de la mujer exista la posibilidad de mutilarnos, cortar nuestro vientre, nuestro periné y recientemente,  hasta ver como un acto loable el hecho de extirparnos los senos.

No nos equivoquemos, nuestro cuerpo es nuestro, y desde nuestra entera autonomía tomamos las decisiones pertinentes para nosotras. 

No permitamos el elogio a un sistema médico que se apodera de nuestra voluntad a través de nuestro cuerpo, que desde la desinformación toma decisiones sobre nosotras y nos hace culpables de todo lo que no sale bien. Ya no permitamos que nuestra única opción sea alcanzar la salud desde la mutilación; ya no más episiotomías, no más cesáreas innecesarias, no a la mastectomía como una forma de prevención normalizada (es decir, no como una moda, no cuando no es necesaria).



                       El bebé que ni se enteró que nació...

La frase que corona tantísimos titulares de diversos medios en todos los idiomas resuena en mí como una cesión de poder consentida.

Al parecer sí, el bebé de la fotografía no se enteró que había nacido... todos estaban ahí: el personal médico, el gran obstetra, la cámara, pero no la mamá y tampoco el bebé.  Todo indica que se trata de una cesárea electiva o una cesárea innecesaria. Es decir, el bebé ni siquiera pudo elegir el momento de su nacimiento.

En esta sociedad del control, es mejor que los niños ni siquiera elijan su día o momento de nacimiento, porque puede ser demasiada libertad. Tal vez, ahora parezca demasiado radical, pero es necesario que saquemos de un contexto de lo "normalizado", de lo "común", el hecho de que NO EXISTA LIBERTAD PARA NACER, ni libertad para parir.

Las mujeres ya no estamos pariendo, ya no estamos siendo sujetas activas de nuestro proceso de crear, ahora se nos están extirpando a los hijos, se nos está arrebatando la autonomía, la libre elección y ¡sobretodo, el gozo! Parir se ha vuelto algo que sufrimos y no algo que vivimos y llevamos a cabo con felicidad. 

Nuestros hijos están naciendo según la agenda del médico, según sus vacaciones, según su turno, según lo necesita su bolsillo. Nuestros hijos son los logros de los obstetras, no de nosotras. Es así de terrible. El sistema actual de salud nos está anulando a las mujeres. Es así de terrible.

Pero no nos equivoquemos, los partos no son de los obstetras o del personal que lo atiende, los partos son nuestros: de las mujeres, de las madres.  



Tomemos acción.

Es necesario que tomemos acción. Es necesario que nos informemos, que abramos nuestra consciencia en relación a nuestro cuerpo, a nuestras emociones y a lo que verdaderamente necesitamos. No alimentemos al sistema del miedo. No permitamos que el miedo se filtre por nuestras fibras más sensibles, confiemos en nosotras, vamos a estar seguras en nuestra autonomía y sólo permitamos un acompañamiento genuino, sobre todo en esta etapa tan trascendente de nuestra vida. 

México no sólo es el país número uno en cesáreas, es también el país con el más bajo índice de lactancia materna pero con un alto presupuesto destinado a la atención en temas de obstetricia. Los recursos que pagamos con nuestros impuestos no están siendo bien administrados, al contrario, están propiciando un mayor rezago en cuestión de salud, y sobre todo, salud materno-infantil. 

La población  en México se constituye en un 51.2% de mujeres, es decir, somos más mujeres que hombres; el 40% de las altas hospitalarias en la salud pública son por cuestiones obstétricas, y ésta es justo el área donde más violencia se ejerce. Las mujeres estamos siendo violentadas en un país donde somos mayoría. Tenemos que tomar acción.  Tenemos todo el derecho de exigir mejores condiciones para dar a luz, nosotras somos quienes recibimos la atención que pagamos. 

No nos permitamos normalizar la violencia, no permitamos parir con sufrimiento, vamos a parir con poder, con autonomía y exigiendo todas las condiciones para hacerlo con seguridad y de manera humanizada.  No nos equivoquemos, los partos no son de los obstetras o del personal que lo atiende, los partos son nuestros: de las mujeres, de las madres. 


He aquí la diferencia... 






   













La Maternidad: Servir al Universo




Soy muy honesta: yo aprendí muy bien a funcionar en el mundo patriarcal. Siempre que exploraba los arquetipos femeninos caía en cuenta que me identificaba muy bien con la diosa griega Atenea, hija del padre, poderosa desde lo masculino. Y en la vida cotidiana aprendí muy bien a ser esa hija del padre, del patriarcado, a funcionar a través de no escucharme, a ser estratega, a obtener un puesto patriarcal entre los patriarcas, a luchar desde la separación; lo hice acaso como una forma de supervivencia, y tal vez para vivir esa polaridad divina de estar bien implantada en lo masculino para después encontrarme en colisión con lo femenino, y mirar amorosamente más allá del escudo (de ese escudo que porta Atenea)… hacia esa imagen de la Gorgona, de la mujer sabia, que vuelve piedra al patriarcado, que lo deja sin armas ante su intuitivo ojo.

Para mí el tiempo de ir más allá del escudo me llegó con la maternidad (...) 



¿Decirle "NO" puede ser positivo?


Mi crío ha encontrado la fascinación de la pequeñita palabra "NO"..."No, no, no", "¡No, mamá!", dice con orgullo, y a veces con desafío.

Sabía que pronto llegaría esta etapa. ¡Lo sabía, vamos hasta la esperaba! Mi hijo siempre había mostrado tener un temperamento fuerte, y ahora, pasados sus dos años de vida, esperaba yo ver cómo le sucedería abrazar su primera independencia. Esto es como tener un pequeño, pequeñito, adolescente: un chico rebelde que con vaso entrenador en mano osa pasear con su triciclo por toda la casa hasta que se cae, se lastima la mano, ¡y vuelve con mamá para que le de besos y lo abrace!

¡Y me fascina mirar cómo goza su libertad, las posibilidades de su cuerpo! Me encanta mirar cómo brinca de un lado a otro, cómo salta de la cama al suelo, cómo escala los sillones, cómo desea resguardar sus espacios y cómo trepa la mesa hasta conseguir una deliciosa banana. De pronto, por supuesto, sus "Nos" se cruzan con los míos, con los de papá y hasta los de las abuelas, sin embargo, he aprendido a respetar y entender su "primera adolescencia" y me siento mucho más asertiva al manejar sus enojos y su deseo por proteger sus espacios sagrados.

¿Qué me ha enseñado mi adolescente de dos años de edad? Que...


Está bien decir "NO"

Para él, decir "no" es una forma de mostrar límites, y justo el respeto a que pueda decirlo marcará que en un futuro pueda decir que no cuando no desea hacer algo que pueda no ir con sus valores o sus deseos. Y no sólo para él, para mí decir no de cuando en cuando me ha ayudado a resignificar la palabra y a evitar accidentes e incidentes. 

En un principio sólo deseaba decir "sí" o darle alternativas, en todo momento evitaba la pequeña palabra negativa pensando que podía hasta ocasionarle "alguna situación". Sin embargo, me he dado cuenta que decir no es sano cuando de verdad es necesario decirlo. ¡Y por supuesto se lo permito a él!

En nuestra sociedad los "no" y los "sí" nos los tomamos como algo personal, y de pronto, aún en nuestra completa adultez-madurez, en ocasiones, no logramos vislumbrar que decirlos tiene que ver más con   la justa petición de respeto a los espacios y tiempos sagrados de cada persona. Es un derecho divino decir lo uno o lo otro. Así también cuando se trata de nuestros increíbles toddlers.



Hay que poner el Sí y No sobre la balanza

Mi hijo mira con curiosidad la manera en que mamá mueve el cuchillo velozmente (¡bueno, bueno, ni tan veloz!) sobre los tomates... para él es algo nuevo, y por supuesto, ¡quiere probar! De pronto, se da el momento perfecto para que él intente hacer lo suyo, y claro, yo exclamo ¡No!... Él se asusta, se irrita y pone tremendo rostro. En una intuición fuerte comienzo a explicarle que puede cortarse, que mamá se asustó y que ahora, puede ayudarlo a cortar los tomates con ese extraño juguete. 

Mi crío sabe que puede hacer distintas cosas con ayuda de papá o mamá; sabe por ejemplo, que no debe salir corriendo y bajar la banqueta, sabe también que hay "coches grandes" que pueden lastimarlo si él no toma la mano de un adulto al cruzar la calle, sabe que puede bajar las escaleras él solo si se ayuda con el barandal o la pared. Sabe que en ocasiones no podrá seguir ayudándome con el cuchillo pero a cambio podrá jugar con un bowl y los limones. 



Hablar, hablar, hablar y de pronto, dar una señal respetuosa de "no".

En estos años juntos, mi crío y yo hemos tenido vasto espacio para conocernos, él sabe que cuando giro un poco la cabeza inclinándola hacia abajo y a la izquierda eso significa "eso no es correcto hacerlo", sabe que cuando alzo la mirada y digo "hey" expreso también, que no estoy de acuerdo. Y justo estas alternativas me han ayudado a comunicarme.

Hablar con él y "contarle el mundo" nos ha ayudado muchísimo a respetar nuestros espacios, de los tres, mío, de él y de su papá. Prácticamente yo le cuento todo lo que hago, todo lo que sucede en casa: mamá necesita sentarse a leer, tú también lo puedes hacer con tus libros... estas son las tarjetas de mamá y tú puedes jugar con ellas siempre y cuando me pidas permiso, ésta es tu habitación y aquí puedes jugar cuando desees, voy a salir y vendrás conmigo, otro día podrás quedarte cuando esté tu papá o tu abuela... ¡Y por supuesto, ellos saben, ellos entienden!

Hoy por la tarde, luego de comer con su abuela, nos subimos al automóvil, de pronto la abuela preguntó "¿Qué es esto?" y mi crío respondió con toda seguridad: "Es una cobijita que mima lleva a los bebés pematudos"... La abuela se sorprendió, y yo también porque esa explicación se la había dado yo tres meses atrás, cuando recién habían llegado los donativos que llevaríamos a los hospitales. Tres meses después recordaba muy bien lo que mamá le había explicado. Por supuesto, si les contamos el mundo, si respetuosamente los incluimos en nuestras actividades, ellos entienden y comienzan a integrarse.



Si hay demasiados "Nos" tengamos un día que propicie los "Sí"

Los días en que más "Nos" salen de mi boca, de la boca de papá y de la boca de nuestro hijo ¡es cuando vamos a la oficina! Por supuesto, mi hijo -como todos los críos de su edad- tiene un alma exploradora, deseosa de tocar esos botones tan extraños en el fax o en la computadora; por supuesto, ansioso está mi crío en llegar hasta la plantita en la esquina de la ventana que parece perfecto escalón para lograr una miradita a la calle. 

¡Estos días de oficina son detonantes! Con ellos he logrado reflexionar que una gran parte del tiempo en familia nuestros hijos están haciendo lo que papá o mamá desean. Y si estamos en casa todo el día o en un espacio cerrado, por supuesto, los "nos", las frustraciones -de ambas partes- llegarán. 

Por eso es que hemos inaugurado un día a la semana como el "Day off", el día en que TODO es SÍ. Y nos vamos a un parque de juegos, y es un sí al columpio, a correr, a rodarnos por la tierra, a subir por la resbaladilla, a meternos por los aros, a comer un par de dulces, a parar por un helado, y cansarnos hasta llegar exhaustos a casa, listos para el baño y para dormir... esto último no es negociable, y se lo explicamos desde que salimos a realizar las actividades. 


...........


Mi niño me ha enseñado que está bien decir "No" cuando es necesario, y que tanto de mi lado como de su lado hay que mostrar respeto por ese no. En México existe una sociedad que nos enseña a decir en todo momento, y decir no es algo que frustra -a ambas partes- y en ocasiones, es algo intolerable, que es mejor evitar. No es malo, ni personal, al contrario... creo que decirlo nos lleva a proteger nuestros espacios sagrados y a poner límites amorosos. 

Si confiamos y escuchamos con el corazón los "nos", no sólo de nuestros hijos, pero  de quienes están alrededor, estoy segura que comenzaríamos a respetar más a los demás y a nosotros mismos. 













Resignificar lo masculino en mí, desde mi maternidad.





Siempre intuí que nuestras vidas y destinos de algún modo se relacionaban con la vida y destinos de nuestras familias; que las deudas no saldadas en el pasado venían a hacer eco en el presente, y si las dejábamos pasar, tocaba cancelarlas o perpetuarlas a las generaciones futuras.

Ahora sé que sí, que existe una estrecha relación entre lo que fue y no fue con lo que es hoy, que de alguna manera en la honra o deshonra entramamos nuestros destinos con el hilo de los destinos de nuestros ancestros. 

Miro mi maternidad y llego a la conclusión de lo distinto que es criar a un niño, que criar a una niña. No desde la esencia, se cría con amor y desde el amor a uno y a otro, sin pensar en género. Sin embargo, creo que como mujeres-madre nos conecta a una medicina distinta el maternar a un niño o a una niña. Y el Universo nos entrega lo que es necesario incorporar.

En mi caso, desde mi historia familiar, con la llegada de mi hijo vino la grandísima oportunidad de mirar mi lado masculino, de resignificarlo, de mirarlo una y otra vez… y comenzar a honrarlo, a integrarlo y sanarlo desde el amor y la compasión.

Nacer niño o niña en cualquier familia ya tiene una connotación: buena o mala, de bendición o maldición. Desnudando mi corazón puedo confesar que en mi familia materna y paterna, en ambas historias, nacer/ser hombre significaba ser anulado, no ser nombrado –desde la historia como yo la viví, y como después me di cuenta, la vivía mi inconsciente. Porque por mucho tiempo, ser hombre significó también ser macho, único proveedor, bebedor, infiel y estar ausente, en perpetuo retiro emocional.

Los únicos hombres que eran nombrados con cariño en mis familias, eran aquellos que ya estaban en el cementerio –y eran muchos. La historia de mis mujeres se contaba en metáforas de soltería, viudez y fuerza desde la soledad y el abandono.

Para ser mujer en mis familias y contar, aún tras mucho integrar y sanar, significaba un poco poder sola, sin pareja, sin entregarse y desde la autonomía plena.

Yo vivía, por supuesto, esa metáfora, y me venía bastante bien… la vivía al pie de la letra y con entera felicidad: hasta que llegó mi hijo.  Sucedió entonces con su llegada que comencé a mirar el ser hombre  de mi compañero y de mi hijo, y su/mi masculinidad empezó a significar algo distinto.

Cuando mi hijo llegó a casa, luego de una hospitalización larga debido a su nacimiento prematuro, quien pudo conectar mejor con él fue su papá. Sin miedo, y desde sus posibilidades de padre primerizo, él poco a poco fue tendiendo los futuros lazos.

Mi hijo a mí me iniciaba Madre, pero a mi compañero también lo iniciaba Hombre-Padre, y de esto me percaté de inmediato.

En un maravilloso Taller de Reimpronta que tuve la oportunidad de tomar en la Ciudad de México en 2012, el Dr. René Galván Heim, creador de la técnica, nos explicaba que así como en nosotros al ser  madres se nos despertaba una memoria inconsciente relacionada con nuestro propio nacimiento y el embarazo de nuestra madre, así mismo, en los hombres el ser padres les despertaba improntas relacionadas a su propio nacimiento, concepción, y la paternidad de su propio padre. Y aún más logré comenzar a mirar con otros ojos la paternidad de mi compañero. 

En esos días, pude reflexionar un poco más acerca de sus miedos primeros, de sus ausencias, de sus acciones automáticas y su presencia, a veces distraída, cuando recién nos iniciábamos como familia de tres. Miré también mi maternidad… ¡ambos siempre tan distintos pero tan espejos!

También, con compasión, concluí ¡como mujeres tenemos gran ventaja! Al permitirnos en todos los aspectos explorar nuestra sombra, lo no integrado, la verdad del corazón y las necesidades de contención luego de la maternidad, para poder empoderarnos y continuar… acompañadas, siempre de nuestra maternidad y con otras maternidades.

Sin embargo, con los hombres suele no suceder igual. ¡Qué maravilloso sería! Y por supuesto, no quiero insinuar que ellos pudieran hacerlo de la misma forma que nosotras, si desde su propia naturaleza el vínculo con sus críos y su ser padre, deviene distinto. Pero me di cuenta que para terminar con el suspiro nostálgico de sentirnos solas en la crianza de nuestros hijos o hijas, era crucial comprender también, que nuestra maternidad sucede distinta a la paternidad de nuestros compañeros.

Así, criando un niño, leyendo y viviendo a diario esta maravillosa fuerza masculina, me di cuenta que para él, para mi compañero, los mordiscos, las “luchitas”y las volteretas –es decir, el juego rudo, era la manera más natural de vivir su paternidad. Asimismo, me di cuenta que para mi hijo, esa condición tan interesante y vigorosa de “jugar” era la forma perfecta de establecer un vínculo con papá. Y que en este juego tan lleno de energía,  a mamá siempre le tocaba/le toca el rol de réferi.

Yo no sé muy bien qué ha sucedido en el interior de mi compañero con la llegada de nuestro hijo –él, como otros hombres en mi linaje ha sido también un poco parco de palabras; pero en lo mucho que he podido ver y compartir, sé que algo poderoso llegó como ola con su paternidad para también integrar su historia de hombres.  

Miro mi maternidad y sí, es distinta. Ahora mismo, no sabría cómo criar a una niña, ¡qué cosas nuevas para integrar me traería! Pero puedo decir, que en efecto para mí, la llegada de mi hijo varón trajo consigo una oportunidad de sanación de mi linaje masculino. Miro con él lo que significa ser hombre,  y ahora para mí, ser hombre significa ser digno y tener un lugar único.

Mi hijo está aprendiendo a ser hombre desde el juego, desde la aventura, desde la fuerza, pero también desde la posibilidad del llanto, desde el no encasillamiento, desde la sutileza, desde el poder del abrazo y desde todo el permiso para expresar lo que siente.

¡Y la medicina que mi hijo me está regalando con su ser hombre es una de pura dicha, concebida desde una nueva mirada, una gran verdad del corazón, que ahora, puedo integrar más amorosamente!

Me siento reconciliada con mis raíces masculinas. Si en mi historia hubieron víctimas y perpetradores, a todos los tomo, y respeto lo sucedido. De tal modo que hoy puedo decir desde el albor de mi centro ¡que amo a mis hombres!... a todos tal y como fueron, desde sus imposibilidades, desde sus restricciones, desde la fuerza amorosa que no les era permitida, desde el amor interrumpido hacia su propia línea paterna… en fin, desde la vida tal y como me la pudieron pasar.

Celebro mi maternidad que brilla fusionando dos energías en mí, y sobretodo, celebro que el mito de lo masculino en mi vida se ha derrumbado para ser construido desde nuevas creencias, desde la mirada limpia de mi hijo y el reflejo de mi compañero. 









Reflexiones en torno a la Maternidad...



TRADUCCIÓN

Preguntamos a diferentes mamás: si pudieran regresar al momento justo antes de tener a su primer hijo, ¿qué se hubieran dicho a sí mismas?

...Éstas fueron sus respuestas:

ERES HERMOSA
CONOCE A OTRAS MAMÁS
ESTÁ BIEN SENTIRSE ASUSTADA
¡MILLONES DE PAPÁS HAN SOBREVIVIDO AL INSOMNIO!
ESTÁ BIEN DARTE UN RESPIRO
TU MADRE TENÍA RAZÓN
EXTRAÑARÁS A MAMÁ
¡TENDRÁ EL COLOR DE TUS OJOS!
VAS A COMETER ERRORES
PERDÓNATE A TI MISMA
ESTO, TAMBIÉN PASARÁ
NADIE SABE REALMENTE LO QUE HACE
GOOGLE NO TIENE HIJOS
TÚ ERES LA EXPERTA
LOS HOMBRES REALES SABEN CAMBIAR PAÑALES
ESTÁS A PUNTO DE CONOCER EL VERDADERO AMOR
DATE EL TIEMPO PARA ENAMORARTE DE TU BEBÉ
DATE TIEMPO PARA TI MISMA
TÓMATE UN TIEMPO PARA VOLVER A ENTRAR EN ESOS VIEJOS JEANS
DEJA QUE LA ABUELA LO CONSIENTA
SE ENFERMARÁ Y TE QUEDARAS TODA LA NOCHE EN VELA MIRANDO QUE SU RESPIRACIÓN ESTÉ BIEN
SÉ VALIENTE
¡DUERME!



¿Y TÚ QUÉ TE HUBIERAS DICHO?

La importancia de los siete primeros años de vida



Cada siete años el ser humano cambia y se transforma...

Esto lo sabía en teoría desde la mirada astrológica, antroposófica y metafísica, sin embargo, hoy pasa por mí esta información desde el tamiz de la reflexión, y por supuesto, la perspectiva cambia. He aquí que siento como todo este conocimiento se vuelve experiencia, y da una mayor comprensión.

Comparto la reflexión.

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Los primeros siete años de vida: el primer respiro.



Muchas disciplinas estructuran el estudio de la vida humana a través de septenios o ciclos de vida de siete años: la metafísica, la astrología, el estudio de la Biografía Humana, la Antroposofía y la Pedagogía Waldorf, por mencionar algunas. De arriba a abajo, de lo mayor a lo menor el Universo parece hablarnos en séptimas, siete respiros mayores y siete sonidos en melodía que nos anclan a la Tierra y a la vez nos indican el camino a la evolución, hacia la octava de perfección.

En este texto, empero, doy mayor rumbo a la importancia de los primeros siete años de vida en el ser humano, para que así recordemos y reflexionemos esa etapa en nuestra vida y aprovechemos la misma etapa en la vida de nuestr@s crí@s.

Se dice que el universo funciona con fractales, ritmos continuos que proporcionan una cadencia constante y pulsante a todo lo que ahí habita, incluyéndonos, por supuesto. Así, nuestros ritmos emulan la energía universal y marcan nuestra evolución, en espiral.

Una vez que hemos sido implantados en el vientre materno, comienza el primer gran ciclo relacionado a la vida y a la muerte, el ciclo donde tomamos aliento y nos plantamos también en el vientre de la Madre Tierra. Aquí, acontecen también nuestras primeras implantaciones mentales, se siembra nuestro potencial de inteligencia, de creatividad y por supuesto, de carácter y personalidad. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Cómo participaremos en la vida? Las respuestas se asientan inconscientemente en nuestra persona. 

En estos primeros años aprendemos también acerca de nuestra necesidad de amor, del hambre, de la protección y acerca de qué tanto podemos confiar del mundo alrededor. Aquí desarrollamos nuestras estructuras internas, nuestro inconsciente, eso que más adelante nos permitirá actuar, pensar, establecer conexiones y formarnos una consciencia con base en el ejercicio de prueba y error. 

Algo maravilloso acontece durante los primeros siete años de vida del ser humano, algo lleno de misterio, que aquellos que saben aprovechan para condicionar Por ejemplo, la iglesia católica hablaba desde sus inicios de adoctrinar a sus feligreses durante sus primeros siete años, para no tener que preocuparse por su fidelidad en el futuro. Los siete primeros años eran suficientes para tener devotos toda la vida. 

No es de extrañarse, entonces, que cada vez se establezcan más espacios tempranos para los niños (dispositivos o canales de televisión colmados de comerciales) a fin de convertirlos en futuros consumistas y cautivo-pensadores, pues el primer septenio de vida se nos va en aprender y grabar en nuestro ser lo aprendido. 



Instalando nuestras Creencias. 



Durante nuestros primeros siete años instalamos nuestra primera visión del mundo, nuestras creencias, donde lo que nos digan es así y no hay cuestionamientos. Nuestros padres, mentores y gente que nos acompaña son quienes nos habrán dejado huellas energéticas acerca de cómo manejarnos en el mundo y cuales serán nuestros grandes ideales. Nuestros primeros recuerdos comienzan a sellarse en nuestra psique.

En este momento son nuestros padres a quienes pertenecemos, son ellos quienes nos dan identidad y origen; también comenzamos a integrar en nuestro interior la manera personal de establecer límites o de no establecerlos. En este periodo aprendemos a ir de la dependencia sana y total hacia la independencia primera, si llevamos la noción de que podemos establecer relaciones de confianza con aquellos que amamos y nos aman, nuestra vida emocional futura portará ya muchas ventajas.

Así, antes de llegar a los ocho años de edad, habremos escuchado los "sí" y los "no" de la vida, para la vida. Habremos obtenido nuestras primeras nociones de lo "bueno" y lo "malo", y también nuestras primeras bases para abordar el mundo desde el prejuicio o desde la confianza. Todo depende de lo que nos hayan dicho, de lo que hayamos sembrado en el interior. 

Casi a finales del primer septenio habremos obtenido las nociones básicas de nuestra personalidad, y habremos escuchado quiénes nosotros somos: soy la niña buena, soy el niño malo, soy la niña tranquila, soy la niña tremenda, soy el niño estudioso, soy el niño problema, soy la ovejita negra de la familia, soy el más consentido de mis hermanos. Todo esto, por supuesto, repercutirá y resonará en nuestros años por venir.   

Nuestra alma primigenia obtiene las bases para el cómo se mostrará posteriormente.   



Apego seguro y libertad para el alma primigenia



Para la Antroposofía y la Pedagogía Waldorf, así también para algunas disciplinas más centradas en la evolución meramente espiritual, los primeros siete años de vida marcan la vida emocional de todo ser humano. Es decir, nuestros miedos más profundos y nuestras más grandes alegrías se imprimen en este período. 

He aquí la importancia de tener un apego seguro durante los dos o tres primeros años, pues a través de esta forma de vinculación comenzamos a confiar, comenzamos a tener nuestros primeros acercamientos con eso que llamamos abandono. ¿Cómo lo vivimos? ¿Cómo un paso amoroso y necesario? ¿Con traumatismo? ¿Nos causó tristeza o enojo? ¿No lo conocimos? En fin.

Es la sensación de arraigo emocional la que posteriormente nos dará libertad para sentir, decir y poner límites de cualquier tipo. Es a través de la necesidad de amor incondicional primario que estableceremos más tarde nuestros lazos de amor y afecto con una pareja, un amigo o nuestros hijos.  

No en vano grandes disciplinas de la psicología moderna afirman que está en la niñez primera la raíz de "todos los males" que nos aquejan de adultos. Y que es justo aquí donde guardamos todas las emociones que más tarde harán su intempestiva aparición en nuestras relaciones adultas, desatando en algunos sentimientos fuertes de abandono o de asertividad, dependiendo cómo hayamos vivido la etapa.

Iniciar la vida con un vínculo de apego total con nuestros cuidadores, relacionándonos desde el amor, el afecto, el entendimiento y el retozo, forjará fuertes conexiones neuronales que nos servirán como patrones para nuestro actuar, y por supuesto, tienen que ver con nuestro desarrollo y seguridad. Alguien que no ha tenido un vínculo de apego con sus progenitores o cuidadores primeros, tiende a conmover las estructuras afectivas y cognitivas relacionadas a la separación. Esto, tendrá que ver también con una futura imposibilidad para establecer relaciones interpersonales  amorosas y respetuosas.

Un pequeño que ha tenido mamá de tiempo completo (y con esto no sólo quiero decir mamá, sino papá y en sí maternaje) estará mejor enraizado en el mundo y mejor preparado para vivir su segundo septenio y en sí, su vida entera. Esto no quiere decir que no se enfrentará a otras situaciones difíciles, pues cada camino es un sendero de posibilidades; pero sí le dará más oportunidades de vivir desde una perspectiva más optimista y cordial, receptivo de sus emociones y pensamientos. 



Rumbo al segundo septenio



Hacia el segundo septenio el crecimiento continuará, y aquí, los conceptos y emociones descubiertos en el primer septenio formarán parte de una nueva madurez. Los signos físicos son por ejemplo, la pérdida de los "dientes de leche" y la disminución del tamaño del timo. El cuerpo mismo nos indica que en esta etapa se absorbe el primer aprendizaje, y como una espiral que va hacia adentro... también se va hacia afuera.

Los mundos personales comienzan a presentarse desde la imaginación, y el poder personal se hace manifiesto. Lo exterior se vuelve magia ante los ojos del alma infantil, dando paso a una nueva dinámica hacia lo colectivo. 

Ya no somos más de nuestros padres, pero comenzamos a ser parte del mundo... comenzamos a conocer los espejos externos. 




(Continuará...)






La Medicina de la Madre Osa

Con infinito cariño para Naykary Hernández




Los acercamientos.


1.Como arquetipo.
Cuando estaba en la preparatoria me encantaba indagar acerca de las diosas del mundo. En alguna ocasión llegó a mi la imagen y arquetipo de "Artio" DiOSA celta de la abundancia, que acechaba la frialdad con fuego y luz. Me pareció interesante su manera de ir hacia adentro para encontrarse y así asegurar su supervivencia para la siguiente rueda del año. 

Este acercamiento fue el primero, que sirvió justo al intelecto, a la curiosidad.


2. Como niña.
Hace unas semanas fui al cine con mi compañero, deseábamos ver un thriller o alguna película del mismo tono que pudiéramos disfrutar sin preocupación, ya que nuestro crío estaba en casa de la abuela. Sin embargo, a nuestro horario un poco reducido la única película que se ajustó fue la de "Valiente", de Disney-Pixar. 

Por alguna razón que sólo sabe la intuición me emocioné al entrar a la sala como niña pequeña que estaba a punto de ver una película animada en muy grata compañía. Me permití ser esa niña emocionada y quitarme por unas horas el rol de mamá y dadora. Mi corazón gozó la escena. Y al finalizar la película lloré y sentí mucha alegría de poder tener un bello acercamiento con lo que después conocería como la medicina de la Osa.

Este acercamiento sirvió al corazón.


3. Como hija.
Más tarde, unas semanas después mientras caminaba con mi esposo y mi hijo por las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México, encontré un oso en una tienda de fotografías, era un oso enorme cubierto de pelo sintético. Me tomé fotos con él, y le dije a mi compañero... "Soy como Mérida, he encontrado a mi madre salvaje"- Él se rió mucho y dijo "A ver qué dice mi suegra". En esos momentos a mi corazón vino la sensación de ver y pensar a mi madre como osa. Sin saber por qué o cómo, me imaginé a mi madre como una osa rubia jugando conmigo.

Continuamos entre calles, y el pensamiento de sentir a mi madre como una Gran Osa no dejaba de acecharme. Este acercamiento había sido el del alma.


3. Como oráculo.


Como un hermoso regalo latiente, la imagen de la osa continuó cimbrando presencia en mi camino. 
Por unas semanas la veía pero no la veía, no la hacía consciente. Y hoy como un regalo que se da sólo al que está listo, al consultar el oráculo apareció... ahí, con brillo y ternura infinitos: LA OSA. 

La carta conectó conmigo desde lo femenino, y palabras como MADRE, LINAJE, ABUELA, MATERNIDAD, DULZURA Y AMOR aparecieron de inmediato. En un segundo vistazo a la carta conecté con los brazos de mi madre, su cariño, el color de sus faldas cuando me cargaba de niña... su vestido de rayas azules y blancas, el olor de su pelo. ¡Mi corazón se llenó de dicha!

Este acercamiento es el que conecta con todo, corazón, alma, arquetipo y sobretodo, espíritu.



La medicina.



Hace un par de horas, entrada en meditación y recapitulación de sucesos, la imagen de mí abrazando a mi crío vino como un suceso de emociones fluctuantes, de alegrías y retos. Volví a navegar por su nacimiento y solté.

Volví a fundirme en el abrazo cariñoso y de pura lealtad que mi hijo y yo nos damos, sus besos, la sensación de belleza que me invade cuando lo pongo sobre mis piernas y le canto. Todo eso como una sinfonía que poquito a poquito se fue fundiendo con la imagen del abrazo que mi mamá y yo nos dábamos cuando tenía yo cinco años. 

Y recordé perfectamente su vestido, sus zapatos, el peine con el cual me acariciaba, su sonrisa de madre joven. Conecté con esa mujer de 28 años (justo mi edad) que me dio nacimiento y sentí sus miedos pasar por mi cuerpo y mi garganta, sentí su anhelo de ser la mejor madre para mi, sentí su alegría, su incertidumbre, su profundo amor... ¡Y entonces solté! ¡Liberé la huella hermosa y marina! 

Así, nuevamente la imagen de la carta medicinal apareció. Me dispuse a indagar más en un par de libros, en la internet, ¡y encontré la medicina!: que La Osa simboliza la posibilidad de soñar al "Gran Espíritu", de conectar con el corazón del cosmos desde el vientre, desde la Madre Tierra, desde la introspección.

La Osa representa la luna, sus apariciones y desapariciones; es símbolo de lo que verdaderamente nutre y protege; es la Osa Madre quien protege la infancia, el símbolo iniciador de lo femenino en el Universo. Como totem habla de sabiduría, fuerza interior, curación con hierbas y la memoria.

...


Como arquetipo es la madre que enseña a su cría a permanecer quieta mientras la cacería sucede: la madre le enseña al hijo -que nació en invierno- a permanecer en un árbol mientras ella consigue la comida, si el osezno desobedece, la madre lo toma y lo vuelve a colocar en el árbol, una y otra vez hasta que el osezno entiende que no debe desobedecer. Esto pasa durante los dos primeros años de vida de la cría.

Luego de ese tiempo, un día, la madre se va al fondo del bosque a buscar comida... pero nunca vuelve por la cría. Y ya de noche, con frío, con hambre, con miedo, la cría aprende la gran lección: que para sobrevivir debe realizar un acto de desobediencia a su madre. 

Una vez que termina la lucha interna por desobedecer o no, la cría se adentra en el bosque, sola y con frío para descubrir su gran derecho de nacimiento: el sagrado libre albedrío que tiene sobre su propia alma. Este suceso se cuenta como analogía del ser humano, siendo el ego la duda que sentimos ante el deseo de obedecer o no a las ideas de sociedad que nos han parido en este mundo. 

El aprendizaje es que la Madre nos abandona para abrazarnos nuevamente desde la transformación de nosotras mismos.

Los Siberianos dicen que "La tierra es la oreja del Oso", siendo el oso animal de poder que escucha a los seres humanos a kilómetros. El lugar del oso es sagrado, y la cueva de cada persona también lo es. Entonces, la medicina de la Osa invita a hibernar, a "encuevarse" para gestar nuevas primaveras, una luz más perdurable y fuerte.

La medicina de LA OSA refiere introspección, autoconocimiento, soledad, autosuficiencia, sabiduría, cambio, comunicación con el Espíritu, la muerte y el renacimiento, la creación, los sueños, el chamanismo y lo místico.


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Por mi parte esta noche duermo amorosa sintiendo el abrazo de mi madre, de mi abuela, de toda la maternidad en mi linaje, y por supuesto disfrutando del olor de mi osezno, consciente de que en acto amoroso me desobedecerá en algún momento y será libre... libre para volver a su tierna Madre.