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El Colectivo de Investigación y Educación por una Maternidad Empoderada y Respetada invita a sintonizar Once TV en televisión abierta mexicana o vía internet: www.oncetvmexicolive.tv

para mirar el programa "Diálogos en Confianza", en el cual se abordará el tema "VIOLENCIA OBSTÉTRICA".

Más información:
www.maternidadempoderada.org






El bebé que no sabía que había nacido.... o ceder el poder.



La fotografía de un bebé nacido dentro de su saco amniótico intacto ha logrado un gran impacto en redes sociales. El obstetra que tomó y colgó la foto en su muro de Facebook tiene ahora una fanpage con más de 22,000 seguidores... también posee una página web y un grupo donde se ostentan las fotografías de sus "logros": partos y cesáreas electivas atendidas. Basta una lectura semiótica de las fotografías para entender lo que la sociedad "moderna" ostenta como milagros y encomia como "un trabajo admirable".

No quiero que se mal entienda este texto, mi postura no es en contra de una persona o personalidad, no me interesa entrar en ese debate y crítica fácil. Si el doctor ahora ofrece sus servicios en Facebook o tiene personas detrás que han sabido manejar la fotografía como un detonador mercadotécnico, es un asunto en el cual no quiero ahondar, y que sin embargo, refiero porque me lleva a la pregunta verdaderamente importante:





¿Dónde están las madres de los bebés?


El parto nos ha sido robado a las mujeres. Ahora quienes portan el nacimiento como un gran milagro SUYO son los obstetras, no las madres. Al buscar más información acerca de la famosa fotografía del bebé "que no sabía que había nacido" en ningún momento encontré datos de la madre, ella pasó de largo, nadie la felicitó, nadie supo su nombre, al menos no públicamente. Es que resulta que en esta sociedad es fácil borrar el nombre y el cuerpo de una persona -y sobre todo una mujer- para apropiarse de su experiencia de vida. Y nos parece ¡tan normal! Sin embargo, en casi todas las notas aparece el nombre del médico y datos de la página web en donde pueden contratarse sus servicios o sus datos en redes sociales.

He visto más de una treintena de fotografías de bebés nacidos en su saco amniótico, de partos atendidos por parteras; y son fotografías en las cuales se mira a la mamá siendo sujeto activo de su parto, no un objeto del cual se extrae un bebé. He escuchado las historias de mamás cuyo parto ha finalizado en el nacimiento del su bebé "dentro del saco", y es una maravillosa experiencia escucharlas y mirar la belleza de su creación. Muchos las hemos escuchado, y seguramente también hemos visto fotografías de bebés nacidos de esta manera, sin embargo, la fotografía que causa revuelo es aquella que denota "el milagro" de un obstetra, de un hombre. 

Pero no nos equivoquemos, los partos no son de los obstetras o del personal que lo atiende, los partos son nuestros: de las mujeres, de las madres.  

En esta sociedad "evolucionada" y "moderna" se aplaude la tecnología y la intervención como caminos para lograr que los acontecimientos sucedan con mayor rapidez. Como si se tratara de comida rápida, se ha dado paso a la preferencia de la producción en serie y de calidad mediana o baja... sucede esto también en el sector salud, cuyas altas en México son del 40% por cuestiones obstétricas. Es decir, en nuestro país 4 de cada 10 personas que son dadas de alta en un hospital público lo hacen por haberse atendido en cuestiones relativas al embarazo, parto y puerperio: es decir, son mujeres-madres. Sin embargo, es en esta atención obstétrica donde más se encuentran denuncias de violencia, en pocas palabras: a las mujeres nos borran el nombre, nos expropian el cuerpo, nos roban el parto, y la sociedad lo aplaude.

Esta es la violencia normalizada: LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA,  la que se da adentro de los hospitales, en la atención de médicos, enfermeras y otros especialistas que creen que conocen mejor nuestras necesidades y nuestra fisiología. Esto es algo que ya no podemos permitir que suceda, porque es fácil para un sistema mayormente patriarcal sugerir que para prevenir o reparar situaciones en la salud de la mujer exista la posibilidad de mutilarnos, cortar nuestro vientre, nuestro periné y recientemente,  hasta ver como un acto loable el hecho de extirparnos los senos.

No nos equivoquemos, nuestro cuerpo es nuestro, y desde nuestra entera autonomía tomamos las decisiones pertinentes para nosotras. 

No permitamos el elogio a un sistema médico que se apodera de nuestra voluntad a través de nuestro cuerpo, que desde la desinformación toma decisiones sobre nosotras y nos hace culpables de todo lo que no sale bien. Ya no permitamos que nuestra única opción sea alcanzar la salud desde la mutilación; ya no más episiotomías, no más cesáreas innecesarias, no a la mastectomía como una forma de prevención normalizada (es decir, no como una moda, no cuando no es necesaria).



                       El bebé que ni se enteró que nació...

La frase que corona tantísimos titulares de diversos medios en todos los idiomas resuena en mí como una cesión de poder consentida.

Al parecer sí, el bebé de la fotografía no se enteró que había nacido... todos estaban ahí: el personal médico, el gran obstetra, la cámara, pero no la mamá y tampoco el bebé.  Todo indica que se trata de una cesárea electiva o una cesárea innecesaria. Es decir, el bebé ni siquiera pudo elegir el momento de su nacimiento.

En esta sociedad del control, es mejor que los niños ni siquiera elijan su día o momento de nacimiento, porque puede ser demasiada libertad. Tal vez, ahora parezca demasiado radical, pero es necesario que saquemos de un contexto de lo "normalizado", de lo "común", el hecho de que NO EXISTA LIBERTAD PARA NACER, ni libertad para parir.

Las mujeres ya no estamos pariendo, ya no estamos siendo sujetas activas de nuestro proceso de crear, ahora se nos están extirpando a los hijos, se nos está arrebatando la autonomía, la libre elección y ¡sobretodo, el gozo! Parir se ha vuelto algo que sufrimos y no algo que vivimos y llevamos a cabo con felicidad. 

Nuestros hijos están naciendo según la agenda del médico, según sus vacaciones, según su turno, según lo necesita su bolsillo. Nuestros hijos son los logros de los obstetras, no de nosotras. Es así de terrible. El sistema actual de salud nos está anulando a las mujeres. Es así de terrible.

Pero no nos equivoquemos, los partos no son de los obstetras o del personal que lo atiende, los partos son nuestros: de las mujeres, de las madres.  



Tomemos acción.

Es necesario que tomemos acción. Es necesario que nos informemos, que abramos nuestra consciencia en relación a nuestro cuerpo, a nuestras emociones y a lo que verdaderamente necesitamos. No alimentemos al sistema del miedo. No permitamos que el miedo se filtre por nuestras fibras más sensibles, confiemos en nosotras, vamos a estar seguras en nuestra autonomía y sólo permitamos un acompañamiento genuino, sobre todo en esta etapa tan trascendente de nuestra vida. 

México no sólo es el país número uno en cesáreas, es también el país con el más bajo índice de lactancia materna pero con un alto presupuesto destinado a la atención en temas de obstetricia. Los recursos que pagamos con nuestros impuestos no están siendo bien administrados, al contrario, están propiciando un mayor rezago en cuestión de salud, y sobre todo, salud materno-infantil. 

La población  en México se constituye en un 51.2% de mujeres, es decir, somos más mujeres que hombres; el 40% de las altas hospitalarias en la salud pública son por cuestiones obstétricas, y ésta es justo el área donde más violencia se ejerce. Las mujeres estamos siendo violentadas en un país donde somos mayoría. Tenemos que tomar acción.  Tenemos todo el derecho de exigir mejores condiciones para dar a luz, nosotras somos quienes recibimos la atención que pagamos. 

No nos permitamos normalizar la violencia, no permitamos parir con sufrimiento, vamos a parir con poder, con autonomía y exigiendo todas las condiciones para hacerlo con seguridad y de manera humanizada.  No nos equivoquemos, los partos no son de los obstetras o del personal que lo atiende, los partos son nuestros: de las mujeres, de las madres. 


He aquí la diferencia... 






   













Ser mamá de un bebé prematuro...


Hoy se celebra el DÍA MUNDIAL DE LOS PAPÁS DE PREMATUROS. Sin duda un gran motivo para recordar la lucha tan grande y amorosa que los padres hacemos por nuestros pequeños que nacieron antes de tiempo.

En lo personal esta celebración es algo que me motiva por un lado, y me ocupa por el otro... es decir, me motiva porque es algo que viví, que me es personal y de fortaleza; me ocupa, porque el que se celebre un día así, significa que ya somos muchos papás de bebés que nacen antes de tiempo.

Fuera del contexto político, social o de reflexión, si quiera, deseo en esta entrada compartir mi anécdota personal, nuestra historia de maternidad y paternidad prematura, tal como la comencé a vivir yo: mi llegada al hospital y el cómo entré al mundo de la UCIN y de los bebés prematuros.



29 Semanas de gestación, y Aldebarán decidió venir al mundo.

En la madrugada de ese sábado yo estaba soñando que miraba mis piernas y se me rompía la fuente. Yo me decía es demasiado pronto. No bebé, no puedes nacer aún. Sin embargo, veía como la casa se inundaba por mis aguas  y una tristeza enorme amarraba mi corazón.

3 de julio, 6:00am. 
Como todos los sábados, mi esposo y yo nos levantábamos muy temprano para ir a trabajar. Sí. El sábado era día de media jornada de trabajo y tarde de pasarla juntos, ir al cine o charlar en casa al abrazo de la música o una buena comida. Ese día, mi esposo se levantó primero para preparar el baño, y cuando regresó a la habitación, me comentó un poco asustado que la sábana estaba manchada de sangre. 

Me incorporé entonces, y miré mi espacio en la cama... en efecto, había sangre. Fui al baño, muy nerviosa y me revisé... en efecto, estaba sangrando. No quise entrar en pánico, me bañé, preparé una pequeña maleta y nos fuimos rumbo al hospital. Él y yo ya habíamos decidido tener un parto en un hospital privado, sin embargo, no habíamos decidido cual. También estábamos  planeando tomar un curso psicoprofiláctico, con la idea de prepararnos bien para la llegada de nuestro pequeño, sin embargo, todo se concretaría una semana después. 

Con la cabeza en confusión total, el corazón oprimido y la incertidumbre fuimos al hospital de seguridad social más próximo. Al cual había acudido una semana antes, porque había presentado lo que yo supuse contracciones, y que los doctores denominaron "nervios" por el embarazo.


7:30am Llegamos al hospital, y como suele suceder, no me podían atender porque era justo el cambio de turno... Aquí en México siempre es cambio de turno cuando de urgencias se trata. En mi instinto, trataba de calmarme, y ante la angustia de mi madre y de mi esposo, hacía bromas...

¡Quisiera que me atendieran... son muy lentos, imagínese que llegué aquí cuando tenía un mes de embarazo! - decía yo, y mi madre, mi esposo y la gente que me rodeaba se reía.

Pronto, se dejaron escuchar gritos, gente que iba y venía... Habían varías mujeres pariendo.

11:o0am Por fin, habían decidido atenderme. Para entonces yo había llamado ya a una ex alumna enfermera, a quien le había dicho que por favor buscara a algún ginecobstetra que pudiera atenderme. Ya estaba haciendo los arreglos para irme hacia ese hospital, cuando me llamaron para revisarme. 

La experiencia fue terrible. Una mujer mal encarada, de lentes, me dijo... "quítese la ropa, póngase la bata y súbase aquí con las piernas abiertas...". Me revisó, me hizo tacto y remató: "Sí, si está sangrando"... Dios santo, me había revisado solo para saber algo que era una obviedad. 

Me pasaron a la sala de espera junto con otras mujeres-madre, y fue horrible lo que ahí vi. Sentada, en una silla de ruedas comencé a ver a muchas mujeres a punto de parir y sin nadie a su lado. Me sentí tan abandonada, como ellas. Yo pedí que dejaran entrar a mi esposo, y me dijeron que por supuesto eso no podría suceder, que nadie podía tener acceso a esa sala. Y mientras, veía a mi alrededor otras mujeres que ahora sé, necesitaban soporte emocional y compañía para poder dar a luz. Sus rostros me lo decían, muchas de ellas lloraban, otras gritaban, los monitores para los bebés se escuchaban agitados, y una mujer a mi lado gemía y se lamentaba porque su bebé ya había muerto y la doctora la regañaba por no querer expulsarlo. Fue deprimente.

12:00pm Para entonces me sentía ya nerviosa, intranquila. Trataba de calmarme pero era imposible. Una vez en la cama, rodeada de otras mujeres, sentí tremendas ganas de ir al baño. Por supuesto no me permitieron levantarme, a cambio me iban a llevar un cómodo. Y de pronto... sentí que mucha agua bajaba por mis piernas... Algo en mi me decía que no era normal, por un momento, incluso, llegué a pensar que lo que sentía era sangre. Por supuesto, las lágrimas comenzaron a rodar... le llamé a las enfermeras y a la doctora, le comenté lo que había sucedido...

-¡Ay! Ya rompiste fuente. ¿Ves? Te dije que no te movieras mucho. Ahora tu hijo se va a morir. ¿Ahora qué hacemos? ¿Ya ves? Déjame ver qué podemos hacer-  

Muy asustada, veía como la doctora se movilizaba y hablaba con las enfermeras. Yo comencé a llorar y no paraba, por supuesto, pensaba que mi bebé se iba a morir, tal como ella lo había dicho. Pasaron así como 40 minutos, cuando le llamé a una enfermera y le pregunté qué pasaría conmigo. Ella me comentó que no sabía, que la doctora debía decirme eso. Pronto llamé a la doctora pues la vi muy tranquila, como si nada hubiera pasado. Ella me dijo que estaba buscando trasladarme.

-Por favor, yo sé que usted no me entiende, pero estoy muy asustada por mi bebé. Me duele pensar que lo vamos a dejar morir, por favor, haga algo para que me trasladen y pueda sobrevivir, por favor doctora, ayúdeme-

Entonces volvió a llamar por teléfono, y logró pedir una ambulancia para que me trasladaran al Hospital de Ginecobstetricia 3 del Centro Médico "La Raza".  En la espera de todo el papeleo, recostada en la cama, comencé a hablarle a mi bebé. Le dije que sentía mucho la situación, que por favor, esperara. Que yo deseaba con todo mi corazón y ser que se quedara conmigo.


5:00pm Llegó la ambulancia que me trasladaría. Me sacaron en una camilla y por fin, a las afueras pude tomar la mano de mi esposo. Dios sabe cuánto esperaba ese momento, y lo mucho que necesitaba ser contenida por él. Cuando me miró y me besó la mano, estallé en llanto. No pude decir nada, ni una palabra. La tristeza que me invadía llenaba todo el espacio. 

A mi llegada al hospital de La Raza me revisaron, me hicieron algunas preguntas, y posteriormente un médico me explicó el protocolo. Al fin me estaban tratando como un ser humano y con dignidad. 

Me explicaron que tratarían de darle más tiempo a mi pequeña - me habían dicho que era niña; me explicaron lo de las inyecciones para hacer madurar sus pulmones, que me inyectarían muy fuertes antibióticos e intentarían realizarme una cesárea para el día martes o miércoles. 

Esa noche fue terrible. Tenía frío, hambre, sueño, y a la vez, no quería dormir. Deseaba que por la puerta principal entrara mi esposo, tomara mi mano y me dijera que todo saldría bien. Eso no sucedió. 

Luego de unas horas, me subieron a piso y me dijeron que podría comer hasta el otro día, cuando sirvieran el desayuno. No dormí, no dormí ni un poco. Sólo me la pasaba acariciando mi pancita, hablando con mi bebé, diciéndole que se quedara, que se moviera, que lo lográramos... Pensaba en el nombre que le daría, porque mi corazón siempre había sentido la presencia de un niño, al cual llamaría "Leonardo Aldebarán"; sin embargo, en el último ultrasonido me habían dicho que sería una niña. No sabía qué nombre le daría.

Kendra... Kyra, Keyla, Keily, Iris, Eudora, Isabella... Sí: ¡Eudora Isabella! Cuando dije esos nombres, mi pancita se movió y mi bebé comenzó a patear. "Eudora: regalo de Dios", y mi pancita se movía. 

Ahora debo confesar. Postrada en esa cama, por momentos, lloraba, y sentía no poder sostenerme de nada. Me sentía abandonada, muy muy sola. Y entonces llegaron mis compañeras de habitación. Todo comenzó a ser más amable. Una de ellas había llegado por que el esposo la había golpeado hasta dejarla inconsciente, tan sólo tenía 5 meses de embarazo, y el bebé se había aferrado a la vida. 

La otra estaba ahí porque debido a una cesárea mal practicada se le habían infectado los puntos, y ahora necesitaba estar con un muy fuerte medicamento, en reposo absoluto y con fiebre debido a que aún tenía leche para amamantar a su bebé, pero no podía hacerlo. 
Esa madrugada de domingo, todo mejoró, gracias a mis compañeras de habitación.


4 de julio, 10:00am 
¡Al fin las visitas! El primero en verme fue mi esposo, me sostenía la mano y me decía que todo iría bien. Me contaba que no había dejado el hospital ni un sólo minuto, y me decía que las mujeres de mi familia estaban en la cafetería esperando noticias mías. 

Luego entró mi madre para verme, y de nuevo me solté en llanto. Hoy entiendo que fuimos un espejo en el cual la historia de todas nuestras mujeres se reflejaba. 

Y así pasó la mañana, en las palabras de mis dos seres amados, en la llegada de mensajes a mi celular preguntando por mi estado y la salud de mi bebé. También escribí en un cuaderno que me regaló mi madre, también leí un poco, pero sobretodo intenté visualizar a mi hijo... sano, feliz. 

4:00pm Uno de los doctores que estaba llevando mi caso, se acercó a decirme cómo iba el protocolo. Me indicó que esperarían hasta el martes para intervenirme, y que ese día me harían una prueba para saber si estaba ya con contracciones. Me comentó que era importante esperar lo más posible, pues esto le permitiría al bebé respirar mejor al nacer.

Así, comencé a visualizar a mi hijo gritando y corriendo con sus primos. Le decía "vas a respirar y a llorar muy fuerte para que tus pulmones se llenen de vida". Acariciaba mi pancita, no dejaba de hablarle, no dejaba de contarle el mundo. 

-Y cuando nazcas, te voy a enseñar todos los colores de la vida, los sabores, vas a disfrutar de cosas muy ricas. Vas a tomar leche de mí. Y vamos a hacer cosas juntos los tres. ¡Vamos a viajar! Conocerás a los cockers de la abuela, te pasearemos en el automóvil, jugaremos mucho- 

11:00pm El sueño me fue venciendo. Me sentía más tranquila, pero aún me sentía preocupada por mi hijo. Una o dos veces por la noche me desperté llorando. Me decía, que teníamos que sobrevivir, pues no podría quedarme si mi pequeño no sobrevivía.

En esa noche dieron de alta a una de mis compañeras, y llegó otra. Una chica de 19 años que tenía un problema del corazón, y por tanto su bebé estaba programado para cesárea. En cuanto llegó comenzó a contarme de su vida, de su esposo, de su madre y de su problema de salud. Esas charlas me distraían tanto, y me daban un respiro.


5 de julio, 7:00am
La doctora en turno, quien había revisado mis resultados de laboratorio, se percató que el nivel de leucocitos era altísimo, lo cual indicaba una infección severa. Dijo que no podía esperar, y envió a pedir el quirófano.

-Voy a ser honesta con usted. Su nivel de leucocitos es altísimo, esto indica que ambos están infectados de forma severa. Es increíble que usted no se sienta mal, pero seguramente el bebé viene muy infectado. Debe hacerse a la idea de que su hijo puede no sobrevivir a la operación, pues los resultados de laboratorio no son nada buenos. La vamos a intervenir ya, y hágase a la idea de que estos bebés vienen con graves problemas, lo más seguro es que tenga problemas de retraso mental y que lo operen o le tengan que hacer transfusiones-

Dicho esto, mi corazón se apretó como nunca. En nervios, mi deseo era ver a mi esposo, sin embargo, no lo permitían porque no eran horas de visita. 

Sin embargo, mi esposo pronto se enteró de que yo sería intervenida, le hicieron firmar un papel en el cual explicaba los riesgos de la operación y las posibilidades de que mi hijo o yo no sobreviviéramos a la misma. Así, mi esposo como pudo, logro accesar hasta la habitación donde me estaban preparando. Me tomó de la mano y con lágrimas me dijo que todo saldría bien. 
  

11:29 am Aldebarán nació, pesando 1410 gramos, con un derrame cerebral de tercer grado, infección en el pulmón derecho e ictericia.

Cuando lo ví por primera vez y lo escuché llorar, comencé a llorar también. Lo miré tan pequeño, y me asombré. Miré su boquita, sus manos, tan pequeñas.. Lo miré y no dejé de mirarlo y mirar cómo se lo llevaban. Bendije su nacimiento. Y me quedé muy sola en el quirófano, con la sensación de necesitar estar cerca de mi hijo. 


...Ahí, comenzó la experiencia más transformadora y profunda de mi vida, un dolor y un milagro que recuerdo con amor siempre cuando veo la cicatriz en mi vientre y las cicatrices de las agujas en los pies de mi bebé. Lo que vino después... es un ejemplo hermoso de que los milagros existen, de que toda situación es perfecta y que nuestros hijos que nacen antes, nacen en el tiempo de Dios.   














Nacer...


Leo las siguientes recomendaciones, y me hacen pensar que en México, parir en un hospital público es un evento que se lleva a cabo casi como una práctica ilegal.



Recomendaciones de la OMS para el nacimiento:

-      -   Toda la comunidad debe ser informada de los distintos métodos de atención al parto, de modo que cada mujer pueda elegir el tipo de parto que prefiera.

-      -   Los grupos de ayuda mutua entre madres ofrecen un valioso apoyo social y una oportunidad única para compartir información sobre el parto.

-     -    La formación de los profesionales sanitarios debe incluir técnicas de comunicación para promover un intercambio respetuoso de información entre los miembros del equipo sanitario y las embarazadas y sus familias.

-         -  Debe promoverse la formación de parteras o comadronas profesionales. La atención durante el embarazo, parto y puerperio normales debe ser competencia de esta profesión.

-       -  Para el bienestar de la nueva madre, un miembro elegido de su familia debe tener libre acceso durante el parto y todo el periodo postnatal. Además, el equipo sanitario también debe prestar apoyo emocional.

-       -  Las mujeres que dan a luz en una institución deben conservar su derecho a decidir sobre vestimenta (la suya y la del bebé), comida, destino de la placenta y otras prácticas culturalmente importantes.

-     -    El recién nacido sano debe permanecer con la madre siempre. La observación del recién nacido sano no justifica la separación de su madre. Debe recomendarse la lactancia inmediata, incluso antes de que la madre abandone la sala de parto.

-       -  Algunos de los países con una menor mortalidad perinatal en el mundo tienen menos de 10% de cesáreas. No puede justificarse que ningún país tenga más de un 10-15%

-       -  No hay pruebas de que después de una cesárea previa sea necesaria una nueva cesárea. Después de una cesárea debe recomendarse un parto vaginal, siempre que sea posible una intervención quirúrgica de emergencia.

-         - Cada mujer debe decidir libremente qué posición adoptar durante el expulsivo.

- La inducción del parto debe reservarse para indicaciones médicas específicas. Ninguna región debería tener más de un 10% de las inducciones.



¿Por qué elegir el "dolor" y no las "bondades" que ofrece la medicina moderna a la hora del Parto?



De la Cesárea Innecesaria...

Un parto por cesárea se lleva a cabo cuando no es posible o seguro para la madre y/o el bebé dar a luz a través de la vagina.

La cesárea no nació como un procedimiento para evitar el dolor y esfuerzo en la mujer al dar a luz. Surgió como una NECESIDAD, no como la cirugía de rutina que ahora es.

La cesárea es una cirugía mayor, y como tal conlleva muchos riesgos: reacción adversa a la anestesia, sangrado interno, formación de coágulos de sangre, lesión a órganos internos abdominales, infección del útero, de riñones o vejiga. Sin embargo, muchas mujeres optan por esta intervención en sus cuerpos, debido a su derecho a no sentir dolor.

Me gustaría decirle a todas esas mujeres que su lucha por no sufrir durante el parto, es la lucha de todas por no sufrir y no sentir dolor o en todo caso transformarlo. Y es que un parto vía vaginal no debería ser sinónimo de sufrimiento. Sin embargo, justo la medicina moderna y de la post-modernidad lo ha vuelto un procedimiento tan alejado del ser femenino, que el dolor en exceso y el sufrimiento no pueden más que hacer aparición.


Si de nacimientos se trata, la cesárea se ha vuelto el modus operandi en muchos hospitales y para la comodidad de muchos médicos, que no tienen que esperar y compartir la labor de parto junto con la mujer, sino que la hacen estar disponible en el día y hora que a ellos mejor les acomode.

En el mejor de los casos, en un panorama ideal: la mujer tendrá una cesárea humanizada, acontecida en el mayor respeto, donde doctores, enfermeras y anestesistas procedan de acuerdo a lo que la madre quiere y lo que el bebé necesita. Entonces habrá alojamiento conjunto y se incentivará una lactancia exitosa; fuera de la cirugía no habrán otros procedimientos invasivos.

En el peor de los casos, y por desgracia lo habitual: la mujer tendrá una cesárea en la cual se sentirá nerviosa, confundida, a merced de doctores, enfermeras y anestesistas. Recibirá, burlas, malas palabras y tratos del personal. No se le dirá cómo será el procedimiento, tendrá molestia en la colocación del catéter en la vejiga, la rasurarán en la zona del pubis, al nacer el bebé no será puesto sobre su pecho, lo alejarán al área de cuneros y permitirán a la madre verlo hasta los días siguientes.



Del dolor...

Todas las mujeres deseamos un parto sin dolor, sin sufrimiento. Y lo merecemos, sin embargo, el precio que tenemos que pagar por esto a la medicina moderna, es muy alto: ¡los estragos posteriores que la anestesia hace en nuestro cuerpo, el estar inertes ante la bienvenida de nuestro bebé, el estar ajenas a nuestro propio proceso, y el permitir que otros decidan sobre nuestro cuerpo!

Lo alarmante no es que esto suceda. Lo alarmante es que como mujeres lo vemos normal, y hasta lo deseamos. Es decir, todo el proceso se vuelve meramente fisiológico, y no se toman en cuenta las necesidades emocionales propias, y mucho menos del bebé. Como si venir al mundo de tal manera fuera placentero para ellos. ¡Vamos! No les damos el tiempo de prepararse, de decidir en qué momento quieren empujarse hacia el canal, salir...

Es necesario decir que EXISTEN OTRAS ALTERNATIVAS para mitigar el dolor al parir, y que existen formas gentiles para la madre y bebé en el alumbramiento. Es necesario decir que el parto debe acontecer sin sufrimiento. Y que los molestos tactos, prueba de cinturones, acostar a la mujer de espaldas para parir, sueros intravenosos, separación instantánea de madre e hijo, el apresurar el parto, el poner nitrato de plata en los ojos del bebé, el corte inmediato del cordón umbilical, y todo el papeleo burocrático son inventos de la medicina moderna. Esa que a cambio de no sentir dolor nos pide desvincularnos de nuestro cuerpo, nuestro proceso, nuestras emociones y nuestros propios hijos en su nacimiento.

Ojalá podamos entender esto. Con el tiempo hemos perdido la conciencia de lo sagrado del embarazo, del parto y de todos los procesos que el ser mujer conlleva. Nos hemos olvidado de buscar la propia sabiduría en nosotras. Hemos permitido que otros tomen las decisiones que nosotras y nuestro cuerpo deberían tomar. Hemos cedido todo nuestro poder a otros. Hemos cedido el bienestar de nuestros hijos a otros. Hemos permitido que las cosas nos acontezcan, en lugar de ser nosotras quienes las hagamos acontecer. Hemos regalado nuestro gran principio creador a lo artificial. Nos hemos desconectado de nosotras y de lo femenino total.


Espero pronto todas las mujeres podamos vernos de nuevo como Diosas, entendiendo nuestros cuerpos, pariendo a nuestro ritmo, en casa, en centros de nacimiento donde otras mujeres nos atiendan y vayan al compás nuestro, de nuestros hijos, de nuestro cuerpo, y nos podamos sentir escuchadas, atendidas, comprendidas y sobretodo, empoderadas. Espero que se le regrese a la cesárea su dignidad, que la veamos nuevamente como un gran acontecimiento que sacrifica por dar la vida, y como una bendición que es, cuando necesaria.

Ojalá podamos regresar a nosotras lo más pronto posible, regresar a casa: a lo sagrado femenino. Este camino lo hacemos todas.










Angelina, la partera.

México es conocido por otras regiones en el mundo como un país de parteras, donde se supone "deberían" existir más partos vaginales y humanizados. Somos el ombligo de la luna... de esto, deberíamos estar más conscientes.


Nacer antes y convertirse en un niño de brazos: la gran bendición.






I. Los brazos de mamá son la mejor cuna del mundo.

No existe tal cosa de "embracilar" a un bebé o "malcriarlo" si se le ofrecen los brazos -y cargarlo- cada vez que lo pide. Esta necesidad de estar con su mamá y de ser llevado en brazos es la bendición de la VINCULACIÓN.


Dice Laura Rincón Gallardo, precursora de la terapia de contención en México, que mamá e hijo se "prestan un servicio" al llevar a cabo la vinculación. Yo lo veo de esta manera: el bebé con su olor, con su llegada, con su cercanía le permite a mamá permanecer en un delicioso estado de enamoramiento, una sensación increíble de bienestar; y mamá, a su vez le da al bebé una sensación de seguridad y protección.

Sin embargo, la vinculación puede verse afectada muchas veces. No siempre el parto es la experiencia hermosamente transformadora que vincula madre con hijo. En ocasiones, por ejemplo, en un parto prematuro, o en un parto que termina en hospitalización para uno de los dos y en terrible separación, la vinculación se ve afectada.


¿Y por qué se afecta la vinculación en estos casos? Por que el bebé en lugar de recuperarse al lado de su madre de esa transformadora experiencia de venir al mundo, lo hace sólo y aislado en una incubadora.

Un bebé que va del vientre a la incubadora o a la cama radiante de una UCIN, es un bebé al cual se le quita la oportunidad de sentir el calor de mamá para recuperarse. Y esto es terrible, pues el bebé debe aprender a sobrevivir lejos del abrazo, lejos de la lec

he materna, lejos del cuerpo de mamá, lejos del amor.
El único contacto humano que reciben estos bebés hospitalizados, es el que proviene de enfermeras, doctores y especialistas que los tocan para pincharlos, revisarlos o cambiarlos de pañal. Todo contacto humano en el hospital es técnico, y aunque pueda ser humanizado, NO SERÁ JAMÁS COMO EL CONTACTO CON MAMÁ Y PAPÁ.

Muchos bebés no logran sobrevivir. Y es justo decir que muchos de ellos realmente fallecen por desamor, por falta de contacto.

¿Y qué sucede con los bebés que sobreviven y que pueden ser llevados a casa?



II, Los brazos de mamá sanan.

No hay mayor oportunidad de sanación y restitución del vínculo madre-hijo, que aquella de una mamá que puede llevar al bebé, por fin, a su hogar y con los suyos. Esto represen
ta la más grande ocasión para reponerse juntos y agradecer la vida de ambos.


El bebé prematuro o separado precipitadamente de mamá, que llega a casa después de días y en ocasiones meses de hospitalización, es un bebé que necesita ser criado en brazos. Es un bebé que necesita mucho contacto, pasar mucho tiempo recostado en el pecho de mamá, sentir su calor, olerla, reconocerla, y volver poco a poco a tener esa sensación seguridad y protección que perdió.

La terapia de contención y la crianza en brazos son como la respiración para un bebé prematuro o separado de mamá en su nacimiento. Y esto también ayudará a la mamá.

Para mamá, sentir a su bebé, reconocerlo, saberlo suyo, olerlo, tocarlo, tenerlo cerca, disipará poco a poco el miedo a perderlo de nuevo o lastimarlo. Este reconocimiento les ayudará a vincularse de nuevo, a ir sanando mutuamente a través del manto fuerte e invisible del amor. El amor es la respuesta para volver a la vinculación.

Convertir al bebé en un niño de brazos no es una locura, ni un mal consejo. Es todo lo contrario: la gran bendición de sanar. Se ha comprobado que un bebé que es cargado, por lo menos 4 horas al día, se vuelve un bebé seguro, confiado, feliz, poco irritable y sano. Los bebés que son llevados en el pecho de mamá suben más rápido de peso, reinciden menos en enfermedades propias de su nacimiento y presentan menos problemas de salud.

¿Pero, cómo? ¿Cargarlo más de tres horas a diario?


III. El porteo natural: convertirse en un niño de brazos.

Actualmente existen muchas opciones para llevar a tu bebé cerca de ti y que te dan la oportunidad de realizar tus actividades diarias, sin cansarte: : fulares, rebozos, mei tai, rebozos de anillas, en fin. Puedes buscar en internet y las opciones son muchísimas. Una vez que te acostumbras a ellos, tú y tu bebé los adorarán.



Nada mejor para un bebé que convertirse en un niño de brazos, "embracilarse" o "malcriarse" en brazos, como muchos lo llaman. No hay nada mejor para crecer a un bebé que el instinto de mamá: Esa voz que no escucha críticas o consejos de otros, sin haber escuchado primero a su corazón y al corazón de su bebé.






Taller anual de ANIPP "TÉCNICAS ALTERNATIVAS PARA EL MANEJO DE LA ETAPA PERINATAL".

El Taller anual de ANIPP será el viernes 21 de octubre del 2011, con el tema "TÉCNICAS ALTERNATIVAS PARA EL MANEJO DE LA ETAPA PERINATAL"


El horario será de 8:00 am a 6:00 pm.

Lugar: Hotel Holiday Inn Plaza Universidad en Salón Rioja.

La dirección es Parroquia # 1056 col. Santa Cruz Atoyac, México D.F. (entre Av. Cuauhtemoc y Av. Universidad, justo atrás de Plaza Universidad).

El hotel cuenta con estacionamiento y restaurante.


Ese día podrán sacar su nueva credencial de ANIPP.


El Taller tendrá validez para recertificación con Lamaze y con La Salle.

El costo es de:

$1000.00 pesos publico en general.

$800.00 pesos socias activas de ANIPP.

$600.00 pesos enfermeras y estudiantes.

Fecha límite para inscripción: 17 de octubre del 2011.

Sólo hay 50 lugares!!!


Para apartar hay que hacer el depósito a la cuenta de ANIPP en el Banco Santander, cuenta No. 65500176896 a nombre de ANIPP A.C. Al realizar el depósito deben mandar la ficha de depósito por fax al 5523-1860 y les agradecemos mucho si también nos llaman al 5543-5488 para estar al pendiente de los depósitos.


El temario, horarios de las conferencias y ponentes serán los siguientes:


8:00 am. REGISTRO.


9:00 a 11:00 am. LA HOMEOPATIA EN LA ETAPA PERINATAL.

PONENTE: DRA. ELIZABETH VALENCIA.

11:00 am. a 11:30 am. RECESO.


11:30 am. a 1:30 pm. EL USO DE LA TERAPIA FLORAL EN LA PRECONCEPCIÓN, EL EMBARAZO, EL PARTO Y EL POST PARTO.

PONENTE: LIC. ANGÉLICA MANDRI BELLOT.


1:30 pm. a 3:00 pm. RECESO PARA COMER.


3:00 pm. a 5:00 pm. BENEFICIOS DE LA AROMATERAPIA EN EL EMBARAZO, EL PARTO Y EL POST PARTO.

PONENTE: LIC. EVA DOMINGUEZ.


5:00 pm. a 5:30 pm. ENTREGA DE DIPLOMAS